Bienvenidos a mi blog personal. Aquí encontrarán a veces cosas de realidad tica, otras veces, comentarios muy personales. Siempre con el deseo de provocar debate o de ejercer mi derecho de expresión. Siéntanse bienvenidos de leer y comentar, siempre que sea con respeto. Eso sí, nada de anónimos. Están en su casa. Atentamente: Pablo Mora Vargas. Periodista.
Aunque yo sé que decir por quién pienso votar el
próximo 2 de febrero no variará nada el resultado, quiero compartir
con ustedes el análisis que hasta la fecha he hecho de la oferta política que hay y
de lo que puede venir con el futuro presidente de la República en
los cuatro años que se nos avecinan...
Antes de escuchar cualquier crítica de “un
periodista tiene que ser objetivo” (señores, noticia: la
objetividad no existe) quiero aclarar que un periodista es tan
ciudadano como cualquier otro, con derecho a expresarse libremente
sobre lo que piensa, sin recibir presiones de ningún tipo y de
ningún lado, llámense estas: medios, colegas, círculos políticos,
empresariales o etc. Ya viene siendo hora de que este
gremio se despierte y reclame su derecho a pensar.
La razón por la que aclaro esto, antes de entrar en
materia, es muy simple: hay gente que cree (o que se lo cree) que los
periodistas somos transmisores “objetivos”, 100% imparciales, sin
tintes de ningún tipo, algo así como un cable inerte que transfiere
datos de un lugar a otro. Los periodistas pensamos, preferimos a un
candidato más que a otro y tenemos nuestro derecho a analizar
(posiblemente lo hacemos más, fuera de micrófono, que la mayoría
de profesionales).
Ahora bien, la profesionalidad a la hora de comunicar
se demuestra cuando, en el momento de informar, el tratamiento es
igualitario para todas las posturas y candidatos. No porque yo sea de
centroizquierda voy a negarle el micrófono a Otto Guevara. O porque
yo haya votado por el PAC trato con menos respeto a Johnny Araya. O
bien, porque crea que el PUSC es un partido que debe desaparecer
debido a sus horribles actos de corrupción, voy a tergiversar lo que
dice Rodolfo Piza. La información debe ser lo más imparcial
posible, lo contrario sería irrespetar al público que nos lee /
escucha / ve, pues al final, es quien debe forjarse su propia
opinión. Pero irse al otro extremo también sería irrespetar
nuestro derecho a pensar, a opinar, a expresarnos y a valorar la
información que procesamos todos los días.
Volviendo al tema del principio, mis “X” para las
elecciones ya tienen su casilla elegida (a menos claro que pase algo
dramático) y, sorprenda tal vez a algunos o no, no será para el
mismo partido en ambas papeletas. De hecho, nunca lo ha sido. Me hace reír
cuando alguna gente (sobre todo un par de ministros por ahí) en
Twitter jura y perjura que yo soy “PAC” de hueso colorado. Sin
duda les duele cuando uno es crítico con el PLN y con el peor
gobierno que este país recuerde: el de Laura Chinchilla. Pero no. Si
bien es cierto soy centroizquierda (nunca lo he negado y, al
contrario, lo he dicho abiertamente) y el PAC es el partido con el
que me siento más identificado, eso nunca ha limitado que lo
critique, que me enoje con las estupideces que alguna gente ahí
adentro ha hecho y que sienta que ha ido perdiendo el rumbo por el
que fue creado. Hago mías las palabras que dijo alguna vez un
tuitero del que no recuero su nombre de usuario: “el PAC es el
partido que todos quisiéramos que fuera, pero que nunca ha sido”. No obstante, admito que, de lo que hay, es lo que se me hace más cercano.
Así que bueno, al mejor estilo de los medios
internacionales de prestigio (¡oh comapración!) les confieso que la
línea editorial de “A título personal” apoya al candidato del
Partido Acción Ciudadana, Luis Guillermo Solís, para los comicios
de febrero. ¿Por qué? Pues básicamente porque de toda la oferta
actual, considero que es lo mejor que le podría pasar a este país.
Don Luis Guillermo, un hombre austero incluso en su personalidad, que le ha costado “soltarse”
para hablar, cero populista, de altos conocimientos en ciencias
políticas y coyuntura internacional, ha sido honesto hasta donde me
da la información; íntegro, comprometido con todo lo que ha
desarrollado y fiel a sus convicciones éticas y morales. No en vano
renunció a Liberación Nacional cuando vio que Óscar Arias
impulsaba su reelección inconstitucional con la complicidad de
quienes estaban en ese partido. Él, a diferencia de Ottón Solís,
tiene un estilo mucho más de escucha, de negociación, lo cual no
quiere decir que se traicione a sí mismo.
Ojalá los costarricenses se dieran el tiempo, como
dicen sus anuncios, de conocerlo. Lamentablemente confieso que ese
detalle hará que posiblemente pierda las elecciones. Yo nunca he
votado para ganar, tengo muy claro que la política no es un partido
de fútbol, por eso no me importa si gano o no en febrero, aunque evidentemente, creo que lo mejor para Costa Rica es que Solís triunfe. Si la Liga no volviera a quedar campeón en la vida, eso
no me afectaría más que el hecho de celebrar una o dos noches al
año. Pero si el país no se atreve a mejorar, eso sí me jode el
entorno, las posibilidades de surgir, de transitar por mejores
carreteras, de caminar más tranquilo sin miedo a ser asaltado, de
tener un transporte público más ágil, un Estado que apueste por la
investigación científica o por acelerar procesos para que las cosas
avancen con un sentido de equidad, inclusión y transparencia.
El problema con Luis Guillermo es querer ser
presidente de forma casi advenediza, sin avisar y sin darse a conocer
más que en los círculos académicos del país. Y un presidente no
se construye de la noche a la mañana. Los “outsiders” rara vez
tienen éxito a menos que posean un don muy especial (como la
oratoria de Obama en el 2008). En fin, repito, votaré por Solís no
porque crea que vaya a ganar, sino porque necesito tener mi
conciencia tranquila en los próximos cuatro años y porque
concienzudamente creo que es la mejor opción entre lo que hay.
No votaré... porque...
No votaré por Johnny Araya porque... ¿en serio hace
falta explicarlo? Porque estuvo 20 años al frente de la
Municipalidad de San José y sigo viendo a la capital de este país
como una de las ciudades más horribles del mundo, llena de
contaminación, caos vial, indigencia, descuido, calles en mal
estado, contaminación sónica y visual... en fin, una ciudad en la
que no dan ganas entrar y de la que uno quiere salir. Eso quiere
decir que este señor de planificación no sabe un comino y que si
fracasó durante tanto tiempo como alcalde, no hay razones para
pensar que va a tener éxito como presidente.
Porque don Johnny, a pesar de que ahora venga a
decirnos que él simboliza la “renovación” del PLN, nunca fue
capaz (ni le interesó, ni le servía) de criticar a los últimos dos
gobiernos de turno, o al de José María Figueres, para realmente
diferenciarse políticamente de quienes ahora critica por haber
perdido el rumbo, y ahora más bien en su publicidad se dedica a rescatar los "logros" de los gobiernos verdiblancos.
Como si fuera poco, Araya tiene 10
causas pendientes
en el Ministerio Público, porque no me genera confianza, porque
mucho se ha dicho de un presunto lucrativo negocio que hay a expensas
de cada adoquín puesto en los bulevares que él ha hecho construir
en San José. Y para rematar, se niega a asistir al debate que organiza Transparencia Internacional... ¿será que no le sirve que le saquen en cara todos los desmadres que ha protagonizado su partido por presuntos actos de corrupción?
Araya es cómplice de la debacle y la falta de credibilidad que
sufre el país desde hace años. La muy honorable gente que quedaba
en el PLN con alguna capacidad de cambio ya se fue, porque se dio
cuenta que ahí no hay nada qué hacer. Es una agrupación tomada por la
derecha casi neoliberal, al punto que su propio presidente, Bernal
Jiménez, lo reconoció tácitamente en una entrevista publicada en
La Nación hace unos 3 años (desgraciadamente la googlié y la busqué en
mis links y no encontré el artículo, pero lo recuerdo
perfectamente).
Seguimos con Otto Guevara... y aunque para estas
elecciones hubiera sido bueno para el Movimiento Libertario buscar
otra figura, lo cierto es que el gamonal de esa agrupación no suelta
el churuco y sigue presentándose como “el cambio”, cuando ya
todos sabemos que él es “más de lo mismo”. Otto no solo lleva
sobre sus hombros el pesado fardo de las cuentas fantasmas de la
pasada campaña política en las que presuntamente se favoreció,
sino que su discurso: sabido, cansón, predecible, incoherente y
elitista, impide que uno le crea media palabra.
