sábado, 2 de enero de 2016

2015: para poner todo en orden…

Último atardecer del 2015 desde mi balcón.
1° de enero. Luego de una nochevieja en familia, empecé el año de fiesta toda la madrugada, lo que me dio la oportunidad de ver más tarde un paisaje que no había visto hasta ahora: el pacífico amanecer en Alajuela del primer día del año. Espero que sea una especie de premonición: una luz rosada pastel despuntó por entre nuestras montañas e iluminó la ciudad que me vio nacer, y que con todos sus defectos, tanto quiero.

Estamos en el 2016 y es una buena noticia, no tanto porque el 2015 ya haya terminado (a decir verdad fue un buen año para mí, pese a sus momentos amargos) sino también porque para este año tengo proyectos ambiciosos que ya les contaré.

Hay que empezar diciendo que el resumen de esta vez, tradición que ya llega a su décimo año, será mucho MUCHO más corto que el del año pasado… no podía ser de otra manera ante un 2015 que se caracterizó por la estabilidad, por ser un “año hospital” en el sentido de que me ayudó a cerrar algunas heridas traídas desde el 2014 y otras propias de los últimos doce meses.

Yo, mi mamá y mi papá en un paseito este año.
Empecemos por lo amargo: como si se tratara de una herencia del 2014, enero, febrero y marzo trajeron noticias duras al seno de mi familia: mi papá casi se nos va debido a un problema en el corazón que fue atendido justo a tiempo por los doctores del Hospital de Alajuela y con un cateterismo en el Hospital México. La Caja nos demostró que cuando quiere, puede, y que su personal tiene un servicio y humanismo que equivale o supera al de cualquier centro médico privado.

El propio día en que recibí la noticia de que mi papá estaba mal por parte de mi hermana, ella misma me vuelve a llamar un par de horas después para decirme que estaba embarazada. Fue una gran alegría porque era su anhelo. No obstante, y tras un sueño que tuve con mi abuela en el que me aseguraba que ella tendría a su nuevo bisnieto en el corazón, el pequeño no sobrevivió a los primeros meses de gestación y dejó a toda mi familia nuclear en un duelo y un sinsabor que, a Dios gracias, no duró mucho tiempo. Tan solo como un mes después, otra vez ella nos da una nueva: estaba nuevamente embarazada. Su proceso, eso sí, fue cansado y enfrentó (y enfrenta) miles de dificultades, pero ahora tenemos en la familia desde el 9 de diciembre a Mateo, mi nuevo sobrino que me hace ya tío "a la dos". Esta fue, sin duda alguna, la bendición más grande del año que viene de irse.

Grupo de compañeros de la UCR en Limón.
En lo laboral, solo les puedo decir que estoy más que feliz. Como ya había expresado en otra oportunidad, no es para nada lo mismo trabajar para una empresa cuya máxima retribución es la de recibir el salario a final de mes, que la de darse a una institución que no solo aporta desarrollo al país, sino que también forma parte de tu vida y por la que sentís un cariño realmente especial, que además te aporta un ambiente de trabajo lleno de alegría y compañerismo, además de un entorno con árboles, flores, juventud, energía y espacios de diversión y ocio. ¿En serio puedo pedir más? Muy orgullosamente les digo: #soyUCR, siempre lo he sido, pero desde que estoy en la Rectoría, la quiero mucho más.

En términos generales, mi vida va bien, pese al desagravio de gente que consideré cercana y que al final falló. Supongo que todos fallamos, pero bueno… nada que no sea remediable. Cada vez entiendo más esa frase bíblica de “quien ha encontrado un amigo, ha encontrado un tesoro”. Realmente no es fácil encontrar uno de verdad y de ahí que cuando tengamos uno debemos saberlo valorar. En ese sentido, el 2015 fue un año de reencuentros con viejos conocidos que me han aligerado la carga y otros nuevos a quien ya los considero como confidentes cercanos. En lo demás, que Dios sea el que guíe y yo lo siga. No tengo por qué apurarme. La vida lleva su curso y el tiempo no me asusta. Que todo sea como Dios lo tenga a bien, que ya me ha demostrado de sobra que cuando Él está al frente, las cosas van mejor.

Fenómeno del sol en la beatificación
Algo más antes de pasar a lo nacional e internacional: este año fue muy “centroamericano”. En mayo cumplí un sueño, un anhelo, un deseo de fe que tenía desde hace mucho tiempo: ¡ver a Monseñor Romero finalmente beato! El propio día en que se oficializó la fecha de beatificación compré el tiquete de avión y saqué vacaciones para el viernes antes de la ceremonia. Mi fallo del 2015 en el blog fue no haber escrito un post sobre este momento, pero supongo que lo reservaré para la esperada (pronta) canonización. Quedemos claros: aunque Monseñor Romero ya es santo hace rato para el pueblo, que al final de cuentas es el que decide qué pasa y qué no en la Iglesia, el hecho de que haya sido el propio papa Francisco quien lo oficializara le dio un impulso y un significado tremendo. Esa mañana del sábado 23 de mayo en San Salvador, con un calor tremendo provocado por el sol con un áurea a su alrededor, la fe de un pueblo que sigue sufriendo la violencia, la pobreza y la exclusión se hizo presente y le pidió a su santo mártir intercesión ante el Señor para que la realidad cambie. Además fue un día de reconciliación nacional, un momento para que la derecha y la izquierda, tan divididas como en pocos países de América Latina, tuvieran un encuentro y reconocieran el verbo de ese hombre que luchó por los derechos humanos de su pueblo, su bienestar y un futuro mejor para las mayorías. Un grande.

Yo en una de las pirámides más grandes de Tikal.
Luego llegó setiembre y no lo pensé dos veces para ir a Guatemala ida y vuelta por 168 dólares en avión. Una ganga.. Tenía una seria deuda con ese país, era el único que no conocía de América Central (bueno, excluyendo Belice) y si hubiera sabido de lo que me perdía, definitivamente hubiera ido antes. Gracias a la hospitalidad de Anita y Wicho, estuve en las impresionantes ruinas mayas de Tikal, admirando sus pirámides. Recorrí las históricas calles de la Antigua, Capitanía General de Guatemala en la colonia, el propio 14 de setiembre. Este es un sitio al que podría volver una y otra vez y espero hacerlo, ojalá este año, para ver su Semana Santa, tan legendaria como las sevillanas. Luego, un paseíto por la propia Ciudad de Guatemala, escenario de la revuelta que venía de echar democráticamente al cochino de Otto Pérez y su séquito. Finalmente un viaje a Panajachel, para ver el famoso Lago Atitlán que, por desgracia, estaba nublado. Pero bueno, otra excusa para volver a Guate, que sin temor a equivocarme, me resulta el país más interesante de la región… y eso que me falta mucho por ver: su cultura, su historia, su gastronomía, su pasado y su presente. Lástima la violencia, que aunque mucho menor que la salvadoreña y la hondureña, sigue siendo preocupante. La gran diferencia es que percibo un pueblo mucho más despierto, más pellizcado, más alerta que los otros dos. Eso me da una buena dosis de esperanza.

Entrada del Parque Nacional Cahuita
En octubre tengo que contar a Panamá aunque fuera solo para atravesar el Sixaola y hacer unas compras. Pero valga la oportunidad para decir que en el 2015 descubrí el Caribe costarricense con mi familia y amigos de la Rectoría. Limón es una provincia olvidada, cierto; hay una gran deuda con ella; cierto. Pero es un lugar que no ha sido afectado por el excesivo mercantilismo que hay en otras zonas del país y eso lo hace un lugar más auténtico y conservado en su tradición, aunque ese abandono también se traduzca en tráfico de drogas, pobreza y marginación. Todo el mundo está invitado a ir a Limón: sus carreteras están en excelente estado, su comida, deliciosa, sus precios módicos y su gente, como dice el dicho, lo mejor.

Paseo por las isletas del Lago de Nicaragua
Finalmente, en noviembre fui de paseo relámpago con alguna gente del trabajo a Nicaragua, el país que más he visitado en mi vida. Y aunque vi signos de mejora (pocos) en alguna de su infraestructura, lo cierto es que sigue siendo un lugar sumido en la pobreza y la falta de oportunidades, con un gobierno que definitivamente no colabora. Pero su gente continúa humilde y trabajadora, haciendo lo que puede para salir adelante pese a la adversidad, con parajes de ensueño y lugares hermosos para vacacionar. En resumen, nuestros pueblos centroamericanos están conformados por gente BUENA (lo pongo en mayúscula porque a veces las noticias nos hacen creer lo contrario), empunchada, con ánimos de un futuro mejor y víctima de la corrupción y de un sistema que basa su éxito en la ignorancia y la concentración de riqueza en pocas manos. El año que terminó fui salvadoreño con los salvadoreños, me enamoré de Guatemala, recordé los beneficios económicos de vivir en Panamá  y vi una Nicaragua mejor que la que recordaba en enero del 2005.