Su capacidad en el Movimiento Libertario para liderar
quedó más que en tela de duda después de ver la bancada saliente
en la Asamblea Legislativa: diputados que ya no lo apoyan y una
fracción que se dividió y se volvió a dividir en diferentes
ocasiones, la más visible de ellas en la elección del directorio del pasado 8 de mayo. Otto no es sino un figurín, que hace anuncios de campaña
como si estuviera vendiendo combos de McDonalds o detergentes para
amas de casa. Alguien que piensa que con el mismo “mae chingo” de
hace 4 años podrá alcanzar resultados diferentes. En fin, para mí
Otto es un cero a la izquierda y de los candidatos con posibilidades,
lo peor que le podría pasar a este país es elegirlo a él.
Luego viene Villalta. Y aunque a José María le
admiro su tesón y empuje de juventud, me parece alguien en el fondo
sin pilares fuertes, sin coherencia ideológica (ya ahora recordó lo
que la Doctrina Social de la Iglesia dice y lo promulga sin tapujos en los debates).
Villalta puede tener el carisma en ciertos sectores, principalmente
entre la juventud, pero no tiene nada más. Carece de madurez, de
visión, de un equipo que lo acompañe y de un proyecto de país que
justifique su presidencia.
Un posible gobierno del Frente Amplio tiene un serio
problema: la incertidumbre de lo que se podría venir. Realmente no
sabemos qué esperar de un partido que solo ha tenido un diputado por
cuatrienio en Cuesta de Moras y ante posturas en las que se dice y se
desdice (como el aborto generalizado para las mujeres). A Villalta lo
dejó además muy mal parado la entrevista hecha por Alberto Padillaen CB24, donde demostró que le falta mucho colmillo ante
cuestionamientos ideológicos y que realmente está en pañales. Tal
vez en un futuro, cuando madure más y adquiera mayor experiencia,
sea una opción, pero por ahora no lo es.
Continuando con Rodolfo Piza, aunque sé que es de
derecha y que está indisolublemente vinculado con el PUSC, creo que
es un hombre que piensa, meticuloso y que conoce lo que está
hablando. Desgraciadamente su punto en contra es el
socialcristianismo, el haber sido ungido por su partido como
candidato bajo la bendición de los Calderón y los Rodríguez, que aunque escondidos, siguen teniendo poder y presencia en ese partido.
Cualquier cosa que venga de rojo y azul, por buena que sea, no es
opción por el simple hecho de que su partido le hizo demasiado mal a
la democracia de este país y más aún al sistema de partidos
políticos, en conjunto con la desfachatez del PLN. Los resabios del
bipartidismo del Siglo XX deberían quedar fuera para siempre, pero
la democracia es así, no lo que yo quiera o crea, sino lo que el
tico promedio dice e insiste, y es ahí donde nos jodemos normalmente
cada cuatro años.
Y luego viene el resto, candidatos en los que uno
puede sentir cierta simpatía, pero que uno sabe que no podrán
llegar ni a la vuelta de la esquina con sus partidos y apoyos, y que tampoco son muy conocidos, o bien, que por conocidos tampoco son opción (el caso de Justo Orozco es el más evidente). Así
que, una vez más, ante lo que hay, me parece que mi voto para
presidente será para la casilla rojiamarilla el 2 de febrero.
Ahora bien, sobre los diputados, tenemos casi el mismo
problema de siempre: ni idea de quiénes son. Permítanme
recordarles que mi domicilio electoral está en la Escuela Juan
Rafael Meoño, en mi querido y amado barrio El Llano, en el centro de
Alajuela (el mismo en el que nació y vivió uno de mis héroes
históricos, Carlos Luis Fallas). Y como voto en esta provincia, el
partido que ganará mi elección no será el PAC. La razón más
fuerte está en que el primer lugar del PAC por Alajuela es un señor
que ni siquiera es del cantón, del que me han hablado muy mal y que
no me merece mi mayor atención.
Pensaba, en un inicio, dar mi voto para diputado al
Frente Amplio, bajo el temor de que el PLN podría tener una mayoría
inmensa en la Asamblea y que harían falta diputados que “jodieran”
a un eventual gobierno de Johnny Araya a más no poder. Sin embargo, ya quedó claro que esto no será así
y que el Congreso quedará nuevamente muy dividido con un Frente Amplio con muchos diputados. Siendo así, y ante la
oferta que hay en Alajuela, me encontré con la agradable sorpresa de
que el cantautor, historiador y no sé qué más, Dionisio Cabal, está como candidato a diputado por el partido Alianza Patriótica (o
mejor dicho, lo que quedó del NO al TLC hace 7 años).
Don Dionisio tendrá mi voto para diputado porque es una persona con mucho conocimiento,
que sabe bastante de lo que es el costarricense, su forma de ver la
vida, su idiosincrasia y valores. De todos es al que mejor conozco,
me parece una persona muy coherente, y aunque yo no participe
necesariamente de todas sus posturas, sé que aportará algo que el
plenario legislativo perdió hace rato: prestigio y señorío.
Los demás partidos, más o menos por las razones ya
explicadas, no tendrán mi voto para diputados. No me voy a arriesgar
a dar mi “sí” a una persona que no tengo idea de quién es y que no sé si me
irá a representar bien o no y mucho menos a partidos desgastados o
cuyos diputados han convertido la Asamblea Legislativa en una
charanga y un circo, entre ellos, cierto legislador por Alajuela de
Liberación Nacional.
Esas son mis dos X para el otro año. Solo espero que
usted que me lee, se informe, analice, piense y luego de haber
rumiado esa información, decida lo mejor para esta muy alicaída
Costa Rica que ya se encuentra cerca de terminar en el precipicio si
no hacemos algo porque mejore.
Un nuevo 1° de enero en la madrugada llega y antes
de comenzar esta nueva edición de mi resumen anual de los últimos
12 meses, me puse a leer el comentario de hace un año para ver cómo
había cambiado todo y qué había quedado parecido... y tengo que
decir que aunque el 2013 que concluyó hace ya 3 horas no fue el
mejor año de mi vida, sí sirvió para algo que anhelaba 365 días
atrás: ponerme en marcha hacia algo que llene mi vida, aunque ese
“algo” no esté ya concretado. De hecho falta camino. Pero ya
avancé y eso es más que bueno.
Mucha esperanza me deja este 2013 aunque algunas
cosas no dan para tirar las campanas al vuelo. En el plano nacional
el saber que Johnny Araya no tiene tan adoquinado el camino hacia
Zapote en mayo, sinceramente me da para creer que la política
nacional puede tener un remezón, y que el costarricense, por una
nueva ocasión, tiene la oportunidad de dar un golpe de timón, a ver
si por fin dejamos esta modorra, estos 30 años de hacer NADA por
salir del subdesarrollo y de la desigualdad creciente.
En este año que empieza tenemos el chance de poder
cambiar las cosas. Ojalá la gente pobre, humilde y marginada, que ha
sido tan manipulada por la clase política de este país, se dé
cuenta que es hora de cambiar las cosas y que las falsas promesas de
frases como “Sí Costa Rica” y “Adelante” no hicieron más
que engañarnos y retroceder.
Si la Sele tiene un reto enorme en junio de este año
con el Mundial para vencer a tres grandes, es hora de que el tico
entienda que ante su nariz se presenta una responsabilidad de
derrotar a sus tres grandes verdugos: la falta de criterio, la
mediocridad y el engaño y reclamar lo que siempre ha sido suyo: el
derecho de vivir dignamente. No digo que un próximo gobierno vaya a
solucionar todos los problemas del país y a acabar con la pobreza
(eso sabemos que es utópico), pero sí es hora de que este país
comience a retomar la ruta al desarrollo si no quiere
“centroamericanizarse” (con el perdón de los hermanos
centroamericanos) y acabar como un país pobre, violento y con unos
poquísimos que lo tienen todo y una enorme mayoría que no tiene
absolutamente nada.
No me quiero extender mucho con el tema político
porque pronto vendrá otro post preelectoral para hablar del tema.
Solo espero y pido a Dios que nos dé MENTE para elegir lo que sea
mejor. Ojo, no digo que la selección esté fácil pero sí que la
misma debe ser hecha más con la cabeza que con otra cosa.
En lo internacional, la esperanza que dejó este 2013
para muchos tiene nombre y apellidos: se llama Jorge Mario Bergoglio,
o mejor dicho, el papa Francisco. En medio de los tiempos más
aciagos, cuando muchos católicos (quizá la mayoría) pensamos que
esto iba para abajo, al papa Benedicto XVI lo ilumina el Espíritu
Santo y, en un acto impresionante y tapabocas de humildad, decide
dejar el puesto de líder de la Iglesia Católica para alguien con
más fuerza, que pueda hacer el trabajo que él no pudo. Esto no
puede pasar por algo desapercibido, porque si la llegada de Francisco
ha sido un haz de luz para la Iglesia, esta misma inició con la
iluminación del pontífice alemán que tanto critiqué aquí mismo
en alguna ocasión. Lo de Joseph Ratzinger debe ser ensalzado y
reconocido aún por sus detractores.
El papa Francisco ha sido, como suele ser costumbre
en las cosas de Dios, algo demasiado bueno para ser creído. Hoy por
hoy, cuando escucho su nombre en la liturgia de las misas, siento un
orgullo indescriptible que se ve ensombrecido por el nombre del
obispo de mi diócesis que lo sigue. Pero quedándonos con lo hecho
con el primer Papa americano de la historia, su proceder significa
esperanza, un reverdecer, una primavera católica que todos vemos y
percibimos. Es más, Francisco nos deja mal al resto porque nos hace
ver como un montón de inútiles mediocres con sus palabras y más
aún con sus hechos.
El Papa, sin mucho regaño y con más obras que otra
cosa, nos enseña que la cosa aquí es hablando menos y haciendo más.
Ya Benedicto XVI había dejado bien asentadas las bases de la
teología moderna, ahora Dios dispuso que alguien que parece más un
cura de pueblo que un líder religioso (en el sentido de su humildad)
llegara a hablarle a la gente en el lenguaje que el ser humano actual
entiende y le gusta... y más aún, ama, porque el pueblo católico
necesita alguien sencillo para amar con sencillez.
Podría hablar mucho más sobre Francisco pero
tampoco quiero que mi comentario anual se extienda demasiado en él.
Solo les digo que cuando ese hombrecillo tímido salió por la
ventana del balcón vaticano el 13 de marzo y pidió la bendición de
la gente, cuando su nombre “Franciscus” resonó por los
altoparlantes de la plaza de San Pedro, cuando salió sin adornos ni
parafernalia, supe que todo había cambiado para siempre. Los
católicos estamos en los albores de ver la mejor época de nuestra
Iglesia en siglos, avanzamos curiosamente devolviéndonos a nuestras
raíces, y creo que si hay un momento para tener esperanza en nuestra
fe y su futuro, es ahora. ¡Viva el papa Francisco, viva la Iglesia y
viva el Espíritu Santo que es al final quien no deja que esto se
caiga!
Y el otro punto que justifica el título de este año
es más personal: una persona que llega de improviso a finales de
setiembre y, cuando yo pensaba que todo estaba perdido, que una
eventual nueva salida del país era más que deseable para el 2014,
cuando creía que en serio me quedaría abrazando la soledad de por
vida por lo dañado que había quedado tras el paso de Francia y
cierta experiencia adicional, ella irrumpe en mi vida y me hace una
revolución que este 1° de enero a las 00:00 horas firmé como una
nueva relación que espero llegue a excelente término. Se trata de
una mujer que llegó no solo a “moverme el piso” sino también a
poner mi vida en orden. Su fuerza, su decisión, su entusiasmo, su
alegría, su espiritualidad, su energía y muchas cosas más que
mejor no enumero para no parecer “meloso” fueron como un bálsamo
para un momento en que mis fuerzas flaqueaban y mi desgano por
quedarme aquí aumentaba. A ella gracias porque, sin proponérselo,
pintó de colores nuevamente mis días y me da motivos para soñar un
nuevo sueño.
Finalmente pero no menos importante para tener
esperanza, en octubre se nos anuncia la llegada de un nuevo miembro
(o más bien, nueva) a la familia: la ansiada sobrina, la primera, me
hará tío en condición inédita, algo que sin duda me será una
experiencia que alimentará mi propia humanidad. Si lo de cambiar
pañales y “chinear” chiquitos nunca fue algo cercano, parece que
ahora sí lo será. María Paula es una gran bendición de Dios para
nuestra familia y desde ya con ansias esperamos tenerla con nosotros
para amarla, presumiblemente en julio.
Ahora bien, todo eso no quiere decir que el 2013
fuera un lecho de rosas. Estoy sacando lo positivo porque el balance
de este año que concluye es, a Dios gracias, favorable. Pero hubo y
siguen habiendo momentos de monotonía, circunstancias en que sentí
que me “venía abajo” y por gracia de Dios ahí estuvieron mi
familia, mis amigos de verdad (tan pocos como valiosos) y una palabra
de aliento dicha en el momento justo.
Profesionalmente este que termina fue un año de
“permanencia” que espero que deje un poco ese estado de
tranquilidad para darme algo que me apasione. No soy malagradecido y
agradezco a Dios todos los santos días el tener un trabajo agradable
y con un ambiente laboral que se lo desea más de una redacción de
medios en este país, pero creo que yo puedo dar más y que estoy
para más. Ese punto también puede ser visto desde la esperanza de
que pronto me encontraré con lo que quiero hacer y que además sé
que puedo hacer.
En lo demás, el 2013 deja retos a nivel de familia y
de luchas que habrá que dar... nada raro para mí, que sin pleitos y
dificultades a vencer no estoy contento. Un año que termina en el
que se cumplió mi deseo de 12 meses atrás: estabilizarme, dejar un
poco de lado el fantasma francés que, no voy a negar, sigue
visitándome de vez en cuando para atacarme con nostalgia, aunque
creo que desde noviembre encontré el antídoto para vencerlo.
Creo que el espíritu del fallecido Mandela, sin duda
la muerte más dolorosa para el mundo que tuvimos en este año que
terminó, debería impactarnos a todos por igual para tratar de ver
si salvamos esta debacle: una lucha incansable contra lo que parece
sentenciado, un reverdecer de humanidad y de creer que, pese a lo
improbable y utópico, si realmente todos actuamos se pueden lograr
grandes cambios. Desgraciadamente eso no depende de mí sino del
resto y si ese resto no actúa, nada importante puede lograrse. De
ahí mi pesimismo de siempre: no porque mejorar este país sea per sé
imposible, sino porque aveces parece que la gente quiere seguir con
su modorra y su mediocridad. Y a mí pocas cosas me sacan más de
quicio que la gente que se cree bruta y se niega a sí misma un
futuro mejor.
Costa Rica solo cambiará si esa mentalidad
subdesarrollada del conformismo y el pobrecito desaparecen de nuestra
esquema mental. Solo si, como Mandela, somos capaces de rebelarnos de
nuestra acostumbrada falsa comodidad y nos atrevemos a ser y a exigir
más. Por eso es que mi perspectiva ante el 2014, si bien es mesurada
y hasta gris, también deja pie a que las cosas puedan cambiar.
Porque si en el 2013 hubo tantos factores pequeños que dieron luz al
mundo y a mi existencia, creo que algo parecido aunque en menor
escala podría presentarse si todos nos negamos a que nos sigan
viendo la cara de idiotas. Pero eso depende de mí, de usted y de la
gente que usted tiene a su entorno.
Es hora de que los políticos de turno dejen de verle
la cara al pueblo de tonto y que el propio pueblo, primer culpable de
todas sus desgracias, golpee la mesa y haga saber que es hora de ser
manejado con dignidad. Si y solo si los costarricenses nos decidimos
a ser mejores, se logrará. De lo contrario, lo único que se
conseguirá en este 2014 será agrandar la bomba de tiempo que
venimos gestando todos como sociedad hace unas tres décadas.
Del año que empieza no espero demasiado, pero lo
poco que espero lo anhelo con entusiasmo. Sé que podría no ser
fácil (la salud de mi abuela de 98 años encabeza una de mis mayores
preocupaciones, de hecho casi casi se nos va en agosto) y que sus
complicaciones tendrá. Pero confío en que mis nuevos retos, las
nuevas experiencias y los nuevos logros serán suficientes para tener
un nuevo año mejor que sus dos antecesores.
Para concluir esta experiencia que creo que llega ya
a su octavo año solo puedo pensar en que la vida esta hecha para
vivirse, por redundante que esto suene. Que quien no sueña muerto
está y que, como había dicho anteriormente, con base en sueños se
construye la realidad deseada. Dios no desampara a nadie y menos aún
a quien pone todas sus energías en lo que quiere. Es por ello que
busco mejores 12 meses a partir de ahora. Quiero más novedad y menos
modorra. Quiero nuevos retos y perfeccionar mi mente y espíritu. Ya
tengo un proyecto nuevo en mi vida que me apasiona y que me hará
luchar por él en el futuro cercano. Me gustaría lo mismo para la
sociedad y el país, aunque ya eso escapa de mi poder.
A usted que tiene la paciencia de leer estas líneas,
atrévase a ir más allá. No se trata de una mentalidad de autoayuda
falsa y sosa, sino de decisiones a tomar, la más importante de ellas
posiblemente el 2 de febrero que casi tenemos encima. En un mes
decidiremos cómo nos gobernaremos en los próximos cuatro años.
Tome su rato y medite su voto, sea crítico, sea analítico y motive
a los otros a hacer lo mismo.
Saludos gente. Realmente les deseo un promisorio
2014. Que todo lo que suceda, aunque sea triste o “feo” sea para
bien. Porque en esta vida hasta a los factores oscuros hay que
saberles dar luz.
Si hay un tema a lo largo de mi vida que me ha
intrigado, provocado primero miedo, luego curiosidad y últimamente
regocijo es el tema de la muerte. Y ¿qué mejor fecha que esta para
hablar sobre ese fin que en realidad no es un fin, sino una mudanza?
Le robo esta concepción a Facundo Cabral (a quien imagino en el
cielo haciendo coplas y conciertos para el regocijo de todos) para
tocar un tema que no es ni de realidad nacional ni personal, pero sí
que me encanta y apasiona: la muerte.