Ahora unas pocas palabras sobre el país y el mundo: aquí adentro parece que la cosa no mejora. El presidente y su equipo han cometido errores de bulto y no han sabido aprovechar oportunidades claras para reflejar el cambio que prometieron y que, pareciera, se les fue de las manos. La lentitud en la ejecución de proyectos y de voluntad política para discutir y aprobar iniciativas que a todas luces benefician a la población, solo para que “no se vea como logro de este gobierno”, tienen sumido en la esclerosis a Costa Rica. Este país ya dejó de soñar consigo mismo y tiene sus muy buenas justificaciones. Yo trato de hacer mi parte, pero tengo muy claro que mientras que los tomadores de decisiones no hagan su trabajo, mi esfuerzo y el de mucha gente no verá sus frutos. Lástima, porque tenemos la capacidad de salir adelante, pero nuestro egoísmo y deseo de trascender por nuestra cuenta, a costa del resto, no hará nunca que lleguemos al ansiado desarrollo y más bien provocará que nos alejemos de él.

Los criminales de Daesh (ISIS) en acción
En el mundo, el terrorismo de Daesh tiene contra las cuerdas a una gran cantidad de población olvidada y excluida, aprovechando los siglos de dominación y explotación de potencias extranjeras para retomar ese resentimiento y convertirlo en propaganda de atracción de yihadistas. Sigo pensando que a estos locos hay que pararlos, con balas si es necesario. Pero también considero que las grandes potencias tienen la obligación ética y moral de asumir su responsabilidad en la causa que llevó a que estos locos tuvieran protagonismo y arrastre: mientras las regiones empobrecidas del mundo no cuenten con condiciones dignas de vida, muchos Al Qaeda e ISIS seguirán apareciendo. Frente a esto, las luces tampoco se han extinguido y prueba de ello fueron los diferentes discursos que dio el papa Francisco en el 2015, principalmente el ofrecido en el Capitolio y las Naciones Unidas: ambos dignos de estudio y análisis por su contenido ético y práctico. El papa dijo en el seno de la primera potencia mundial unas cuantas verdades que a muchos no les gustó (prueba de eso fue que no aplaudieron mientras otros sí lo hacían) pero que como el Evangelio demanda, es necesario e indispensable decir para que esa conciencia humana no quede muda ante tanta injusticia y desparpajo. Preocupa el calentamiento global, el avance de la violencia del narcotráfico en Latinoamérica, las luchas tribales con decenas de muertos en África y el calor político al que se somete de cuando en cuando occidente y Rusia, como un guiño a la Guerra Fría que no trajo sino muerte, tensión y destrucción en pueblos inocentes.

Para este 2016 tengo pocos proyectos, pero muchas ganas de concretarlos: contar por fin con mi propio espacio de vida (llámese apartamento o casa) que me hagan convertir en dueño de mi vida y mi destino. También un par de ideas laborales que espero ejecutar, así como mi ansiada comunidad de adultos jóvenes, la cual tramito con complicidad del padre Álvaro Sáenz en Heredia y un grupo de amigos… esto hace rato me es necesario.

María Paula conociendo a Mateo. Ser tío es muy chiva
Que venga el 2016. Que siga siendo lindo ser tío de una bella enana de ya casi dos años y un recién nacido que me revelará las maravillas de jugar con un varoncito, poco a poco. Disfrutar a mis papás y sacarlos a pasear más aún de lo que lo hice en el 2015, ser de utilidad para mis hermanos, fortalecer mis vínculos familiares, sentirme aún más pleno en el trabajo y continuar la lucha por seguir unido a Dios. Y obvio, salud. Del resto no necesito más. Sí me queda claro, especialmente del susto vivido con mi papá, que la vida se va rápido, que debemos aprovechar a quienes tenemos al lado, para que no sea la muerte la que nos haga caer en cuenta de que lo esencial en la vida es invisible a los ojos del hombre, como dice “El Principito” (película que recomiendo): el amor, palabra que el mundo ha tachado de cursi y obsoleta, pero que nos confronta con lo básico de nuestra existencia, porque si de algo estoy seguro es que fuimos hechos para amar… y mientras no lo hagamos, seguiremos por la vida insatisfechos y vacíos. Es decir, miserables.

Aquí les dejo “Qué rápido”. Piezón de Martín Valverde que habla justamente de eso. Aprovechen su tiempo y el de la gente que los quiere. Nunca se sabe cuándo será muy tarde.


Feliz 2016.


martes, 22 de diciembre de 2015

Carta de Navidad para el futuro alcalde de Alajuela

Parque Central de Alajuela. Foto tomada por este servidor.

No sé quién será usted. No sé con qué intenciones reales va a asumir a partir del otro año las riendas del cantón. También sé que no es su única responsabilidad y que la comparte con los regidores y síndicos. Sé que el Concejo Municipal puede ayudar o joder… pero en todo caso, como si usted fuera Colacho, le dejo aquí una lista de cosas que me gustaría que usted impulsara desde su puesto y que me parece que a los alajuelenses nos urge.

1.         Que llegue el tren YA: va de primera y no por coincidencia. El actual alcalde dijo que ya iba a tener lista la infraestructura para recibir el tren (a pesar de que Incofer no ha podido, o querido, acelerar el paso para que llegue antes a Alajuela), pero lo cierto es que no veo ninguna estación de tren por ninguna parte… a menos que sea subterránea y nos quieran dar la sorpresa a todos. El tren URGE, lo sabemos todos los que nos comemos las presas de cada día a las 7 de la mañana y de cada tarde de vuelta a las 5.

2.         Que los buses externos tengan una parada que no haga más presas. Con la construcción del CityMall la intersección abajito de KFC es un infierno. Yo no me complico mucho y me desvío como yendo para el hospital y salgo por la Delta, pero por Dios, es un completo bochorno y compadezco a la gente que vive en el oeste de Alajuela. Gran parte de la razón son los buses de la “Estación del Norte”, que todos se detienen ahí y tienen que ir a dar la vuelta por Calle Ancha. Esos buses ya no deberían de entrar a Alajuela. Bastaría con que tengan su parada antes de calle ancha y hagan el giro en la Radial… como por el hospital sería buena idea.

3.         Esos huecos… a veces pasan MESES para que se arregle un cabrón hueco que tiene como 15 centímetros de profundidad, como uno que estaba de la esquina del Banco Popular 150 metros al sur, al lado izquierdo de la calle, u otro por el Güinero que era exagerado y ni qué decir de los que se han hecho para reparar tubería (supongo) como 100 metros al sur de La Tropicana (este todavía está medio ahí). Uno más (horrible) está en la esquina de la recién arreglada calle de donde uno viene de la Iglesia del Llano y gira para ir a Canoas… y así podría seguir con un post completo de los peores huecos que hay en Alajuela. Ya sé que este no es un tema solo del cantón, pero ya es hora de buscarle soluciones durables a este problema y dejar de estar poniendo parches que a los meses se vuelven huecos, otra vez, con todo lo que este pleonasmo indica.

4.         El “tendido eléctrico” -> subterráneo: ¿mucho pedir? La telaraña que se arma con el cablerío de cuanta carajada hay es otro defecto de todas nuestras ciudades, con excepción del casco central de San José (que si ya es fea, con ese cablerío encima se vería peor). Alajuela merece un mejor escenario paisajístico, y aunque haya que hacer una buena inversión, creo que ayudaría mucho a hacerla más atractiva a nuestros turistas quienes, con todo y todo, creo que nos visitan cada vez más. Ese es uno de mis sueños: ver las calles de Alajuela solo con postes de iluminación. Tal vez lo vea antes de que me muera.

5.         Los indigentes… algo tenemos que hacer con ellos. También comprendo que es un problema de difícil solución pero con el dicho de “mal de todos consuelo de tontos” no hacemos nada. Me duele verlos ahí en media calle como un despojo humano, en las mañanas en que voy a agarrar el bus… tal vez dándoles un albergue y comida básica podríamos mejorar más su vida y evitar que busquen alimento en los basureros públicos, con el consecuente desmadre y suciedad, por no mencionar los malos olores que esto provoca.