La muerte, señoras y señores, se puede ver de dos
formas: sin Dios, es decir, engañándose y creyendo que cuando
cerremos los ojos por última vez todo acabará y uniremos nuestra
materia inerte a la del resto del universo... o bien, como la fe
cristiana lo ha señalado desde hace unos 1970 años (o más si
juntamos las creencias judías): un paso, una pascua hacia la
definitiva y final vida, que será la que nos espera al otro lado.
Entender la muerte sin Dios debe ser desesperante...
el solo imaginar morir y que todo se acaba me estremece porque,
después de todo, no tendría ningún sentido ni trascendencia
nuestra existencia. En cambio, la muerte con Dios no solo tiene
sentido sino que forma parte de su creación, haciéndola hermosa,
necesaria y enriquecedora.
“La hermana muerte” la apodó san Francisco.
Claro que hay que llamarla con cariño. Porque al final su misión es
solo una: recordarnos que somos imperfectos y necesitados, frágiles
y finitos. Pero a la vez, darnos ese pasaporte hacia la vida que
nunca acaba.
Ahora bien, el momento en que nuestra alma se separe
de nuestro cuerpo también nos impone (a los que creemos) hacernos un
balance de cómo anda la cosa por acá. Teológicamente debemos tener
claro que no se trata de “portarnos bien para ir al cielo” (error
que durante mucho tiempo la Iglesia se encargó de difundir). Por
mejor que nos “portemos” jamás seremos dignos de merecer tan
grande dicha. Es obvio que la resurrección es un regalo dado por
Dios que nadie jamás podría “comprar” con buenas obras. Lo que
sí es necesario es vivir en concordancia con la voluntad de Dios, o
más simplemente, vivir amando. Pero ese es un tema que quedará para
otro día.
La muerte es sinónimo de vida, de libertad, de
plenitud... de dicha. Si en mi encuentro personal con Cristo que
describí en mi último post dije que había sentido la alegría más
grande de mi vida, asumo que el cielo es un millón de veces eso.
Porque mis amigos: sí hay un más allá. Y no solo me respalda mi
fe, aunque sí me basta. Existen miles de testimonios de gente
(algunos de ellos conocidos) que han tenido una experiencia cercana a
ese paso: el alma que se despega del cuerpo, la percepción de verlo
todo “desde arriba” e incluso, de ver otro lugar después de eso:
un tunel, un campo verde, conversar con personas que partieron antes
y la percepción de tener que regresar “a terminar algo”.
Incluso, muchos de ellos describen lo que había a su alrededor a
pesar de no tener signos vitales, y obviamente, la capacidad de
percibir con sus sentidos.
Algunos dicen que las experiencias cercanas a la
muerte es el “último respiro” de las neuronas antes que todo se
apague. Pues ¡qué capacidad del cerebro! Ir más allá de la
percepción normal para describir cosas e imágenes que son narradas
como “más reales que lo que vemos en nuestra realidad”, con lujo
de detalles, sin que ya en el cuerpo nada funcione.
El mito del fin con la muerte es eso: un mito.
Perdone usted si cree o no cree, pero ese asunto es tan real como la
ley de la gravedad. ¿Que no está científicamente “probado”
pese a las investigaciones neurológicas que concluyen cosas que no
se explican? Claro. Resulta difícil hacer un “estudio” desde el
otro lado. Pero en fin, creamos o no, hay una gran verdad: ese
momento nos llegará a todos e imagino que, desde el otro lado, más
de uno me dirá “tenías razón”.
Pienso en el momento de mi muerte todos los días.
¿Que estoy loco? No. Simplemente se trata de recordar cómo estoy
actuando a diario para que ese instante no me tome del todo
desprevenido. La pregunta que nos harán del otro lado será: ¿cuánto
amaste? Y de eso dependerá el que realmente queramos estar en ese
lugar tan lindo y especial... o que estemos lejos del mismo, para
siempre.
No me creo santo (estoy lejísimos de ese estado)
pero sí creo que si la muerte me sorprendiera hoy pasaría
“raspando” para ver a ese Ser que me pensó y amó tanto, desde
el inicio hasta el fin de mi vida en esta tierra. Dios sabe que si he
actuado mal en el fondo no es porque lo odie a Él o a mi prójimo,
sino porque en el fondo estoy en búsqueda de mi felicidad, de una
forma no correcta tal vez, pero en ningún caso mal intencionada. Y
si el asunto funciona como decía San Pedro: “un poco de amor cubre
multitud de faltas” entonces creo que con eso y con la misericordia
de Dios, llegaré a la meta de la que tanto habló Pablo el grande.
Claro, eso me hace cuestionarme qué pasará con
quienes dedicaron su vida terrena a hacerle el mal a los demás: a
robar, a la deshonestidad, a acumular poder y riqueza en detrimento
de quienes no tienen nada (el evangelio del rico y el pobre Lázaro),
a quienes maltrataron, abusaron, torturaron y mataron. A quienes
fomentaron el hambre, las guerras, las enfermedades (por no luchar
contra ellas). En fin, a todos los que se dedicaron a odiar en lugar
de amar. Pronóstico reservado, aunque sí, aún para ellos hay
misericordia si se da un arrepentimiento seguido de la conversión.
Entrada a la cripta donde reposa el cuerpo incorrupto de (san)
Padre Pío. Como pueden ver el lugar es completamente dorado
lo cual simboliza la resurrección en lugar de tonos oscuros.
Es por eso que en este post quería dejar un mensaje
póstumo para cuando a me toque abordar ese tren que me llevará a un
destino final y definitivo:
“Quiero decirles que sin duda, donde estoy ahora
estoy mejor que donde estuve. Que viví la vida con amor, con
emoción, con pasión (a veces quizá con demasiada) y con temor y
amor a Dios. Quiero que sepan que los llevaré a todos en mis
oraciones, y que aunque sé que mi falta les duele, el consuelo de
saber que estamos unidos por medio de un único y mismo Dios debería
bastar para reconforarlos. Que la comunión de los santos en la cual
creemos no son simples palabras, sino que así funciona la eternidad.
Y que, por sobre todas las cosas, el amor nunca terminará. Por lo
tanto sean valientes y sigan viviendo que aunque no físicamente, yo
también los acompañaré junto con el Señor hasta el fin de sus
días.
Sonrían, porque a pesar de la tristeza que pueda
embargarles mi falta, en mi vida terrena siempre traté de hacer
sonreír a la gente. Creo que lo mejor que podemos hacer, mientras
tenemos tiempo, es dar felicidad. La sonrisa es la muestra inequívoca
de un corazón que tiene amor, y sin amor la vida se vuelve vacía,
porque al final, el amor fue nuestro comienzo y será nuestro
destino”.
Termino con una canción de Martín Valverde que creo que engloba todo este tema y la cual invito a ustedes a escucharla. Se llama: "No se han ido del todo" y creo que es muy apropiada para concluir este comentario.
Voy a contarles una historia, LA
historia, MI historia. Quizá no lo hice antes porque no quería
estropearla, porque no tenía aún la madurez para pasarla en
palabras. Es la razón que justifica el motivo que me hace creer, esperar y amar. La explicación de estar tan agradecido con Dios, que como dice el
salmo: “Me sacó de la fosa fatal”. Esta, señoras y señores, es
la narración de un camino lleno de piedras, de un valle que casi
llega a ser de muerte, de un abrazo, lágrimas y una conversación
que lo cambiaron todo... Esta es la historia de mi Encuentro Personal
con Cristo (EPC).
Antes de entrar en materia quiero hacer
una aclaración. Lo que usted leerá (si se atreve) a continuación
no es ni dogma de la Iglesia, ni ha sido comprobado por científicos,
ni tampoco ha sido estudiado por psicólogos, psiquiatras o físicos
cuánticos. Se trata siemplemente de mi relato, de algo que viví y
que, 15 años después (la mitad de mi edad actual) quiero
compartírselos. Aquí no se trata de buscar una explicación (ya
desistí de encontrarla), se trata, simplemente, de dar a conocer la
razón por la que me siento tan agradecido con Dios, con quien tengo
razones de sobra para amarlo y sentirme amado, aunque aveces la vida
no “me la ponga” tan fácil.
Comenzando por el principio, acepto que
provengo de dos familias muy católicas, y más allá de ir a misa
los domingos, muy practicantes de la esencia del cristianismo: mis
tías Mora de Turrialba, tan dedicadas a Dios como les es posible, me
regalaron varios de los conocimientos que tengo desde niño sobre la
fe. Los Vargas, por su parte, con la alegría que les caracteriza, me
mostraron un Dios que no tiene por qué ser aburrido. Sin embargo, y
como ya verán, faltaba algo: la experiencia del amor más grande que
uno pueda imaginarse.
“Curiosamente” desde pequeño fui
víctima en varios momentos de mi vida que estuvieron llenos de burlas y
discriminaciones... eso que ahora llaman muy gringamente “bullying”.
Para ser exactos, mi infancia fue particularmente triste en primer,
cuarto, quinto y sexto grado. Mis compañeros, posiblemente sin
proponérselo conscientemente, hacían mofa de mi gordura (era una
bolita con patas en aquel tiempo) y de mi tal vez excesiva blancura
de piel (eso nunca se me quitó ni se me va a quitar...). Por lo
tanto apodos iban y venían, incluso canciones de mofa y otras cosas
que un niño en pleno desarrollo no agradece para su autoestima.
Esto, tengo que aclarar, lo digo porque definitivamente me marcó
negativamente en mi amor propio y abrió una herida que se hizo más
y más grande con el pasar del tiempo.
Importante destacar aquí que cuando
estaba pequeño ODIABA ir a misa en Turrialba, donde viví hasta mis 13 años. Realmente me daba una
pereza inigualable, motivada además por lo aburridos que eran los
padres y sus homilías. Tanto así, que llegué a detestar los
domingos solo por el hecho de tener que estar en misa de 6, con el
“combo” de “ir a hacer” que rezaba el rosario donde mi
familia paterna. Para mí era lo más cercano a la
obligación de vivir la fe de una forma monótona que en lugar de
acercarme, más bien me alejaba. Tal vez lo único que me gustaba
era la Semana Santa, por su teatro más que por lo que celebraba.
Cuando mi familia decidió mudarse de
Turrialba para Alajuela (donde dejé mi ombligo), un 29 de diciembre del 96, yo acababa de
tener por fin un grupo agradable (el de sétimo del cole) y aunque me
dolió dejar a mis amigos, supuse que el cambio de ciudad también
serviría para dejar atrás todos aquellos malos recuerdos. Error.
Solo empeorarían...
Llegando a Alajuela e ingresando a
octavo, entré con un grupo de compañeros, que, digamos, no hacían
mucha gala de ser muy maduros (bueno, qué se le puede pedir a un
grupo de mocosos de 14 años...). El ser nuevo no jugó a mi favor y
más bien empecé a sentirme “apartado” por mucha gente de mi
sección. Tenía un par de compas y listo. Las burlas volvieron, tal
vez por envidias académicas, como ocurrió en la escuela y eso dolía
y más aún en plena adolescencia.
Llegó el año 98 y quiso “el
destino” que me cambiaran de sección. Al principio pensé en
quedarme en el antiguo grupo, pero “algo” me motivó a ver qué
pasaba con compañeros nuevos. La nueva sección se veía mucho más
unida que la que acababa de dejar y prometía ser lo que andaba
buscando.
Al mismo tiempo y como dicta la
costumbre católica, empecé mis catequesis de Confirmación en La
Agonía de Alajuela, esa iglesia que hasta ese momento admiraba por
dos cosas básicas: su belleza de arquitectura y que los curas
lograban que no me durmiera en misa. Una vez adentro, una de mis
compañeritas de Confirmación me cautivó... me enamoró y me hizo
suspirar. Nunca supe si era correspondido o no, lo cierto del caso es
que ella, sin saberlo, jugaría un papel también muy importante. Ah,
y también estaba mi catequista, una tal Martha Rojas, una señora
muy buena pero que era capaz de aburrirme rápidamente en las
clases... luego verán la sorpresa que ella me dió.
Volvemos al colegio. Mis compañeros,
que prometían ser amistosos, desde el principio no lo fueron.
Recuerdo que una vez me dijeron, sin que yo entendiera los motivos,
que era muy “rajón” (y nunca me dieron ejemplos para
justificarlo). Entonces, me uní al grupo de los “pintillas”
quienes me recibieron con los brazos abiertos... aunque fuera para
ser su bufón.
Rápidamente, mi nuevo grupo de
“compas” me demostraron que me querían más para que les hiciera
favores como dejarlos copiar mis exámenes o tareas, que por un
interés de amistad sincero. Igual no tenía mucha opción: era o
estar con ellos o estar solo. Y como estar solo cuando tenés 15 años
y vas al “cole” es casi una maldición social, tomé encima los
riesgos y maltratos y decidí irme por la primera opción. Yo les servía
de motivo de risa, de burla. Quizá porque siempre fui muy inocente,
porque en serio siempre pretendí, simplemente, llevarme bien con la
gente y porque, en el fondo, me creía todas sus burlas y ofensas.
Las heridas las arrastraba desde pequeño y ahí simplemente se
agrandaron.
Así viví los primeros seis meses de
aquel año. Mi única ilusión real era la chiquilla de los sábados
en la tarde. Ella era quien me ponía contento, ilusionado... el
resto iba cada vez peor. Lo “mejor” era que me daba razones como
para creer, tal vez más en mi mente que en los hechos, que sí había
algún tipo de correspondencia o al menos de interés. Nunca lo supe
y moriré sin saberlo.
Por ahí como de julio, se hizo en mi
colegio algo que ya era como tradición: la venta de globos de
colores con una tarjetita de dedicatoria. Me explico: el rojo era de amor, el rosado para alguien que
a uno le gustaba, el blanco de amistad... y el negro de odio. Siempre
me preguntaba quién sería capaz de regalar una bomba negra a otra
persona. Me parecía cruel. Pues bien, un buen día estando en clase
de español llegó una muchacha a repartir los globos... habían un
par de rojos, un poco de rosados y... uno negro. Se repartieron todos
y el negro quedó para el final. “Pablo Mora” dijo ella... el que
faltaba era para mí... una bomba negra para mí. Cuando ví la
tarjeta para ver quién me lo mandaba, decía “de sus compañeros
de sección”. Me negaba a creer que en serio fueran capaces todos
de algo así. Pero tuve que pasar por la humillación de recogerlo en
frente de todos. Cuando me senté en el pupitre de nuevo uno de los
de mi pandilla me dijo “mae no haga caso, son un montón de
idiotas”, aunque él mismo me hacía sentir a mí como un idiota.
En las siguientes semanas empecé a
alejarme de todo el mundo. Empecé a deprimirme. Había hecho desde
antes muchos esfuerzos por ser aceptado, al punto de adelgazar
dejando de desayunar y quedar todo “jalado”, pero nada
funcionaba. La tristeza se me notaba porque mis papás se comenzaron
a preocupar. Y en todo esto ¿Dios? Ocupado con otros asuntos,
gracias. La única figura celestial que sentía medio cercana era la
Virgen, tal vez por su figura materna, pero nada más.
Realmente me sentía solo, muy solo. La
soledad nunca me ha incomodado y más bien ha solido ser buena
compañera para reflexionar, pero ese sentimiento que tenía por esas
fechas era soledad mezclada con pésima autoestima, sumada a rechazo
social... a sentirme una mierda y menos que eso.
Una mañana recuerdo que llegué al
colegio y el mae que era “más cercano” a mí me dio una broma
que yo no agradecí y eso me costó un fuerte golpe en el hombro. El
dolor del golpe fue nada a la par de la tristeza que me produjo. Fue
como sentir que nisiquiera la persona que se decía “mi mejor
amigo”, a quien tanto le había explicado materia o estudiado junto
a él, me apreciaba, nisiquiera por eso...
Llegó el 15 de agosto, un sábado. Y
aquí, gente, es cuando todo empieza. Ese Día de la Madre mi mamá
me trató de convencer, sin éxito y hasta el cansancio, de ir a la
tradicional fiesta familiar. Una tía llegó después y tampoco lo
logró. Yo estaba demasiado triste, demasiado sin esperanza y sin
razón de vivir como para hacer la pantomima al frente de toda mi
familia de que todo estaba bien. Recuerdo perfectamente estar en el
patio de la casa, intentando hacer unos problemas de mate, cuando mis
ojos se llenaron de lágrimas. Lloré desconsoladamente sobre el
libro. Me sentía mal, como nunca de mal, triste, vacío, en un hueco
sin luz ni salida, lejos de cualquier tipo de cariño a pesar de que
mi familia se preocupaba, pero eso no me bastaba. Lloraba y lloraba
porque en serio me sentía tonto, feo, incapaz de merecer cualquier
tipo de reconociento de amor.
Cuando paré un poco de llorar, fui al
baño de mis papás a secarme las lágrimas. De camino, en la mesita de noche
estaba un cuadro de un “Señor confío en Tí” con un Jesús que
siempre ve a los ojos. Yo, al mirarlo, sentí la cólera más grande
que nunca sentí... y empecé a insultarlo (luego me daría cuenta
que estaba haciendo también la oración más sincera que nunca
hice). Le dije cosas “suavecitas” como “Vos sos una mierda, su
amor no existe, si realmente existiera yo no estaría así. Usted es
un engaño, una falacia, una mentira, usted realmente no existe y su
amor tampoco!!! Todo lo que me han dicho siempre sobre usted, su amor
y su bondad es pura basura”... en fin, todo lo que mi tristeza y mi
ira podían inspirarme. Seguí, me senté sobre la tapa de la taza
del inodoro y otra vez volví a llorar amargamente. En ese momento me acordé que
sabía perfectamente dónde estaban las pastillas en mi casa. Sí, en
ese momento pensé en que lo mejor sería suicidarme y acabar con
todo de una vez por todas. Pero “algo” pasó, tal vez el miedo,
pero en todo caso Dios, que me desmotivó a ir a buscarlas. Siempre
he logrado lo que me propongo con todas mis ganas y si hubiera
procedido estoy seguro que hubiera conseguido una buena intoxicación
que tal vez me hubiera llevado a la muerte.