Palabra Alajuela en el Parque de Niños. Copia de Amsterdam.
Foto de este servidor.
6.         La luz pública… ¿no puede ser un poquito más fuerte? Hay zonas donde de noche da miedo pasar porque la luz de los bombillos (que por cierto están demasiado arriba) apenas llega abajo… y cuando hay dos postes por cuadra… “siás tonto”.

7.         El señalamiento de calles y avenidas está muy bien, pero ahora hay que dar el paso de enumerar, puerta por puerta, las casas y locales, para que la dirección sea algo así como “Número X, Calles XX y XX, Avenida X (o en su defecto el nombre de la calle o de la avenida). Crearíamos una revolución en nuestro arcaico sistema tico de direcciones…

8.         La dichosa estación de buses cantonales… ¿no era que iba a estar lista este año? Eso también urge porque la actual estación del Pacífico da asco y tristeza. Es un polvazal en época seca y un barrial en época lluviosa. Los usuarios merecen mejores condiciones.

9.         Un Teatro Municipal más abierto durante el año. A veces parece que ese sitio es un lujo caro y aunque se inauguró hace menos de 10 años ya tiene daños evidentes en su techo. Hay que cuidarlo pero también darle más uso, para que no se dañe por estar encerrado. Además sugiero ponerle el nombre que debe llevar ese lugar, por arte y por historia: “Teatro Municipal Carlos Luis Fallas”.

10.     Eliminar espacios de parqueo en Calle Ancha y en varias vías del centro. Es hora de que Calle Ancha deje de tener dos carriles de parqueo como suele pasar en varios tramos. Eso genera presas innecesarias. Si la gente quiere parquear, que use las calles y avenidas menos transitadas o los parqueos, que ahora por todo lado hay.

11.     Eliminar doble vía en calles fuera del casco central de la ciudad: en El Llano, mi barrio, es un caos transitar y sé que no es el único. La doble vía debe quedar para calles poco transitadas y alejadas del centro. Zonas como El Llano, especialmente cuando es hora pico o hay salida de partidos, son intransitables.


¿Será mucho pedir? Son 11 cosas que, de resolverse, le darían otra cara a la ciudad… ojalá que el próximo alcalde me escuche… y si hay alguno que se comprometa seriamente con ellas, desde ya, cuenta con mi voto.

lunes, 23 de noviembre de 2015

La fe y el sufrimiento: todo por amor

Uno de los grandes beneficios que tienen los debates sanos y respetuosos en Twitter es que gente que no piensa como uno lo obliga a replantearse argumentos, “afilarlos”, mejorarlos o admitir equivocaciones y adoptar nuevas posturas. Nada de lo anterior es negativo, al contrario, todo sirve para el crecimiento cuando, repito, el debate es constructivo.

Cristianos etíopes asesinados por miembros de ISIS.
Pues la semana anterior tuve una discusión así con varios tuiteros, principalmente con Leonardo Garnier, sobre el por qué la Iglesia “necesita” persecución para afianzar su fe, en el contexto de los atentados y los asesinatos contra cristianos en Medio Oriente y África. Admito que posiblemente no fui lo suficientemente claro en lo que quería decir, pero cuando uno le está respondiendo a cinco personas a la vez en 140 caracteres, además de preparar una cena con unos amigos, no es fácil hacerse entender.

Primero hay que aclarar que no me refiero a que la Iglesia tenga que andar automartirizándose para reafirmar su fe. Al contrario: es por la fidelidad a su fe que la Iglesia llega al martirio. Y es ahí cuando inicia el tema de la persecución. Para mí está clarísimo que el plan de Dios es muy diferente al del ser humano, y desde ahí, genera oposición y controversia. ¿Hasta dónde puede llegar este rechazo? Pues depende del contexto, la cultura y la educación de sus adversarios. Podría ser que acabe con simples diferencias, pasando a ataques ideológicos (desde los más sesudos hasta los más burdos), luego siguen las ofensas gratuitas y por último las agresiones físicas que pueden llevar a la muerte.

Representación de San Esteban, primer mártir.
El martirio, a lo largo de la historia de la cristiandad, ha sido (desde la fe) una especie de regalo para el creyente: es ofrendar su vida como consecuencia del amor y la fidelidad que el creyente tiene en Dios. La muerte del propio Jesús, martirio en cruz, es evidente fruto de ello: un mensaje revolucionario, contrario a las creencias y costumbres de la época que fue insoportable para la élite judía que dominaba en aquél tiempo. Resultado: condenación a muerte, creyendo que así acabarían con Él y su mensaje. Evidentemente, se equivocaron.

Así ha seguido sucediendo a lo largo de la historia. El ejemplo de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, en el convulso El Salvador de finales de los años 70, es otro caso evidente de un mensaje incómodo que simplemente es rechazado, en este caso con presiones y balas, por quienes ostentan el poder. El amor, cuando enfatiza su arista de la justicia y el respeto, definitivamente resulta intolerable para quienes desean ostentar el poder e irrespetan los derechos de los demás. Por eso murió Monseñor.

Ahora bien, me decían que el sufrimiento no es necesario para mostrar amor… y creo que ahí fue cuando la discusión realmente se distanció. Perdón pero ¿es posible amar a alguien solo en los momentos felices? Es evidente que no. Por ahí se decía que no son necesarias las crisis o las persecuciones para fortalecer el amor… pero yo me pregunto: ¿acaso está la vida exenta de ambas? ¿Hay algún instante de nuestra existencia en que no nos enfrentemos a algún tema que nos hostigue y nos persiga? Claro, la diferencia está en cómo enfrentamos ese problema: si “hacemos” que no está ahí, lo subestimamos, o lo enfrentamos a sabiendas de que podemos herirnos mientras conseguimos superarlo.

La Iglesia, como ente humano y divino que es, no se ha visto nunca exenta de estas crisis. Siempre las ha tenido, las tiene y las tendrá. Su razón de ser es predicar y vivir el Evangelio, mismo que siempre causará divisiones porque, como dije anteriormente, el mensaje del amor suele no ser bien recibido. "No he venido a traer paz al mundo, sino división" ¿Se acuerdan? Un tal Jesús de Nazareth...

La Beata Teresa de Calcuta en su misión.
“Ama hasta que duela” decía la futura santa Teresa de Calcuta. Si no duele, el amor no llega al límite. Queda debiendo. Y el dolor… qué incomodo es para esta sociedad posmoderna, donde todo es placer, pasarla bien y vivir el momento (como si los momentos no tuvieran también su trago amargo). Está clarísimo que la filosofía del ser humano actual, en occidente al menos, consiste en menospreciar el dolor, la muerte, los malos ratos… porque “roban” armonía, una armonía creada de por sí por un consumismo idílico que nos llega a través de la ilusión de la publicidad y el marketing, haciéndonos creer que es consumiendo como seremos felices. Y hablar de esas palabras actualmente es despreciable, porque devuelve al ser humano a su realidad, porque le hace recordar que es mortal y que todo tiene su final y su límite… ¿y después? Mejor no pensar mucho y que siga la fiesta…

Quienes hemos tenido familiares que han fallecido tras enfermedades relativamente largas sabemos que ese amor llega el momento en que es probado. Que no es posible amar y abstraerse de esos momentos de dolor y sufrimiento y que, más bien, son esos los momentos donde el amor se fortalece, porque supera la prueba y se brinda sin egoísmos, como bien decía San Pablo en la recordada primera carta a los Corintios.

Imagen de La Pasión. Así de cruel tuvo que haber sido...
No, no se trata de asumir la vieja costumbre clerical de la autoflagelación como expiación de los pecados. Por dicha eso es tema superado. Pero sí que es bueno dejar claro que la Iglesia necesita persecución como resultado de su mensaje. Una Iglesia que no es perseguida, de alguna forma u otra, demuestra que, o no está cumpliendo su rol de anuncio y denuncia, o bien, que logró la conversión de su entorno (utopía), o peor aún, que está anunciando algo que la sociedad “quiere oír” y no discursos que contradigan esa falsa ilusión de “equilibrio”. Al poder, corrompido por el mal, nunca le va a gustar el mensaje de justicia, conversión y equidad. El bien y el mal son como el agua y el aceite y nunca, nunca, pueden estar combinados o “en escala de grises”. El bien es bien y el mal es mal. Como lo dijo en su momento el papa Juan Pablo II (filósofo por excelencia) “el bien no se contradice a sí mismo” y vivimos en un mundo en el que el mal se justifica para el "bienestar" de unos cuantos, mientras que a la moralidad se le tacha de desfasada, anticuada e insípida. Relativismo puro.