Todo lo que recuerdo después es muy
oscuro. Al final terminé yendo a la fiesta del Día de la Madre,
todo para ir a llorar y para terminar de entristecer más a mi
familia, y preocuparla. Pasó ese día...
Esa semana fui oficialmente ateo. Fui
al colegio estrictamente a oir las clases y las únicas veces que
hablaba era para hacer preguntas a los profesores. Pasaba solo en los
recreos, alejados de todos y de todo. No quería saber nada de nadie
más. Volvía a mi casa, casi no comía y cuando llegaba me encerraba
en el cuarto sin tener tampoco contacto con mis papás o hermanos.
Como ven, diagnóstico: depresión severa. Si mal no recuerdo esa
misma semana habían exámenes. Ya se imaginarán cómo fui a
hacerlos...
Por fin llegó el viernes 21 de
agosto... que fue lo más parecido al inicio de mi Triduo Pascual
personal y tuvo connotación de Viernes Santo. El día en que nos
íbamos para un dichoso retiro que era requisito para confirmarse. ¡Qué remedio! Al menos saldría un rato de aquella realidad tan
horrible. Para ese momento mi única esperanza, lo único que le daba
sentido a seguir viviendo era la chiquilla que tanto me gustaba de la
Confirmación y la esperanza de que, tal vez, podría lograr algo con
ella en ese fin de semana. Cuando llegué del cole al bus que nos
llevaría al antiguo Colegio Saint Claire (ahora U Católica, en
Moravia), le pedí a mi “compa” más cercano de la confirma que
se sentara a la par mía pero que cuando la viera “a ella” se
fuera. Así lo hizo, solo que “ella” se sentó justo atrás...
con otro compañero que tenía como 5 años más que yo y que hasta
ese momento me caía bastante mal.
Lo que pasó en el viaje desde La
Agonía hasta el lugar del retiro fue lo más parecido a una broma
macabra. El chofer se perdió en el camino y la tarde se hizo noche.
Y desde los asientos detrás de mí se empezaron a oir risitas y
sonidos de besos... sobraba decir que yo me sentía verdaderamente
mal, ya sin ganas de nada, solo de llorar y de terminar esto cuanto
antes. Al llegar al Saint Claire yo solo quería que se acabara “esa
estupidez” llamada retiro y que pudiera devolverme a mi casa, ahora
sí, a matarme. Estaba clarísimo que oficialmente mi existencia no tenía
razón de ser. Me sentía engañado por mí mismo, humillado por mi
propia estupidez y en el fondo de un pozo muy profundo del que ya no
iba a poder salir más.
Recuerdo que ese viernes nos recibieron
con un montón de globos rojos pegados en las paredes y cada uno tenía
una cita bíblica para nosotros y que, redactando estas
líneas, me acabo de dar cuenta que perdí... pero decía algo así
como que “Yo te tengo en mis manos”. Ni le puse atención, no
estaba para “panderetadas” y lo guardé en la bolsa del pantalón.
Terminó ese trágico día y vendría EL 22 de agosto.
Era sábado en la mañana. Llamé a mi casa
(cosa en teoría prohibida) para hacerle saber a mi mamá cuánto
quería salir de ahí. A la pobre aquello por supuesto que la
desanimó, porque estaba haciendo mucha oración por mí como para darse cuenta que no estaba funcionando. Por otra parte, no era nada
lindo ver a la chiquilla que tanto me había hecho suspirar, para
arriba y para abajo con su nuevo amiguito. Y aunque yo trataba de
aparentar que estaba bien, pues por dentro iba la procesión.
El retiro (para los que ya han estado
en uno) era kerigmático y hecho por la Renovación Carismática, de
la cual no sabía nada hasta ese momento. Hay una secuencia temática
que sigue, algo así como el pecado, el perdón, la reconciliación,
el amor de Dios etc. En la tarde, un padre, para mí un santo, llamado Rodrigo y
redentorista de mi parroquia, fue a darnos una charla del perdón,
bonita sí, pero para mí hasta ahí. Cuando me dí cuenta, otra de
mis compañeras de grupo de Confirmación estaba llorando sobre mi
hombro. Alguna cosa para motivarla le habré dicho en ese momento (sí, el diablo
vendiendo escapularios) y como que "le llegó". Me abrazó y me
agradeció por hacerle entender que ella era más que el problema por
el que estaba pasando. Eso me sorprendió porque fue como descubrir
que yo todavía servía para algo. En fin... una pausa en la caída.
Y cayó el atardecer de ese 22 de
agosto de 1998. Recuerdo que en las charlas solo estaba callado, ni
prestando atención a lo que decían quienes estaban encargados de
los temas. En ese momento un señor de colochos, flaco y alto, estaba
hablando de la reconciliación. Empezó a lo que los carismáticos
llaman “hablar en lenguas” (en lo cual personalmente creo aunque
también pienso que algunos lo payasean al punto de quitarle su
verdadera profundidad). En medio de todo, él nos invitó a que nos
diéramos un abrazo de paz, como se hace en las misas. Así lo
hicimos mis compañeros y yo, que estábamos sentados en la misma
banca. En eso, una compañera tuvo la feliz idea de decir “ey vamos
a darle la paz a doña Martha (la catequista)”.
Fuimos, doña Martha estaba atrás del
gran salón. Serían como las 6 de la tarde. Para mi sorpresa, las
primeras compañeras que daban el abrazo de paz a doña Martha hablaban con
ella y lloraban como desconsoladas. Eso me pareció MUY raro aunque
supuse que algún problema tendrían y que ella les decía algo para
consolarlas....
En fin, llegó mi turno. Y lo que pasó
se los cuento tal y como lo recuerdo. Yo nada más dije: "La paz doña Mar..." y no pude terminar. Doña Martha me abrazó y me
dijo “Pablito, Dios te ama, a Él no le importa que seas flaco,
blanco, con el pelo hecho un desastre, no le importa lo que otros
hayan dicho, eres valioso para Él”. Al mismo tiempo que ella me
decía todo eso, yo empecé a llorar mucho, tanto como jamás lo
había hecho... pero lo raro es que no era un llanto de tristeza,
sino de alegría. Y a la vez, sentía como un amor (EL AMOR) que me
llenaba el alma. Y en medio de la felicidad incomparable que sentía,
de aquél éxtasis, yo no entendía un carajo qué ocurría. Era como
si me hubieran dado un shock pero de amor, de cariño, de
comprensión, ese abrazo que tanto había buscado. Cuánto tiempo
duró aquello, sería mentirles si les digo. Para mí fue como de
varios minutos aunque posiblemente solo tardó unos segundos. En ese
momento también se me vino a la mente el cuadro del “Señor confío
en Tí” con el que me había peleado exactamente una semana
atrás... y aún seguía sin comprender.
Cuando por fin solté a doña Martha mi
mente solo daba tumbos. Me pregunté a mí mismo cómo era posible
que esa señora, esa catequista, que me aburría sábado a sábado,
por buena gente que fuera supiera todas esas cosas de mí, conociera
todos mis complejos y mi falta de autoestima, cosas que ni mis papás sabían. Y ¿qué era aquél
sentimiento de alegría y amor que percibía? No entendía. Y justo
en ese momento sentí una voz no física que me dijo en mi alma “Pablo,
el que te habló no fue Martha... fui YO”. No les miento, juro que
ese YO lo ví en mayúsculas, negrita y subrayado. ¡No podía creer
que fuera el mismo Dios el que había hecho todo eso! ¡Dios me había
respondido! Y ahí volví a llorar, de nuevo de la alegría. No tuve
chance de sentirme indigno No me dejó pedirle perdón por lo dicho.
Simplemente me dio su amor.
Fue entonces cuando me hizo entender
muchas cosas: por qué la gente lo alababa o lo adoraba, que era por
agradecimiento a Su amor. Sacó de mí muchas tonteras que la Nueva
Era me había metido en la cabeza (estuve muy interesado en ese tema
al empezar mi adolescencia) y en fin, me seguía hablando al corazón,
diciéndome lo importante que yo era y que de ahora en adelante todo
sería diferente. Todo eso pasaba mientras la charla continuaba, pero
yo solo recuerdo estar viendo el piso, sentado en la banca, sin decir
nada y todavía lagrimeando. Había tenido un Encuentro Personal con
Cristo.
Varias cosas me sorprendieron
instantáneamente: primero, que Dios SIEMPRE estuvo ahí. Segundo,
que NUNCA me abandonó. Tercero, que Dios está mucho más cerca y
dispuesto de lo que uno cree, que es cuestión de llamarlo y Él
responde (cosa que desgraciadamente tiendo a olvidar). Además me
dejó perplejo lo misericordioso que es, que está ahí, simplemente,
esperando para amarnos y perdonarnos sin darnos tiempo.
Cuando pasó ese rato tocó ir a la
cena. Había perdido el equilibrio y no podía caminar sin la ayuda
de mis compañeros. No tengo motivos para exagerar esto, así
ocurrió. Me da risa acordarme de verme enrollar los macarrones. La mano me temblaba. Pero no me importaba, porque una
alegría, una felicidad, un amor que no se apagaba había llegado y
se quedaría ahí por muchas semanas más.