Claro, todo lo anterior que he expuesto partiendo del supuesto de que las persecuciones que enfrente la Iglesia son por apego al Evangelio y no por sus propios pecados o deslices. Publicaciones como las de Vatileaks, los desfalcos con el Banco Ambrosiano y el IOR, y tantos otros escándalos no se pueden catalogar (ni mucho menos) como persecución, sino como una oportunidad para dejar el pecado de lado (entendiendo por pecado todo aquello que nos aleja de la voluntad de Dios). Así lo han entendido Benedicto XVI y Francisco y, por ello, la primavera que hoy los católicos disfrutamos, aunque tengamos claros que falta mucho camino por recorrer en este aspecto.

Por lo tanto, una Iglesia que es perseguida por su fidelidad con el mensaje de Jesucristo puede sentirse satisfecha: ha hecho bien su trabajo. En cambio, una Iglesia que crea que cumple su misión al lado del caviar, privilegios, concesiones, prebendas, lujos, comodidad, pleitesías… esa no puede ser ni será la verdadera Iglesia de Jesucristo, el mismo que predicaba austeridad, solidaridad, justicia, misericordia, sencillez y amor para todos.

Cito una frase de la homilía de Monseñor Romero, del 25 de noviembre de 1977, que me parece, va a englobar la explicación que acabo de esbozar:

Instantes posteriores al martirio de Monseñor Romero.
“Hermanos, no nos debe de extrañar cuando se habla de Iglesia perseguida. Muchos se escandalizan y dicen que estamos exagerando, que no hay Iglesia perseguida. ¡Pero si es la nota histórica de la Iglesia! Siempre tiene que ser perseguida una doctrina que va contra las inmoralidades, que predica contra los abusos, que va siempre predicando el bien y atacando el mal. Es una doctrina puesta por Cristo para santificar los corazones para renovar las sociedades y, naturalmente, cuando en esa sociedad o en ese corazón, hay pecado, hay egoísmo, hay podredumbres, hay envidias, hay avaricias, pues el pecado salta, como la culebra cuando tratan de apelmazarla y persigue al que trata de perseguir el mal, el pecado. Por eso, cuando la Iglesia es perseguida, es señal de que está cumpliendo su misión”.

Y sin duda, para los que estamos en esto de la fe, el resultado de la persecución no es otro que el de su propia purificación y la proyección del Espíritu Santo a través del dolor y el sufrimiento. No me cabe duda que esos mártires que han muerto a manos de los bárbaros de los yijadistas del mal lamado "Estado Islámico" (que no es ni Estado y ofende al mundo islámico) han tenido su fe al nivel de los cristianos que eran devorados por los leones en el Circo Romano. Porque definitivamente, no hay amor más grande que el de dar la vida por un amigo… y en nuestro caso creyente, aún más cuando ese amigo es Jesucristo visto en el pobre, el discriminado, el sufriente, el abandonado, el descartado…

Y termino con otra frase de este beato salvadoreño que, sin duda, supo de los beneficios de la persecución hasta su martirio:


“La persecución es algo necesario en la Iglesia. ¿Saben por qué? Porque la verdad siempre es perseguida. Jesucristo dijo: ‘Si a mí me persiguieron, también os perseguirán a vosotros’ Y por eso, cuando un día le preguntaron al Papa León XIII, aquella inteligencia maravillosa de principios de nuestro siglo, cuáles son las notas que distinguen a la Iglesia Católica verdadera, el Papa dijo ya las cuatro conocidas: una santa, católica y apostólica. ‘Agreguemos otra –les dice el Papa-, perseguida’. No puede vivir la Iglesia que cumple con su deber sin ser perseguida”. Monseñor Romero, homilía del 29 de mayo de 1977.

Si al final de toda esta argumentación usted no está de acuerdo conmigo, tranquilo, no pasa nada. Tiene todo el derecho a diferir. Eso sí, le ruego que considere los argumentos, los valore... y hasta tal vez los valide. Puede ser que le ayude para mejorar los suyos... ¿quién quita un quite?

domingo, 25 de octubre de 2015

¡Estoy harto!

Y creo que en mayor o menor medida todos lo estamos. El país ya no da más y aunque uno quiera “hacerse el ruso”, la verdad es que tanto va el cántaro al agua que termina reventándose por todos lados. Las cosas aquí NO pueden seguir así. Tenemos como pueblo que detener el rumbo que llevamos, en el que cada quien lleva las aguas a sus molinos y el común se queda en sequía. 

Fuente: Wikipedia.org
Me había resistido a tocar el tema porque he estado desanimado ante las promesas de cambio que no terminaron de despegar con este gobierno que, pensé, sería eficaz en acelerar el proceso de recuperación del Estado. La verdad no lo ha logrado y tampoco se ve que se hayan hecho ingentes mejoras en temas básicos como seguridad, empleo, educación y salud. A don Luis Guillermo le ha hecho falta escuchar gente más allá de sus colaboradores cercanos pero menos allá de ciertos expresidentes de muy ingrata memoria, quienes provocaron la debacle actual de Costa Rica.

Lo dije (y no solo yo) un par de veces cuando el actual presidente quedó electo: Luis Guillermo no tiene derecho a hacer un mal gobierno. Cuenta con el apoyo de 1,3 millones de personas que confiamos en él, lo llevamos ahí para ver una forma diferente de hacer las cosas… y aunque sin los sonados casos de corrupción y mala administración de recursos públicos a los que nos tuvo acostumbrados el PLN entre el 2006 y el 2014, la pura verdad es que la esclerosis de la que padece el país para ejecutar decisiones (desde el Ejecutivo… la palabra lo dice) es insoportable.

Pero evidentemente la culpa completa (y ni siquiera la mayoritaria) no es del presidente y su equipo. Es solo la punta del iceberg de una serie de actores políticos y sociales que tienen a este país secuestrado y en vías de aumentar su desigualdad, individualidad y vulnerabilidad. Las nuevas generaciones sueñan ya no con un futuro promisorio como sociedad, sino con “salvarse quien pueda”, tener un negocio y salir avante con sus familias, a pesar de que esto no beneficie a la colectividad.

Fuente: wikipedia.org
Empecemos por la Asamblea Legislativa. El triunfo de lo que parece ser un partido de centroizquierda terminó por unir a la derecha, como bien lo dijo el exdirector del Estado de la Nación, Miguel Gutiérrez Saxe, en los Foros Institucionales que ha estado organizando la Universidad de Costa Rica en este mes. Eso ha provocado que la función de legislar, de uno y otro lado e incluso a lo interno del PAC, quede de lado. Aquí lo que ha prevalecido es el interés político de evitar que el PAC y sus aliados del FA se prolonguen en el poder y conseguir que la vieja política se restablezca en los puestos de control y determinación.

Es triste ver cómo diputados (y exdiputados, exministros…) del PLN, ML y protestantes se preocupan más por impedir al Ejecutivo cualquier avance en sus propuestas traídas de campaña que por ofrecer ideas que mejoren la situación fiscal y social de la nación, todo con el fin de hacer ver al gobierno como una “mala administración” para tener sus réditos el domingo 4 febrero del 2018. Y es así como la política electorera nuestro país se convierte en una máquina de recaudar votos, muy por encima del interés común, cuando aún falta mucho todavía para el inicio de la campaña próxima.

Fuente: entornointeligente.com
La ideología pasó de moda. En la mayoría de los casos, ya lo que realmente interesa no es si se es neoliberal, socialdemócrata, bolivariano o socialcristiano, cuyo fin sea la búsqueda de una Costa Rica más próspera y equitativa. Menos si lo que se busca es beneficiar solo a un grupo específico de la sociedad, ya sea religioso o de otras características. Aquí lo que realmente importa es el interés de quienes invierten en los partidos, de forma que la suma de dinero aportada se retribuya, mediante proyectos de ley o gestiones que se transforman en réditos de poder y riqueza, o bien de prestigio para un nombre que se quiere convertir en falso caudillo. De nuevo, las políticas públicas son lo de menos. Con el agravante de que la credibilidad en los partidos políticos va en depresión, y cómo no, con partidos políticos con condenas como el más reciente caso del Movimiento Libertario, que montó una mampara en campaña para cobrar dineros públicos. Bonita manera de ayudar con las finanzas públicas.

Ante este panorama meramente estatal, tenemos otros “jugadores adicionales”. En el carril derecho de la cancha se encuentran los grandes empresarios, aquellos que quieren un estado pequeño, para que no los esté jodiendo y controlando mucho. Ellos buscan acumular riquezas con grandes ventas a lo interno y externo del país, exportando a mercados que interesan (o deteniendo la entrada de productos extranjeros cuando no conviene). Es la gente que, si de ellos dependiera, los salarios mínimos serían todavía más mínimos para bajar costos de producción y tener mayores ganancias, así como pauperizar las condiciones laborales de sus empleados.

Dentro de este conglomerado tenemos a los medios de comunicación (muchos, la mayoría), los cuales sirven también a esos intereses porque, al final de cuentas, sus grandes ganancias provienen de la publicidad que estos grupos generan, por lo cual necesitan que el empresariado marche bien. Eso no estaría del todo mal si no fuera porque se olvidan del beneficio de la colectividad, a pesar de jugar de “paladines” de la justicia y de la “voz de la ciudadanía”. Muy grandes les quedan esos títulos cuando muchos de ellos tienen serias deudas con el fisco o son reacios a declarar impuestos como corresponde y ni hablar de la parcialidad en la agenda propia y el interés editorial, que en buena medida oculta información que es valiosa para que el costarricense “de a pie” se forje su propio criterio… todo eso sin mencionar también que algunos de ellos explotan a su personal, haciéndolos laborar hasta 12 horas diarias por un salario mínimo que en nada valora su esfuerzo. Lo peor de todo es que hay colegas periodistas felices de defender la injusticia proveniente de esta clase de demagogos que, un día sí y el siguiente también, quieren todo el queque para ellos y ni una tajada para el resto.

Fuente: socialismo-o-barbarie.org
Ahora bien, en el carril izquierdo tampoco hay perdón que quepa. Los sindicatos, que más bien podría llamárseles “cinicatos” (por cínicos) son la misma cosa pero al otro lado del espectro. Si por ellos fuera la función pública no debería tener ningún control, los empleados estatales deberían estar llenos de privilegios y lujos, las convenciones colectivas justificarían cualquier esfuerzo económico del Estado por sostenerlas, aunque eso signifique la quiebra del país… “porque así lo defiende la ley”. Es la gente que vive en el mundo de los ositos cariñosos, donde todo son risas, colores y no se puede permitir la más mínima dosis de realidad que venga a desequilibrar el estado idílico de bienestar personal. Esos tampoco piensan en el pueblo. Son gente agresiva, capaz de paralizar el país si sus caprichos no se cumplen, con huelgas, bloqueos o tortuguismos. Es la gente que ha denigrado las luchas sociales hasta el punto de robarle toda legitimidad a las que podrían estar justificadas. Es la gente que ha estropeado el legado de grandes pensadores como Manuel Mora o el propio José Merino. Vagabundos de escritorio y café que “les vale” lo que pasa fuera de su círculo, porque son incapaces de mover un dedo cuando realmente el país los requiere.

Estamos hartos de todos ellos. Hartos de que se apropien de nuestro presente y futuro. Hartos de la falta de conciencia social que solo empuja a la colectividad a una inercia que huele más a muerte que a avance. El pueblo quiere sentir que Costa Rica camina, pero que camina para delante, que podemos soñar con infraestructura de primer mundo, un transporte público que en lugar de ralentizar los viajes más bien los haga más rápidos y eficientes, de puertos y aeropuertos que permitan mayor ingreso y egreso de personas y productos, de calles que no den vergüenza mostrar al turista que nos visita por la cantidad exorbitante de huecos (desdichadamente, son las menos) y de la platina de cierto puente que llega a su sexto año sin que se vea un arreglo pronto… y más bien, el costo de su reparación total sube, premiando la mediocridad de quienes han tenido la solución a su alcance.

Fuente: entornointeligente.com
Costa Rica no puede darse el lujo de perder la lucha contra el narcotráfico y de ver que en nuestras calles las pandillas se matan entre sí como si esto fuera el salvaje oeste. Tampoco de que la desigualdad lleve a un aumento de la delincuencia y la criminalidad, todo en búsqueda de satisfacer su propia necesidad a costa del resto que sí se esfuerza en tener una vida digna. Este país no puede renunciar al sueño de que su población esté cubierta por un seguro social que brinde un servicio con calidad y eficiencia, sin tener que esperar al 2022 por una cirugía. Tampoco podemos acostumbrarnos a que la mitad de nuestra juventud no obtenga su bachillerato y abandone el colegio, condenándola a trabajos mal pagados y una vida sin progreso. Además, no es opción que nuestros agricultores, esos que aseguran nuestro alimento, queden desprotegidos, al igual que los micro, pequeños y medianos empresarios que “la pulsean” para sacar adelante el negocio que les da de comer a ellos y a sus familias. Y así podría seguir enumerando muchas otras apuestas que no podemos perder.

Fuente: tuqueopinas.com
Gente, el país se nos va de las manos. Y si lo dejamos a la conciencia de políticos, empresarios y sindicatos podemos irnos despidiendo del sueño de progreso que tan bien forjaron nuestros abuelos y tan mejor aún hemos desmantelado nosotros. Tenemos que tomar una decisión como organización civil y hacer un llamado a las bases de este pueblo para exigir acción a quienes corresponde tomar decisiones. No sea que algún día, un advenedizo llegue a presentarse como el mesías costarricense (ya lo hubo) y nos encontremos ante un caso de prolongación del poder sin detenimiento, como ya ha ocurrido en otros países de América Latina.

Estamos a tiempo pero hay que actuar ya. Ojalá que el gobierno convocara a un diálogo nacional (donde se podría prescindir de partidos políticos) a representantes de diferentes grupos sociales y que, desde abajo, naciera una propuesta que sea ejecutable.

Hay que hacerlo pronto. Materia gris en este país sobra. Voluntad de algunos pocos, pero que nos tienen maniatados, falta. Esto es para ayer.

domingo, 26 de julio de 2015

Que la bola no se manche

¿Por qué el fútbol nos gusta tanto? Es fácil de explicar. Basta con recordar las mejengas que nos dábamos desde niños, la magia que encerraba ese rectángulo marcado con un círculo partido por una raya a la mitad y dos marcos a cada lado, para responder.

Tal vez así no eran las de mi barrio, pero no andaban muy lejos
Mi infancia, como la de muchos otros, está marcada por miles de goles que convertíamos y celebrábamos como si cada uno fuera el decisivo para ganar un campeonato mundial. El dulce sabor de la típica mejenga de “el que llega primero a los 20 gana” y de un partido de un número de X contra X donde las dimensiones del terreno de juego estaban marcada por el final de la acera, de la calle o de la propiedad del vecino.

Imposible olvidar la cantidad de veces que la bola se nos fue al techo de una casa o los vidrios quebrados producto de un despeje atolondrado o de un tiro a marco totalmente desviado. Tampoco la urgencia de jugar tras recuperarnos de una gripe que nos tenía fuera de la “alineación titular” entre las “estrellas” del barrio, donde claro, no había banca.

Yo tengo mi escenario para estas imágenes pero sé que cualquiera de ustedes, futboleros, que haya pasado por lo mismo, también las tendrá. Fuimos de la generación que aún podía jugar en las calles tranquilamente, que no tenía que ir a meterse a una cancha de Fútbol 5 para mejorar sus destrezas. Y específicamente la mía, fue la que vio cómo aquellos “maiceros” hicieron la proeza de debutar en Italia 90 con un triunfo y un pase a una segunda ronda. Recuerdos imposibles de olvidar.

El fútbol, para quienes lo amamos y lo vivimos desde tiempos inmemorables, es eso: parte de nosotros. Lo hemos celebrado, lo hemos llorado. Se nos han regado las bilis pero también lo hemos acompañado por más aburrido que sea el partido. Nos ilusiona y nos desilusiona, como cualquier relación de amor en la vida.

Por eso es que duele tanto que, esto que nos llena de adrenalina y emoción, se convierta en un vil negocio, donde prima el billete por encima de la competencia. La derrota o el triunfo, cuando son merecidas, son incuestionables. Y nada más reconfortante que reconocer, en caso de la primera, que el otro equipo jugó mejor y mereció la victoria.