Lo que terminó de pasar esa noche ya
va más en lo anecdótico. Hubo una oración llamada “de sanación”
en la que doña Martha (ahora pasada a ser una especie de Mujer
Maravilla) decía “El Señor está curando a fulanita de tal de una
herida porque su mamá quiso abortarla de bebé” y la chavala que
estaba detrás mío rompía a llorar y a gritar. O si no, “Dios
está curando de la drogadicción a fulanito de tal” y por allá
alguien también sacaba el violín. Esa noche me dí cuenta de las
cosas enormes que Dios puede hacer cuando el ser humano le abre el
corazón. Y ¿cómo no? Yo era el vivo ejemplo.
Aquella noche fue LA fiesta. Dimos
“serenata” a nuestras compañeras, corríamos sin camisa por todo
el Saint Claire, nos reíamos y para mí era evidente que yo no era
el único que había tenido una experiencia espiritual única. Ya
para mí no era problema exhibir mi blancura o flacura... daba igual,
Dios me amaba. Y desde entonces, ese pasó a ser mi mejor antídoto
para hacerme inmune a las burlas, chotas o críticas.
El domingo fue un día full Espíritu
Santo, lo cual además coincidía con el año 98, dedicado a la
Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Recuerdo que la mañana de
ese día, de ese 23 de agosto, nos levantaron temprano y nos mandaron
a hacer oración en el bosque que tenía el Saint Claire. La mañana
de aquél día había comenzado y el sol que había, rodeado de una
espesa neblina, me decía que ya mi vida no sería igual, que todo
había cambiado, que todo era nuevo. Yo feliz de tener mi nuevo
Amigo, el que nunca me iba a fallar ni a dejar.
Ese domingo fue más que bueno, fue
excelente. Era mi Pascua personal, con Vigilia de Resurrección
incluida. Reí, jugué, gocé, saqué el jugo de las charlas como
nunca, me sentía nuevo, diferente, especial. Cantábamos en el bus
de vuelta a Alajuela y creo que todos estábamos en la misma
sintonía. El “pandereta” que tanto había criticado antes ahora era
yo. Y al llegar a mi hermosa Agonía puedo decirles que nunca vi ese templo tan lindo. aunque estoy seguro que solo tenía unos cuantos arreglos florales,
pero para mí era como si hubieran gastado una millonada en
arreglarla, porque se veía preciosa. Con solo entrar, otra vez las
lágrimas de alegría. Después mi mamá me contó que, al verme
llorar a la entrada de la misa de recibimiento, ella se asustó mucho
porque pensó que el retiro “no había funcionado”. Mi tío, que
estaba a la par de ella, le dijo “no se asuste, a ese mae Alguien
le pegó un mazazo”. Y así había sido.
Nunca le puse ni le saqué tanto
provecho a una misa como a ESA misa. La homilía del padre
simplemente era fenomenal y todo, todo para mí tenía un nuevo
sentido y razón de ser. Es muy diferente cuando uno va a misa
entendiendo en su corazón lo maravilloso que es Dios y el
significado tan genial de cada una de sus partes. Sobra decir que al
llegar a mi casa le conté todo a mi familia. No sé si me creyeron o
no, pero estaban muy contentos de verme de nuevo contento.
Al día siguiente supongo que mis
compañeros de sección estaban asustados o extrañados de ver al
Pablo que llegaba. Feliz, sonriente, seguro de sí mismo, ya sin
importarle lo que pensaran o no. Había una verdad que nadie me iba a
arrebatar: Dios me amaba así como yo era, y por otra parte, no
necesitaba de la aprobación de nadie más que de Él. Si el que creó
el cielo y la tierra me chineaba tanto, ¿por qué me iba a preocupar
de lo que los otros creyeran de mí? Solo recuerdo que dos
compañeras, que sí estaban en esto, me regalaron una frase de San
Pablo que desde entonces tomé como escudo y camino “Ya no vivo yo,
es Cristo quien vive en mí”. Ejemplificaba demasiado bien lo que
estaba viviendo.
No les miento cuando digo que aquella
alegría en mi corazón me duró como mes y medio. Me levantaba y ahí
estaba, me acostaba y ahí seguía. Tan “serio” fue el asunto que
tuve que pedirle a Dios que !me dejara en paz” un rato con su
alegría porque si no, no iba a poder estudiar para los exámenes de
noveno año. Pero eso sí, que volviera luego. Cumplió a medias.
Par de meses después me acordé que no
había visto cuál fue el día exacto de mi Encuentro Personal con
Cristo. Revisando los papeles que me escribieron mis compañeros de
Confirmación me dí cuenta que fue el 22 de agosto. Y cuando quise
saber a qué “santo” tenía que agradecerle su intercesión ese
día, la respuesta fue tan obvia como sorprendente: el 22 de agosto
es día de María Reina. Era obvio que la Madre, a quien tanto había
recurrido sintiéndome lejos, había hecho “su trabajo” para
acercarme a Jesús, como en las bodas de Canaan.
Y cuando aquella "contentera" pasó, que
yo tenía muy claro que iba a pasar, todo lo que quedó en mí fue un
“esto no puede quedarse aquí” y comenzó el largo camino de
seguir a Cristo, de luchar la batalla y correr la carrera de San Pablo.
Aprendí que mis amigos más amigos los haría en la parroquia,
porque ellos también vivieron algo parecido a lo que yo viví. Son
mis compañeros de batalla, y aunque muchos de ellos no estén ya
ahí, estoy seguro que la espina seguirá metida.
Fui catequista al año siguiente,
porque me urgía que la gente tuviera la misma oportunidad de conocer
el amor de Dios como yo la tuve. Luego, para el año 2000 empecé con
la Pastoral Juvenil y viví intensamente mis años de adolescencia y
juventud, en una fiesta diferente a la que muchos escogen, pero
siendo simplemente feliz.
Para terminar este relato, el más
largo que he escrito para mi blog, quiero simplemente hacerles saber
un par de cosas: número uno, que me encantaría que la gente supiera
que “Dios te ama” es más que una frase pandereta escrita en un
bus viejo. Que Él está ahí, solo esperando a que abramos el
corazón. Que si nos pasan cosas negativas no es porque a Dios no le
importemos, sino porque tienen una razón de ser en medio de nuestra
vida. Que el amor de Dios no es una teoría, no es un curso que se
pueda llevar y pasar, es una experiencia de un ser vivo, que nos
depasa y nos rebasa, y que sin embargo, es mucho más simple de lo
que podríamos imaginar.
Es por eso que no creo en la gente que
ve al cristianismo como una religión de gente perfecta o correcta,
restringida solo aquellos llamados “justos”. Tampoco creo en la
exclusión porque tengo claro que Dios no excluye, Él se limita a
amarnos a todos por igual, porque todos somos Sus Hijos. No conozco
otro Dios que no sea ese, y si no lo conozco es porque no existe otro
Dios que no sea el Amor mismo.
Lamento si todo esto les ha parecido
muy “cursi”, pero la dualidad Dios = Amor es así. Dicen los
filósofos que las verdades absolutas no existen, pero yo les puedo
garantizar que el amor de Dios es una verdad que está ahí. Lo podés
cuestionar, podés dudar de Él, podés incluso negarlo... que su
amor para vos permanece. Es un amor loco, totalmente diferente al
amor humano, porque no espera nada, no es egoísta ni busca su propio
beneficio, como decia de nuevo mi Tocayo el grande en la primera
carta a los Corintios.
Si Dios esperara a que diéramos el
primer paso para amarnos estaríamos seriamente perdidos. Dios ama
porque, como dice Martín Valverde, le da la gana amar. Y si a todo
esto le buscás explicación, pues vas a perder el tiempo, porque
tratar de entender el amor de Dios es tratar de entender a Dios
mismo, lo cual es humanamente imposible y tal vez lo logremos cuando
lo tengamos frente a frente, luego de esta vida física.
Si lo has vivido, me entenderás. Si no
lo has vivido pero creés, el simple “secreto” es abrir el
corazón. Si no creés en nada pero llegaste hasta aquí leyendo,
felicidades, ¡qué aguante! Y da igual, ojalá te haya servido para
reflexionar.
Esta es mi fe, una fe que me invita a
no quedarme nada más en lo espiritual. Tengo muy claro que Dios
quiere justicia aquí en la tierra, que quiere una Iglesia renovada,
“pobre para los pobres” como diría el amadísimo papa Francisco.
Una Iglesia que predique con el ejemplo y luego con la palabra, que
sea misericordiosa, como espejo del Dios que dice servir. La
construcción del Reino de Dios es mi tarea y eso pasa por la ardua
labor de evangelizar a con un Dios cercano, simple, que escucha y que
es capaz de perdonar la peor estupidez que hayamos cometido.
15 años ya desde aquel 22 de agosto y contando. Y aunque el recuerdo se va haciendo más y más viejo,
sigue ahí tan vigente como para alimentar mi vida y mis ilusiones.