Evidentemente, el tema de este post se basa en lo que hemos visto en la Copa de Oro que hoy termina
Alvarito Solano, de mis primeros héroes futboleros en los 80'.
y la asquerosa mafia que domina la Concacaf y la FIFA, empezando por su capo número uno: Joseph Blatter. Da coraje y lástima que algo tan mágico y que puede servir para unir familias y pueblos se convierta en un método para lavar dinero, enriquecerse y afectar la competitividad, porque donde hay billete deja de haber juego.

Me pregunto, ¿qué habrá pasado en la cabeza de un jugador mexicano luego de terminar los partidos contra Costa Rica y Panamá? ¿Cómo se habrá sentido Oribe Peralta cuando se tiró al piso, o Torres, el defensa panameño, al ver que el árbitro señalaba el punto de penal luego de que cayó al piso y de forma accidental e inevitable rozó la bola con la mano?

Ni hablar entonces de la no expulsión de Carlos Vela contra los canaleros o del mismo Peralta contra la Sele, que los respectivos árbitros no señalaron. La impotencia y la rabia ante la certeza de que el árbitro no cambiará de parecer, aunque él sepa perfectamente que se equivocó, o bien, que lo hizo adrede obedeciendo “órdenes superiores”.

La Liga de los 90'. ¡Campeones irrepetibles!
Pero no solo los jugadores son engañados. También lo son los aficionados que pagaron por ver una competencia y se encuentran con un juego arreglado. También lo somos todos los que vemos el partido y nos comemos toda la publicidad que rodea el espectáculo y que lo hace rentable. En fin, lo que debió ser un entretenimiento y una pasión se convierte en una mentira, a beneficio de unos pocos, solo con el fin de que aquellos que son mayoría (en este caso, los mexicanos) sigan pendientes del torneo y hagan rentable ambas inversiones para quienes las pagaron.

El fútbol se ha ensuciado. El balón se ha manchado en el barro de la corrupción, del amaño, del mal teatro (en el caso de los jugadores) y de la falta de honestidad ante las pequeñas cosas que no favorecen la competitividad, esa que critican los mismos mexicanos, hace tanta falta en la Concacaf… claro, cuando a uno le regalan partidos, es difícil mejorar.

Guardado... ¿qué celebraste?
Si Guardado hubiera fallado adrede el penal u Oribe Peralta le hubiera dicho al árbitro que no hubo empujón, tal vez México no hubiera llegado hasta la final. Pero cualquiera de los dos pudo haberse convertido en el referente de la moralidad y del tan prostituido “Fair Play” que la FIFA pregona partido a partido, pero que no se aplica a ella misma.

Lástima. El fútbol seguirá siendo pasión y algarabía para miles de millones que lo amamos y esperamos que la pelota pase la raya de gol del contrario. Pero también ya estamos avisados que eventos como el partido de la nieve, el juego en San Luis Missouri que nos robó el árbitro contra Estados Unidos en la eliminatoria rumbo a Italia 90, o el gol que metió Henry con la mano contra Irlanda y que clasificó a Francia injustamente para el mundial de Sudáfrica 2010, podrán seguir ocurriendo. Falta transparencia dentro del terreno de juego, pero sin duda, falta aún más fuera de los estadios, en los escritorios, donde juegan y dominan los de cuello blanco, corbata y traje entero.
Blatter.... cero transparencia.

Que el fútbol siga encantando y apasionando depende de los jugadores en primera instancia, porque ellos tienen el poder de decir al árbitro que se equivocó o de modificar su decisión. Si porquerías como las vividas en la Copa Robo que hoy termina se siguen presentando en las eliminatorias, la afición comenzará a perder interés. ¿Será que eso quieren los dirigentes del fútbol mundial?


Para terminar, los dejo con un ejemplo de deportividad del goleador alemán Miroslav Klose, en un partido entre la Lazio y el Napoli de la Serie A italiana. Seguramente Guardado no lo vio. No estaría mal que le compartan el link.

lunes, 19 de enero de 2015

Charlie Hebdo: cuando la libertad no calza con la igualdad y la fraternidad

“Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego”. Mahatma Gandhi.

Primero, lo primero. Qué horrible es la muerte cuando se provoca. Qué pena que el ser humano siga creyendo en ella como objeto de solución de conflictos. La muerte (y su cultura) perfectamente pueden llevar a la extinción de la especie humana. Nos lo tomamos muy poco en serio porque nunca ha sucedido, aunque sabemos bien que el peligro se cierne en nuestras cabezas como especie, desde la época de la Guerra Fría.

Mahatma Gandhi, precursor de la emancipación no violenta.
El mundo afronta ahora (y desde hace decenios) el terror del fanatismo. Cuando se entra en el tema del extremismo o ultraortodoxismo – llámele usted como guste llamarle – la razón abandona al ser humano y, como resultado, este solo puede reaccionar haciendo o diciendo estupideces. ESE es el problema real de quienes no admiten una ideología, preferencia o fe diferente de las que siguen. Ojo, no es un tema exclusivo de la religión (como algunos paranoicos – resentidos han querido sugerir), está presente en las creencias trascendentales, pero bien sabemos de violencia alrededor de temas políticos y hasta futbolísticos. En realidad no se trata de que la religión provoque la violencia en el ser humano, sino que es el propio ser humano el que, desde su ansia de poder y de imponer, muestra con insultos, golpes o balas lo que no puede con argumentos. Así de sencillo.

Me tomó rato tocar el tema #CharlieHebdo por varias cosas. Empezando porque tenía que hacer mi mejor esfuerzo por entender el contexto y lo que significa este tipo de publicaciones satíricas para la sociedad francesa, la cual conozco bien, aunque no la entienda por completo. Quienes me conocen, saben que la verdadera razón por la cual elegí ir a Francia a hacer mi maestría en periodismo fue por la admiración que le tengo desde mi juventud al su capacidad de hacer prensa. Suele ser profesional, mordaz, seria… con una capacidad de autocrítica enorme, incluso sobre los propios objetivos e intereses de su línea editorial. Pero también, como en todo en este mundo, hay excepciones.

La primera vez que logré ver un dibujo provocativo de Charlie Hebdo (o al menos que me diera cuenta) fue en el 2010, despuecito de la gira que hizo Benedicto XVI a África, en la que avalaba los condones para enfermos de sida. El dibujo es el que aparece junto a este texto. Obviamente me escandalicé de ver que un medio de comunicación, que normalmente debe tener la labor de formar opinión pública con argumentos serios, hiciera mofa de la Eucaristía reemplazándola por un condón. Claro, inexistente era la posibilidad de que fuera a conseguirme un arma automática y comenzara a volar bala en las instalaciones del periódico. Pero me dolió. Sentí que había una clara apología al irrespeto, a la burla burda (homónimas), a la desinformación, a la legitimación de un mensaje artero, que ni siquiera tenía por fin la crítica a un líder espiritual: se trataba de una ofensa contra lo que yo y más de mil millones de personas creemos: que en la Eucaristía se encuentra Dios. Tengo muy claro que no estamos obligando a nadie a creerlo, esos tiempos pasaron hace mucho, por dicha. Pero también tengo claro que el tema del “respete para que lo respeten” que alguna vez me enseñaron sabiamente mis padres desde pequeño para tener una sana convivencia social, estaba quedando relegado en el país de “la fraternité”.

¿Justifica cualquier dibujo, por ofensivo, grotesco, vulgar, asqueroso que sea, una sola gota de sangre humana?
No.
¿Provoca la burla y el irrespeto la aparición de la violencia? ¿Engendra la violencia más violencia?
Sí.
¿Es eso una justificación?
De nuevo, no. Es una posible reacción, no una justificación argumentativa.

Quedemos de acuerdo: agarremos el tema de los atentados contra el personal de Charlie Hebdo, condenémoslo y cerremos la discusión sobre este punto, porque aquí todos estamos claros que no hay negociación, y más aún, que contra el fundamentalismo que no está dispuesto a negociar lo único que queda es volar bala, por la defensa de inocentes que no tienen por qué pagar la estupidez de otros. ¿Estamos?

Jesús defendiendo a la adúltera de ser apedreada.
Muy bien, ahora vamos con lo otro. De lo “poco bueno” que ha quedado en esa horrenda masacre es la discusión posterior de libertad de expresión y… ¿Sus límites? Y detengamos todo aquí para cuestionar un punto de relevancia jurídico – filosófico que siempre, o al menos hasta ahora, he tenido claro: no hay una sola libertad que tenga aplicaciónirrestricta. Así es en el derecho internacional y por supuesto en nuestra Constitución Política (ver artículos 28 y 29) y para todo suele haber límites, aunque hay que reconocer que el de la libertad de expresión ha venido primando por encima de los demás, bajo la premisa de que sin su garantía la democracia no puede existir. El caso más reciente que recuerdo en Costa Rica fue el de Rodríguez Baldí vs Chinchilla, cuyo fallo favoreció al empresario que acusó a la expresidenta con un argumento falso. Chinchilla no logró la condena de Rodríguez Baldí porque los jueces estimaron que su cargo debía soportar cuestionamientos más fuertes que el resto de mortales.

Volvamos al tema y analicemos esto detenidamente. Dicen los defensores a ultranza de las ofensas en los dibujos de Charlie Hebdo que eso es libertad de expresión… y me parece que están haciendo una mezcla con la libertad de prensa, conceptos hermanos pero no iguales. La libertad de expresión tiene que ver con lo que cualquier persona quiera decir, por el medio que desee… mientras el de prensa, está relacionado con un compromiso social en el que la información forma opinión, como expliqué arriba, por lo cual es más que delicado el transmitir información falsa o llena de conceptos peyorativos o estereotipados.

Es curioso que el derecho que tutela la libertad de credo en Declaración Universal de los Derechos Humanos se encuentre justo antes del artículo que hace lo propio con la libertad de expresión. Veamos:

Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Vamos uno por uno, despacio. Grata sorpresa me llevo al encontrarme ese Artículo 18. Atención: no solo protege la libertad de religión, sino también la de pensamiento y la de conciencia. Es decir, equivale para toda aquella persona que razone. Hasta ahí, muy bien. PERO hay un plus en cuanto a la religión. Y dice muy claramente que se protege la libertad de manifestar su creencia, aún en público, aún en la práctica, el culto y la observancia.

"Sí a los portales en sitios
públicos", con un "Niño 
Jesús" pintado en el fondo 
de un orinal.
¿Sabía usted que en Francia es prohibido lacolocación de cualquier elemento religioso en oficinas o sitios públicos, especialmente en los centros educativos? ¿Soy yo cerrado de cabeza o no va eso en contra del derecho humano de la libertad religiosa, contenido en el artículo 18? Además me pregunto, si lo que se quiere es evitar que símbolos de fe ofendan a miembros de otras religiones: ¿cómo rayos me ofende a mí un "pasito", una estatua de Buda, de Krishna o un texto del Corán? ¿Se protege a las otras religiones o más bien se busca la defensa del Estado laicicista? Ojo, no estoy diciendo que tenga que haber solo UN motivo religioso que predomine… sino que CUALQUIER símbolo de fe, de cualquier creencia, está fuera de la ley. Y a partir de ahí, poco a poco, uno va a descubriendo que en Francia la religión ha quedado relegada totalmente al ámbito privado, bajo el principio de la “laicidad” que basa en la prohibición de credos públicos la libertad confesional del resto. En otras palabras, como si la libertad fuera un tema respetar al otro coartando a los demás la capacidad de externar pacífica y respetuosamente sus credos religiosos, dejando en el olvido la palabra tolerancia.

La laicidad francesa no es lo mismo (al menos en el papel) que el laicicismo, verdadera práctica ejecutada tanto en ese país como en buena parte de las naciones europeas. ¿Su diferencia? La laicidad dice que el Estado no debe tener religión oficial, pues no es una persona como tal (la religión queda para los seres humanos, no para la organización de la República). Hasta ahí todo normal. El problema es cuando esto desemboca en el laicicismo, que lo que busca es negar la existencia de cualquier Dios en la esfera pública, tolerando la práctica religiosa a lo interno de templos, sinagogas, mezquitas o edificio donde se congregue un grupo de cualquier denominación. Pero nada de religión en escuelas, colegios, edificios públicos, empresas… nada de manifestaciones religiosas públicas como procesiones, actos festivos, entre otros (aunque la Navidad sí se permite… sin duda es un excelente incentivo para el comercio y los franceses son además felices yéndose de vacaciones en los feriados católicos, pero ese es otro tema…).

La laicidad en Francia se explica desde el hartazgo histórico de un pueblo que siempre vinculó a la Iglesia con la monarquía. Una Iglesia que desde todo punto de vista abusó de su poder y tuvo un concubinato escandaloso con el Estado, representado por un rey. Esto provocó que, en Francia, desde inicios del Siglo XVIII (el de “las luces”), un tal Voltaire, un dichoso Montesquieu y un fulano llamado Rousseau fundaran lasbases del humanismo moderno, que la propia Iglesia contemporánea agradece. Aquellos hombres centraron la razón en el ser humano y desecharon cualquier influencia divina. Siguiendo, en 1789 surge la Revolución Francesa y la Iglesia paga caro el descontento social por no cumplir su misión y es seriamente atacada por este movimiento que funda las bases del Estado moderno.

Aunque el descontento aquel no logró eliminar la religión del alma del pueblo, sí lo mermó. Y es siglo y medio después, en el famoso mayo de 1968, cuando la revolución sexual y filosófica anti gubernamental estalla en París y toda una sociedad pierde el pudor. Nuevamente, la Iglesia es atacada por ciertos pensamientos que podríamos convenir, retrógrados, y queda alejada de la dinámica social. Y así ha seguido su debacle hasta nuestros días.

Dibujo artístico de Mahoma, sacado de "Biografías y vidas".
¿Por qué es importante explicar esto? Porque es a partir de ahí que se entiende ese rechazo histórico de buena parte de la sociedad francesa hacia la Iglesia y todo lo que huela a Dios. No se trata de que todo el mundo se puso de acuerdo para soportar (y una parte, hasta para comprar) los dibujos de Charlie Hebdo. Se trata de un proceso histórico de liberalización que ahora choca con un movimiento islámico fanático, con los resultados tan lamentables que ya conocemos.

Cuando aparecen este tipo de dibujos satíricos también hay que hacer otra aclaración: no se trata de un periódico “antirreligioso”, sino de un periódico que se burla y hace mofa de todo lo relacionado con autoridad y más allá… con todo lo que tiene que ver con instituciones que gozan de algún tipo de legitimidad jerárquica.

Ahora bien, pasemos al tema de la libertad de expresión como garante de la capacidad que tenemos las personas de decir, cuestionar, hacer mofa, etc. ¿Es esto “malo”? y ahí entramos en el ámbito de lo que puede ser subjetivo… aunque en el fondo, creo que no lo es tanto. ¿Cuál es la diferencia entre una risa, una broma y una burla cruel que termina siendo ofensa? Me parece que la respuesta está en el fondo y no en la forma. Una crítica mordaz se hace con el afán de cambiar una actitud o una realidad que no ayuda al beneficio del ser humano, de la sociedad, de una nación. Una crítica puede ser considerada “destructiva”, pero en el fondo ocultar una voluntad de cambio. No obstante, una ofensa siempre tendrá por objeto dañar, humillar, desprestigiar o hacer sentir mal al otro, sin ningún tipo de voluntad de cambio. En otras palabras, cuando uno quiere “madrear” a alguien, no quiere que esta persona reaccione de una manera diferente, uno solo quiere hacerle saber que uno la desprecia.

Krishna.
Teniendo claro esto: ¿no les parece falaz decir que el subjetivismo prima al decidir cuándo una idea crítica se convierte en una ofensa? Y peor aún, el argumento de decir que las ofensas en contra de divinidades no son tales porque las divinidades, al no ser seres humanos (y para algunos, no existir) las hace carentes de cualquier garantía que las proteja… Madre mía, a ver si uno insultara el nombre o la memoria de un familiar muerto de esa gente… seguramente recibiría, cuando menos, un madrazo, o un puñetazo, como dijo el Papa. Pero va mucho más allá: no sé cuánto trabajo cuesta entender que, si para una persona un comportamiento o una referencia insultante es desagradable y sistemático, esta tiene toda la capacidad de exigir que ese trato se detenga (a eso le llamamos acoso y ahí parece no haber subjetivismo que valga). Entonces, ¿no puede una colectividad acudir al argumento de un acoso social para exigir que se detenga un abuso que le ofende? Por supuesto que puede, para eso están los tribunales competentes y eso es algo que los extremistas yijadistas nunca van a comprenden, que en las sociedades modernas las cosas se dirimen en los tribunales y no a punta de balas.

No obstante, tampoco quiero que se crea que aquí estoy haciendo una defensa a ultranza contra cualquier tipo de crítica a la Iglesia o a quienes la conformamos. Está muy claro que la crítica hace avanzar a la persona o al ser humano cuando tiene argumentos de debate (examínenlo todo, quédense con lo bueno, decía San Pablo). La sátira, sana y venenosa, es un derecho de expresión del pueblo cuando este quiere hacerle notar a sus gobernantes que no están conformes con actitudes, costumbres o estilos al gobernar. Y no soy yo el que se va a escandalizar por eso, siendo para mí la libertad de expresión un principio indispensable en la vida democrática. ¿Quién más que yo, principalmente en Twitter, suele decir “casi siempre” lo que quiero”? Quienes me conocen lo saben perfectamente, me cuesta quedarme callado cuando algo no me gusta o no me parece bien. Pero aunque puedo llegar a ser sarcástico, me niego y me traicionaría a mí mismo si esa crítica se transforma en insulto personal, a tal punto que cuando en una discusión he recibido una ofensa directa, que no es un argumento sino un descalificativo artero, detengo la discusión y me voy, porque me doy cuenta que con esa persona no es posible dialogar. Es lo que futbolísticamente hace la diferencia entre una entrada fuerte, pero a la bola, y una entrada a la espinilla, cuyo objetivo es quebrar al rival. No hay dónde perderse.

Hay gente dentro de la Iglesia (y en todas las religiones supongo que es igual) que consideran que no se deben hacer críticas contra las altas autoridades eclesiásticas porque constituye una “falta de respeto a su investidura”. Y tampoco. Yo creo que todo ser humano, por supuesto incluyendo al Papa, tiene derecho a equivocarse y está bien que lo haga, es nuestra naturaleza, somos débiles. La crítica, cuando esta es inteligente, por más ácida y negra que sea, debe permitir en el fondo de la conciencia un análisis y una reacción, aunque sea para buscar argumentos que permitan crear una defensa dialéctica, conocida como antítesis. Es necesario, indispensable entonces para el avance del género humano que se señalen los errores de la forma que corresponda: risas, chistes, gritos, manifestaciones… pero sin pasar al acoso, a las armas o a la destrucción.

Voy cerrando esta reflexión:
¿Cuál es, en el fondo, el objetivo de ofender una divinidad en la que usted no cree?
¿Qué logra con ello?
¿Convencer al creyente de que usted tiene la razón?
¿Sentirse mucho más inteligente o evolucionado?
¿Expresar públicamente que usted es muy “carga” por jugar de rebelde y no tener “dios”?

Si realmente cree que una de sus respuestas está contenida en las interrogantes anteriores, déjeme decirle que usted se autoengaña. Nada de eso va a lograr. Lo que sí puede conseguir es el desprecio, ser ignorado, cuando mucho insultado de vuelta y, si topa contra un extremista religioso, sí, incluso la muerte, la misma muerte que han logrado hinchas de equipos de futbol por insultar a otro fanático.

San Francisco de Asís.
¡Qué fácil es culpar a Dios y a la religión por todos los males del mundo! ¡Qué sencillo decir “mejor las religiones no existieran”, como si fueran ellas en sí mismas portadoras de mensajes de destrucción y división! Tan fácil que es para cualquier persona que sepa leer, tomar la Biblia o el Corán y buscar un mensaje de odio y muerte ahí adentro… a ver si lo encuentra.

Hay gente a la que se le olvida que el Siglo XX estuvo plagado de guerras, dos de ellas mundiales, y en ninguna tuvo que ver la religión. Fueron ambiciones políticas y económicas, sin olvidar la estupidez del nazismo de “sentirse superior” las que provocaron la muerte a millones de personas. Pero un momento: ¿no nacieron estos conflictos por gente que, precisamente, quería que “todos pensaran como ellos” (o sea, ideológicos)? Me asusta hablar con gente a la que considero inteligente decir este tipo de sandeces. Y me asusta más su doble moral, su doble discurso, escucharlos insistir en defender los derechos (de algunos) humanos pero estar decididos en que la religión (y asumo que también quienes creemos en Algo que trasciende) debe desaparecer de la historia humana, para dar paso, asumo, a una raza mejorada (algo como lo que planteaba el malote de Hitler pero no en raza sino en ideología). En otras palabras, la libertad de expresión y de pensamiento al carajo. Bienvenida la dictadura del yo.

¿No vivimos acaso en una sociedad occidental que se jacta de su diversidad y el respeto a quienes no piensan “como yo”? ¿No pasamos criticando, quienes nos decimos demócratas, a los regímenes que callan a sus opositores a punta de metralla o coerciones? ¿Qué acaso no está de moda defender a los estudiantes del bullying, del acoso, como si las ideas y las creencias de la gente no pudieran ser también víctimas de ese desprestigio sistemático? Entonces, perdónenme la expresión tan fuerte: por qué putas no somos más coherentes y aplicamos esos principios que tanto cacareamos para todos los ámbitos sociales y nos decidimos como sociedad y civilización a respetar lo que el otro diga, crea o piense, aunque no concuerde y vaya en contra de lo que yo considero mejor. ¿O será que el legado de Voltaire aplica solo cuando se puede usar a mi favor, pero no cuando el otro opina?

En la diversidad está el gusto y es ahí donde tanto la libertad de expresión como la libertad religiosa confluyen en una misma armazón. Si todos podemos hablar tranquilamente de lo que creemos, sin temor a ser ofendidos pero también sin ofender, crearíamos una cosmovisión mucho más sana, respetuosa y que posiblemente nos lleve a un serio y transformador avance, en el que el ser humano se vea de igual a igual, ya sin prejuicios ni fobias. Pero mientras que resolvamos nuestros diferendos con balas, odio y a la violencia, con mensajes que contengan un poco de los elementos anteriores, o haciendo callar al otro, estaremos creando una espiral de ataques que ya cobra la vida de varias personas en Europa y que, me temo, solo está comenzando.

Una pregunta que formuló un tuitero un día de estos: ¿defenderían muchos de estos grupos la libertad de expresión de la revista si se tratara de mensajes homofóbicos, misóginos, destructores de la naturaleza o del maltrato animal? Yo creo que no. Todo lo contrario, me parece que ahí sí demandarían el término inmediato de la difusión de esos mensajes. Algo de esto nos falta mucho a los cristianos en general, como lo señala el cantautor peruano Luis Enrique Ascoy en su blog.

Buda. Puse una figura o divinidad interreligiosa como signo
de respeto hacia las diferentes religiones, pues al final todas
expresan bondad.
Y es por todo lo anterior que yo defiendo la imperiosa necesidad de que Charlie Hebdo siga existiendo. Porque es necesario que el ser humano se exprese y critique. Porque como decía el buen Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”, aunque, por otro lado, yo no creo que nadie tenga el “derecho” de insultar una creencia o una ideología, por más contraria que sea a la mía (lo cual además, es absurdo, pues con un insulto no se va a lograr su desprestigio per se o su desaparición)… y estoy casi seguro que don François Marie Arouet tampoco defendería ese abuso. Cuando el ser humano abusa, aunque sea de algo que a priori tiene un fin noble, como la religión y la expresión, las cosas terminan mal. En este último caso tendría que decir: je ne suis ni catholique extremiste ni Charlie Hebdo.

Concluyo con el título que elegí para este artículo. ¿La libertad? La defendemos. Pero una libertad que no va acompañada de un verdadero principio de igualdad ante las leyes y ante la sociedad, no puede ser considerada como tal… y mucho menos, cuando la fraternidad, esa que nos recetaron los franceses desde su revolución, la misma de la que habló Jesús, Mahoma, Buda y saber cuántos más, queda atropellada cuando en lugar de buscar un diálogo y un entendimiento, lo que llueve son las ofensas, o peor aún, los disparos.

La fraternidad se basa en ver al otro como “hermano”, de ponerme en sus zapatos, de entenderlo desde sus orígenes. No hay nada de fraterno en matar a nadie, pero tampoco lo hay en burlarse despectivamente de su integridad, de lo que piensa, lo que cree o lo que aspira. La Real Academia Española la define muy bien: “Amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales”. Y eso es lo que hace falta para terminar con los extremismos o con los “odios odiosos”: tratarnos como hermanos.


Si usted está de acuerdo con lo que yo escribí, fenomenal. Si no, no se preocupe, puede usted diferir con la tranquilidad de que no voy a ir a buscarlo para dispararle. Y como dice mi blog desde siempre, si va a debatir, que sea con argumentos, no con ofensas. Estas últimas solo indicarían que usted no puede pensar, solo provocar lástima. ¡Viva la democracia, vivan la libertad, la igualdad y la fraternidad!