Dios me puso a soñar, me llevó a Francia, me trajo de allá y no
tengo muy claro qué pretende hacer con mi vida. Solo sé que estoy
en sus manos y que no puedo pensar en un lugar mejor para mí.
Para no perder la costumbre, les dejo la canción que mejor relata cómo es ese momento del EPC. El cantante es Daniel Poli y la pieza se llama "Cuando uno se encuentra con Dios". Qué nombre tan apropiado ¿no?
La verdad es que no tenía pensado
volver a escribir nada sobre este desgobierno hasta mayo del otro
año, porque la verdad, les confieso, qué pereza llover sobre
mojado... Y aunque mi blog es un excelente medio para hacer catarsis,
lo cierto es que ya este gobierno “agüeva” y creo que no soy el
único costarricense que lo piensa. Pero el tema de vigilar las redes
sociales para cuidar que a Laura nadie le diga nada feo, pues se ganó
una breve reflexión...
A sabiendas de que este
post podría bien ser el primero por el que resulte objeto este
servidor y periodista de una demanda por injurias, calumnias y
difamación, debido a que sin duda lo leerá y analizará el abogado
(o Big Brother) de las redes sociales e internet que vigila que nadie
hable feillo de la presidenta en redes sociales e Internet, me
soltaré a decir una serie de situaciones insulsas a juicio mío
(para decirlo bonito digámosle “anomalías” y tal vez la plata
que tenga que pagar será menor) que el gobierno de la presidenta
Laura Chinchilla Miranda (pa' que quede claro de cuál “Laura”
hablo) ha tenido en su relación con el pueblo.
Esta semana la presidenta ha hecho gala
de cómo se debe tratar al pueblo (inserten ustedes el sarcasmo):
primero se ningunea una marcha, luego se dice que llegaron cuatro
gatos. Después, para distraer la atención de la opinión pública,
se demanda a un ciudadano por supuestas injurias que deberán ser
dirimidas de cuán falsas son en una sala de juicio. Finalmente, se
amenaza al pueblo de no decir nada que pueda lesionar la imagen de la
“presi” (como si ella no hiciera bien ese trabajo solita) porque
si no, o va uno para el “tabo” o le “apean” una buena
cantidad de “harina”.
Supongo que el abogado presidencial (el
que bretea para doña Laura a título personal, ojo) ya tendrá una
buena lista de personas a quién sacarle plata. Empezando por Yaco y
su “ofensiva” canción de “La Mordaza”, siguiendo por ese
“insoportable” de Hernán Jiménez que ha hecho millones de
colones a costa de las burlas y chistes contra la pobrecita de “la
presi” en sus stand up comedy (ambos videos los pongo abajo del post), sin olvidar claro al “irreverente”
de Edgar Espinoza y su columna sobre la sospechosa relación entre el“Hada Laurina” y René Castro... y ya después la lista puede
seguir con todos los que en algún momento hemos “basureado” la
imagen de quien equivocadamente el pueblo eligió para llevar las
riendas de este alicaído país en febrero del 2010.
Ahora bien, la pregunta que todos nos
hacemos. Para ser agresor de la presidenta ¿bastará con referirse a
ella como “Lau”, “Laurita”, “Doña Laura”, “Laura”,
“Laura Chinchilla”, “Laura Chinchilla Miranda”? ¿O habrá
que ser más específicos y poner “Laura Chinchilla Miranda, la
presidenta de Costa Rica 2010 – 2014”? Digo porque en derecho
para ser culpable hay que demostrarlo y sostener que solo por que uno
se “puteó” contra “X” Laura y decir que esa ofensa era
contra la que gobierna puede ser bien jodido para el abogado de la mandataria.
Y ni qué decir, como leí por ahí en
otro post: ¿cómo comprobará Laura que el que escribió la
“injuria” fue uno? ¿Le dirán en el juicio (inserte voz de
película) “estuvo usted el día 28 de junio, al ser las 11:25 de
la mañana, escribiendo en su computadora, celular, tablet o
cualquier otro medio digital, cosas “malas” de la primera
servidora de la República”? Digo, porque probar que fue Fulanito
de Tal quien escribió tal cosa debe ser más complicado que
recuperar los millones que se robaron los del Banco Anglo...
Y para hacerlo más dantesco para
nosotros los mortales de a pie: ¿de dónde empieza y a dónde
termina una injuria? ¿Basta con decir que Laura es una mala
presidenta o hace falta madrearla para ganarse el “derecho” de
ser llevado a una sala de juicio? (Dichosamente, eso sí puedo rajar,
no acostumbro a decir insultos contra la gente en redes sociales, así
que por ese lado estoy “salvado”).
Ya poniéndonos más serios... “me
encanta” la forma tan creativa que usa el gobierno más impopularde América (según el índice Mitofsky), el que menos escucha a supueblo en el continente (de acuerdo con el Barómetro de las
Américas, que por cierto coordinan la Agencia de Estados Unidos para
el Desarrollo y la Universidad de Vanderbilt) y el que cerrará como
el más impopular en la historia de las encuestas de Costa Rica (como
lo indican todos los sondeos que se hacen en este país) para
“acercarse” y “dialogar” con el pueblo y de ahí sacar una
mejor popularidad. Demandar a la gente para que no diga nada ofensivo
de la presidenta es como acabar con el hambre en el mundo matando a
los pobres que la sufren.
En resumen, se acabó la Ley Mordaza...
pero ahora viene esta decisión que parece algo así como lo que la
CIA hacía con los gringos (y con el resto de la humanidad) en
Internet, solo que no necesitamos de un Snowden tico para conocerlo.
La misma Laura lo reveló solita. ¡Tan buena ella!
Yo no entiendo qué clase de materia
gris tendrán los asesores presidenciales, o incluso la misma
presidenta, para no darse cuenta de que ya la cancha está lo
suficientemente embarrialada como para ganarse más el odio popular.
Si yo estuviera dentro de las cuatro paredes de Zapote y tuviera la
“misión imposible” de mejorar la imagen de este gobierno, creo
que me limitaría a decirle a la presidenta: “vea doña Laura,
mejor bajémonos el perfil y evitemos que salga otro chorizo para que
su imagen pase lo más desapercibida posible”. Ah pero no, todo lo
contrario, este gobierno parece estar empecinado en llevarse el
récord del más odiado por el pueblo tal vez desde la dictadura de
los Tinoco... o desde el último gobernador español en León,
Nicaragua, allá por 1820.
En serio: ¿Qué pretende doña Laura
amenazándonos? ¿No será mejor, simplemente, que cumpla aunque sea
al final con su lema de campaña y por alguna vez como presidenta sea
“firme y honesta” y haga la de las vacas, pero al revés? La
falta de raciocinio y de sentido común que hay entre quienes nos
gobiernan parece ser TAN grande que ya ni se preocupan por dejar una
buena imagen en los gobernados.
El divorcio existente entre la opinión
pública y la presidenta no da más. Este será posiblemente el
gobierno que ha tenido más manifestaciones sociales en su contra,
desde que el Estado de La Nación hace esa medición, me decía ayer
Steffan Gómez, investigador de ese estudio, en el programa Somos SuPueblo de Radio María Internacional que este servidor tiene todos
los jueves de 5 a 6 p.m. Al gobierno simplemente no le da la gana
oir. Se pasa los argumentos de sus adversores ustedes ya saben por
dónde y así ha creado el mayor rechazo que este país recuerde de
un presidente (porque a Abelito, aunque ralito como presidente, en el
fondo nos hacía gracia a todos con sus salidas de “abuelo”...
¿cierto o no?).
Gobernar este país no debe ser fácil,
me decía Steffan. Cierto, no lo dudo. Pero además si uno se echa
encima al pueblo con su falta de transparencia, de firmeza y de
inoperancia (por no hablar del montón de casos de corrupción que la
presidenta “no sabía” y que se gestaron al rededor de ella),
pues no dudo que la tarea deba ser imposible.
No señor abogado, por favor no me
demande. Dígale a doña Laura que aquí hay un ciudadano que no hace
más que reclamarle a la presidenta que haga bien su trabajo y que no
pierda tiempo, como chiquilla chineada de escuela, “agarrándose de
las mechas” contra los compañeritos que “no le caen bien”.
Sería más productivo para todos que ella se dedique a hacer su
trabajo, sin distraerse en buscar a quién “se apea”.
Para terminar, lástima que la mayoría
de la gente (al menos católica) no sabe lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia en el
número 406 que copio a continuación: “La Iglesia aprecia el
sistema de la democracia, en la medida en que asegura la
participación de los ciudadanos en las opciones políticas y
garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus
propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de
manera pacífica”. En todo caso, ya nos agarró tarde para hacer lo
último.
Sin más qué decir, creo que, en el
fondo, la presidenta y yo estamos de acuerdo con algo: ojalá que el
jueves 8 de mayo del 2014 llegue YA. Aunque, sospecho tristemente,
que no será para otra cosa que para repetir, cuatro años más, la
misma historia.
Les dejo los videos de Hernán Jiménez
y de Yaco, que son de mis favoritos: