miércoles, 14 de marzo de 2012

"El Regreso" y mi regreso


"César"
César : « aquí vivo yo, sabía ? O sea, esta es mi casa»
Antonio : « sí, yo se »
César : esta es mi choza. Ve ese edificio, ahí, hecho mierda ? El basurero al revés, el poco de cables. Esta es mi choza. Esto soy yo, esto soy yo ! Cuando usted entra a una casa, usted no empieza a decir que todo es una mierda.
(…)
César : qué cree usted mae, que es el único que tiene problemas mae ?
Antonio : no, lo que pasa es que yo pongo un pie en este país, me bajo del avión y lo único que hago el día entero es darle explicaciones a la gente.
(…)
César : pero yo soy de aquí
Antonio : y a mí qué ?
César : su tata, Sofía y su sobrino !
Antonio : pero yo no !
César : pero yo sí !
Antonio : y a mí qué ?!
César : que yo soy su amigo !

Extraigo esta partecita del guión de « El Regreso » porque fue la que más me llegó. Desde que oía hablar de esta cinta estando en París, sin saber de qué trataba, de alguna forma u otra me sentía muy identificado. Ahora, acabándola de ver, me veo en un espejo en muchas de las características de Antonio, el personaje principal.

Yo, como Antonio, me siento agobiado ante un país del cual quise (y a veces, todavía quiero) salir corriendo. Ok, en mi caso no fueron 8 años, fueron 3, pero igual lo considero suficiente tiempo como para comenzar a sentirse que uno no es de aquí ni de allá.

No le niego a nadie que extraño Francia. Tampoco que me tengo « prohibido » ver cualquier cosa que tenga que ver con París, porque me agarra inmediatamente una nostalgia que me cuesta manejar, más sabiendo que ya no voy a volver. Y aunque podría hacerlo, porque tengo el dinero y los papeles, se que ya no es realista.

Como Antonio, odio ver San José. Me sentí particularmente vinculado al recordar cuando me monté de nuevo, tras 2 años de no hacerlo, en un bus Station Wagon al día siguiente de haber vuelto. Los temas de conversación en ese viaje de la gente que viajaba a mi alrededor fueron : los asaltos, la vuelta de Chema (de quien por cierto, según le escuchaba a la señora de al lado « era un señor muy inteligente y muuy bueno») y no recuerdo qué otra cosa más. Cuando llegué a San José me tocó caminar por la Coca Cola, ver los vendedores ambulantes, oirlos gritando, las aceras capitalinas prácticamente bloqueadas de gente... bueno, no se para qué les cuento, si ustedes también conocen y viven esa situación casi a diario. En fin, un baño de realidad nacional a profundidad.

Champs Elysées, diciembre pasado.
De las últimas fotos que tomé allá.
¿Para qué ser hipócritas ? Francamente, entre Chepe y París ¡me quedo un millón de veces con París ! Porque definitivamente, el quiosco del Parque Morazán no se compara con la Torre Eiffel, ni el Paseo Colón con Champs Elysées y mucho menos el Teatro Nacional con L'opéra de Garnier. Tampoco voy a decirles que canto la parte de « yo no envidio los goces de Europa » solo para quedar bien... porque me siento poco honesto haciéndolo. ¿Cómo no voy a envidiar un transporte público seguro y eficiente, calles ordenadas, aceras anchas, caminar sin temor a ser asaltado ? Y eso solo por nombrar unas cuantas razones...

Entonces ustedes me dirán, como le dijo César a Antonio : « sabe qué, agarre un avión y no vuelva ». Y ahí es donde viene el punto de giro de esta historia y la razón por la cual puse ese segmento del guión : porque a mí, como a Antonio, me ata lo que amo. Ni él ni yo tuvimos una razón para amarrarnos a nuestro sitio en el extranjero. Porque a pesar de todas las tristezas del mundo subdesarrollado, tan bien retratadas en la película, este sigue siendo irremediablemente nuestro hogar, el sitio donde nacimos, donde vivimos nuestras aventuras de niños, donde nos enamoramos, donde vacilamos con los amigos... donde tenemos nuestro bien más apreciado en el mundo : la gente que nos ama (aunque pueda ser poca, pero incluso si fuera una, valdría la pena regresar).

Sofía y Antonio
A mí personalmente no se me ha facilitado mucho la vida desdeque el vuelo de Condor proveniente de Frankfurt aterrizó a las 6 de la mañana de aquél 5 de diciembre. Si antes había cosas que odiaba del país, ahora las odio más. Ya me han chocado (con la fuga del responsable incluída), me he tenido que « agarrar » con gente, he tenido que tolerar actitudes tercermundistas que rechazo... incluso en mi misma familia, debí habituarme al « chineo » de vivir de nuevo en la casa de mis papás, aunque eso signifique sacrificar mi crecimiento personal del que tanto me jactaba en Francia Pero a pesar de todo eso, en el fondo soy honesto conmigo mismo y la verdad, estoy mejor aquí de lo que estaría allá, con muchas ventajas pero sin gente que me amara como me aman acá y con un trabajo, gracias a Dios, estable, agradable y bien remunerado.

La eterna disyuntiva de que, cuando uno se va tanto tiempo del lugar donde creció, ya nada vuelve a ser igual. Y aunque he tenido que ir « agachando la cabeza » en muchas cosas, también he podido comprobar que Dios no me ha dejado solo, y ahí va, ayudándome.

Tres meses desde que volví, lo de Francia parece ahora un sueño, muy lindo, muy largo, pero del que ya desperté. No se los niego : todavía no lo supero. A veces me da nostalgia, a veces simplemente cierro los ojos y veo para delante... a veces prefiero ni acordarme. Pero creo que bien vale la pena dar lo mejor de uno para que la gente como César, que sabe que « esta es su choza » y que de aquí no van a (poder) salir, la pasen lo mejor posible. No digo que yo vaya a cambiar el país (hasta risa me da solo escribirlo). Tampoco creo que Costa Rica vaya a mejorar (creo que es todo lo contario), pero bueno, al menos no seré cómplice de esta debacle y mi estancia aquí servirá para solidarizarme con la gente... Porque sea como sea, y a pesar de que me gustaría en el fondo que fuera diferente, mi país es mi país, y a él también me siento atado, porque aquí nací, aquí amé y aquí viviré.

viernes, 20 de enero de 2012

Un día a la vez


Sssshhh! Sin hacer mucha bulla. Porque esto es algo medio íntimo. Silencio por favor.

Esto de vivir duele, sufre, destroza. Significa muchas veces renunciar a lo que más querés, a lo que anhelás. Es como si de tu corazón una capa se desprendiera sin entender por qué... porque basta con saber que así pasa y que es normal.

El comenzar de nuevo es de valientes. Más cuando parece que ya no hay de dónde. Te sentís solo, sin nadie que te empuje, que te acompañe. Eso duele quizá tanto como lo otro. Porque adelante hay tantas interrogantes... y no tenés idea de qué camino coger, salvo atinar a defenderte.

El surgir de las cenizas como el fénix es de grandes. Quizá por eso siempre he dicho que me encantaría que ese animal mitológico existiera. Porque te motiva y te da esperanzas, te hace créer que cuando no hay nada posible, la meta se hace posible.

En ese sentido, mi inspiración propia es Cristo y su resurrección. Lograr el mayor de los éxitos cuando todos lo creían fracasado. ¡Oh Dios, cuánto me falta aprender de vos! Desearía dejar de ser tan orgulloso, tan petulante, tan soberbio... y de una vez por todas aprender a dejarme llevar por tus impredecibles caminos.

"¿Y ahora, qué hago?" Exclama mi corazón. El pobre, no es para menos. Ha sufrido, ha mejorado, pero sigue sufriendo, porque sigue amando. Porque ambas son humanas. Y sin amar el autoflagelamiento, sufrir te hace recordar que estás amando y eso es vivir.

Las cosas que hoy no tienen sentido, las tendrán luego. ¡Pero cómo me cuesta esperar a que llegue ese momento! Cuán difícil es soportar los designios de Dios cuando tu fe es mediocre, porque confiás más en vos mismo que en Él. Porque creés que lo que te conviene es lo que exigís haciendo berrinches, como niño malcriado que grita si no tiene lo que quiere.

Cuán duro es educar al alma a sentir paz, cuando su ambiente la invita a lo contrario. Vivir, en la mayor parte de los casos, es un ejercicio de prueba y error. Y no es desear ver la vida en blanco y negro con un montón de grises... es saber que cuando uno de esos errores se transforma en éxito, entonces toma colores tan hermosos que olvidás los opacos.

Por ahora, me es imposible entenderlo y entenderme... me hago muchas preguntas y me faltan muchas lecciones, supongo, para poder dominar esta materia. Me parece que no tengo por qué angustiarme...

… un día a la vez, dijo un sabio hombre en el pueblo italiano de San Giovanni Rotondo... hace muchos años... un día a la vez.

lunes, 2 de enero de 2012

2012: el año del reinicio


Atardecer de ayer, 31 de diciembre en Esparza, Puntarenas.
Primero de enero del 2012. Frente a mí, a lo lejos, tengo las luces titilantes de Puntarenas y Barranca. Una brisa tibia y suave recorre esta especie de montaña con vista al mar en la que me encuentro. Todavía observo a lo lejos algunos juegos de pólvora, aunque ya el año consumió sus primeras dos horas de vida. Resulta casi sorprenderte recordar que hace doce meses me encontraba en aquel pequeño, frío y solitario cuarto parisino, del distrito VIIeme. Muy lejos está ahora la añorada París, capital de la soñada Francia, que tanto costó lograr. Me encuentro hoy en Costa Rica, con mi familia, de forma aparentemente definitiva.

Para no perder la tradición, aquí va mi reseñita del 2011 y mi visión sobre lo que tendrá este ya presente 2012. Y la verdad siento que entre uno y otro, existe una estrechez algo compleja. Si algo tengo que decir del 2011 es que, tal como los deseos lo expresan cada 31 de diciembre, fue un año prospero. No lo escribo monetariamente hablando. Lo digo en cuanto a experiencias de vida, de esas que les he comentado repetidamente en estos últimos años. De las que me han permitido sentirme ahora más seguro de mi mismo, más persona, más completo, si se quiere.

Mi última vista de Grenoble, el lugar que me recibió en Francia. Foto de 
mediados de noviembre.
El 2011 me trajo muchos regalos. Sin duda, el que más valoro es la contrariedad del diario vivir, lo que implica también la paradoja de no lograr todo lo que siempre quise, y sin embargo, sentirme feliz conmigo mismo. La gran decisión de los pasados doce meses consistió en seguir o quedarme en Francia. Costó un montón tomarla, tal como se los comenté en el post anterior. Cada amanecer traía consigo soledad y satisfacción que formaban parte de mi pan diario parisino. Fácil no fue y no lo sigue siendo. Hipócrita sería si dijera que ya superé el hecho de haberle dicho adiós a “mi Francia”. Hay muchas cosas que extraño. Pero en el casi mes que llevo de vuelta en tierras ticas, he vivido ya mucho de lo que extrañaba. Y tampoco me he arrepentido ni un solo segundo de estar donde estoy.

Tumba de San Francisco. Asís. Abril del 2011
Parte de ese crecimiento me lo dio el ingrediente principal que identificó al 2011: la gran cantidad de viajes realizados y de experiencias vividas. Especialmente entre abril y mayo, el haber estado en Islas Canarias, Italia y China me ayudó a tener una visión mucho más global del mundo. Lo del archipiélago Canario hizo darme cuenta que la situación para concretar mi máximo sueño, el de ser periodista en Francia, o en su defecto en Europa, no sería nada sencillo por una razón bastante simple: la crisis económica estaba golpeando más de lo que yo creí. El viaje italiano, en cambio, me sirvió para ver otra cosa: Dios me estaba haciendo demasiada falta en mi vida. Y no porque no estuviera del todo, pero lo tenía alojado en el patio, en lugar de darle un cuarto, el más grande de mi espíritu. El Viacrucis con el Papa, la Vigilia Pascual en aquella humilde parroquia de las afueras de Roma, mi oración ante la tumba de San Francisco en Asís mientras cantaba “Hazme un instrumento de Tu paz” (que por cierto, no pude terminar de entonar), la sensación de tocar la tumba del (San) Padre Pío en San Giovanni Rotondo y la vuelta a Roma para vivir las actividades que enmarcaron la beatificación de Juan Pablo II fueron más que suficiente para que Dios me hiciera recordar cuánto necesitaba de Él, cuánto vacío tenía mi alma sin su presencia y cuánto requería de su amor para hacerle frente a mis retos. Que sin Él no podía nada, pero con Él, todo. Y luego, inmediatamente, sin posibilidad de respirar, llegó China, mi última parada en mi viaje de maestría. Otra cosa totalmente diferente a lo que sea que haya vivido en el pasado, algo que ya conté en mi comentario de junio. El año terminaría con un viajecito vacacional a la muy elegante y suntuosa Londres para no venirme con el “pique” de no haberle dado una vueltita… y mi retorno a esta tierra que me reclamó como suyo.

Yo practicando caracteres chinos en Tonghai, China. Mayo 2011
Y si dificultades hubo en el 2010, el 2011 fue abundante también en ellas. La memoria para graduarme como master del CUEJ – Université de Strasbourg, el estrés de no tener dónde quedarme en París a la vuelta de esos viajes ya mencionados. La habitual batalla con las maletas en el metro parisino, una varicela para nada bienvenida pero que me hizo acordarme de cuán humano soy. La lucha por lograr tener los papeles que me permitieran permanecer en Francia. El estrés causado por un ritmo de vida compartido entre la nueva “U” y RFI, el tener que convivir con gente no necesariamente agradable, y por sobretodo, esa sensación de soledad e impotencia que se negaba a abandonarme, lo que terminó de convencerme de comprar ese tiquete de Frankfurt a Alajuela.

Es evidente que mi regreso al final del año significó ponerle un punto y ¿final? a ese sueño labrado durante tantos años atrás. Era decirle adiós a Francia y a esa ilusión que tuve desde mis más tempranos años de pubertad. Pero era eso o admitir que seguiría viviendo infeliz sin una razón, ya, necesaria o lógica. Todo sueño merece sus sacrificios, estamos de acuerdo, pero también creo que es parte de la madurez de cada quien saber cuál es el momento de aceptar una aparente derrota, o al menos, de cambiar de ángulo en la batalla para conquistar victorias que no parecían tan relevantes.

Champs Elysées, iluminación 2011.
Como lo mencioné antes, fácil no ha sido. Aún hoy no termino de aterrizar. Me da pavor sentir que me equivoqué, aunque sinceramente, y no lo digo como “terapia autoayuda”, hasta ahora no he sentido que mi regreso se haya tratado de un error. A veces ciertas cosas que creemos parecían buenas o correctas no lo son y cuesta aceptarlo. Me ocurrió montones de veces en diferentes temáticas de mi vida y me sigue ocurriendo incluso ahora. Pero Dios (y el tiempo) traen la respuesta. El 2011 me terminó de mostrar lo que soy capaz, me regaló un título de maestría añorado, el sentirme periodista en una ciudad que siempre había soñado, superar problemas de salud, relaciones sociales y economía: el mundo no se cayó. Hoy soy más fuerte que nunca gracias a las derrotas y dificultades pasadas. Entonces, ¿por qué habría de sentirme menos o perdedor? De ninguna manera. Esas experiencias forjan nuestras capacidades como el hierro en el fuego. Entonces que me sigan metiendo en hornos. Soy consciente que el peor rival que tengo soy yo mismo. El peor obstáculo de mi vida lo encuentro siempre en mi mente.


Todo lo anterior sirve como requisito cumplido para enfrentar a lo que he denominado, el año de mi reinicio: el 2012. Todo, o casi todo comienza de nuevo. Nuevo trabajo, nuevo apartamento (porque ya comprobé que la casa de mis papás significa un retroceso para esa búsqueda de “mi yo”, que emprendí desde el momento en que partí para Francia). Nuevo carro (puede verse como algo sin importancia, pero para mí significa esa consolidación de independencia que busco), nuevos amigos que sin duda vendrán, los cuales complementarán de forma gradual a mi reducido grupo de gente valiosa con el que cuento. En resumen, llegó el momento de “quitarle la pausa” a la película de mi vida en Costa Rica que les comenté repetidas veces. Llegó la hora de enfrentar lo que dejé aquí, con una mejor armadura y capacidad de reacción. Si al 2011 le tenía mis temores, al 2012 lo veo como un reto a vencer: demostrarme a mí mismo que lo dejado en Francia tendrá valor siempre y cuando logre complementar con hechos mi potencial. Quiero llegar tan alto como pueda. Y no hablo de vanaglorias, de títulos o cuentas bancarias. Hablo de mí mismo, de mí superación, de mi anhelo de vencerme. No hay razones para no creer(me)lo posible. Solo le ruego a Dios humildad para no olvidarme de dónde vengo, el por qué hago lo que hago y hacia dónde voy. El día que pierda mi norte, no seré más que un estúpido arrogante, un desalmado de la vida, como muchos que he visto repetidas ocasiones pasar a mi lado y que han terminado en la nada.


Mi abuela y yo, el día de mi regreso a CR. Para "el cierre" de la 
publicación de este comentario,  doña Adilia se encuentra en el hospital, 

muy mal, producto de una complicación pulmonar.
Sobre lo laboral, tengo claro lo mucho que puedo aportar, el reto estará en no decepcionar a nadie, empezando por mi juez más estricto: yo mismo. En cuanto al aspecto sentimental, vamos tranquilos. Ni urge, ni precisa y tampoco desespera. Si algo conveniente se da en estos 366 días venideros, pues bienvenido será… y si no, seguiremos en paz. Lo único que realmente me inquieta del plano personal es la salud de mi abuela, a quien se le ha complicado su salud desde hace mes y medio. Mi linda Adilia, con casi 96 años, se encuentra en el final de su vida, una vida llena de actividad, de fe, de ganas… una vida que yo quisiera emular, aunque me quede corto. Lo que me deja satisfecho es que ella sabe cuánto la amo y viceversa. Dios hará lo que tenga que hacer y dará el valor para enfrentar lo que haya que enfrentar. Vamos adelante, sin miedo.

Plano político - social, pues el pronóstico es bastante desalentador. La sonada vuelta de Chema, la absolución del “pobrecito” de Rodrigo Arias Sánchez, “víctima” de una acusación sin pruebas, el derrumbe del Movimiento Libertario por sus acusaciones de hechos manchados por corrupción y la falta de una respuesta clara y creíble desde la oposición… sindicatos que siguen luchando por sus intereses y no los del país en general, una Iglesia jerárquica más dormida que nunca, que ya ni habla… y medios de comunicación que siguen proponiendo programas faltos de neuronas pero ricos en viejas tetonas (para que rime)... en fin, un país insípido, con el que ya no sueño, porque ya no se atreverá a atreverse.

Vista que tenía de Puntarenas al momento de redactar este post.
Las estrellas que tengo sobre mi cabeza en el momento de finalizar este comentario me recuerdan que a veces es necesario ver al pasado para aprender de él y aplicar ese conocimiento en el presente. Las pequeñas alegrías vividas en el 2011, entre las que destaco ese abrazo de recibimiento de mis padres y hermanos, la mañana del 5 de diciembre, deberían de ser suficientes para convencerme de que esta vida es lo suficientemente hermosa para vivirla. Y la oportunidad de comenzar de nuevo será aprovechada. No la dejaré caer. No ahora que se de lo que soy capaz. Si lo logré en un ambiente difícil, casi hostil, no veo por qué no sería capaz de hacerlo ahora que el viento, finalmente, vuelve a estar a mi favor.

Exitoso y bendecido 2011 para todos ustedes, los que han tenido la paciencia de leer estas líneas. Un abrazo. El Pablo de siempre. Y... Señor, en Vos confío.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Un regreso "(im)previsto"


Lo más divertido es que en mi post anterior casi que me despedía de Costa Rica... y ahora le digo “au revoir!” Francia. Dans cette vie il n'y a rien de définitif !

Otra vez me encuentro en un tren... otra vez (quizá la última en un buen rato) escribiendo un post para explicarme. Se me hace raro escribir estas líneas sabiendo que hace poco menos de tres meses estaba feliz de la vida porque me habían aceptado en el Instituto de Altos Estudios para América Latina (IHEAL) de La Sorbonne Nouvelle – Paris 3.

Edificio de mi brete...
¿A quién se le puede ocurrir dejar la oportunidad de vivir en Francia, con un pseudo salario (al menos hasta junio) en una excelente radio y en una universidad reconocida al rededor del mundo? Más aún: ¿quién piensa en dejar ir un sueño cuando todo está relativamente bien y las condiciones al menos por ahora son buenas? Pues a mí, al mismo que hace tres años se le ocurrió la locura de dejar Costa Rica para venir a probar suerte a tierras francesas para cumplir un anhelo de toda la vida.

No ha sido una decisión fácil. Ustedes no se imaginan cuántas mañanas me levanté debatiéndome a mí mismo sobre qué convenía más. De hecho, hoy por hoy y para ser muy honesto, tampoco es que esté 100% seguro que volver sea la mejor opción... Medí cada punto, le saqué los pro y los contra y finalmente llegó la hora de tomar una decisión. Se la ofrecí muchísimo a Dios, se la puse en sus manos y le dije que si tomaba un camino que no estuviera acorde con Su voluntad sería completamente Su culpa por no impedirlo... así que confiando en Él espero que esto sea lo que Él quiere y no lo que yo quise...

Muy honestamente sigo con la interrogante de a qué vine a Europa. Está claro que personal y profesionalmente es una experiencia única, que me ayudó a crecer un montón como persona. El conjunto de tragedias, vacilones, congojas, sorpresas y emociones no me las quitará nadie. Tampoco el valerme por mí mismo, desde pagar impuestos, resolver asuntos sanitarios, matar pulgas (¡literalmente!) y enfrentar a mi amiga la soledad. Ya no soy el mismo y eso lo tengo clarísimo. Me asusta un poco el luchar contra la realidad que dejé, el quitarle la pausa a la película que estaba viendo, luego de finalizar esta. Me “da cosa” porque ya no la voy a ver de la misma manera. En mi casa posiblemente no me voy a sentir igual que antes, con mis amigos (los realmente pocos que sigo considerando amigos, porque la mayoría simplemente desapareció con mi partida) probablemente habrá diferencias al analizar las cosas. Esto significará un antes y un después ineludible... y bueno, ni qué decir de Costa Rica como país... si antes estaba descontento y no conocía la mentalidad de un país desarrollado, ahora peor. La adaptación y la aceptación a mi “nueva vida” será sin duda lo más duro de todo este asunto.

Ahora, LA pregunta: ¿por qué o para qué me devuelvo? Después de mucho analizarlo, como contaba arriba, tengo varias razones de peso que les expongo a continuación.
  1. “El amor es insustiuible”.
Esta fue la frase que marcó mi punto de quiebre. Fue con ella que me dí cuenta que no podía seguir sin dar ni recibir amor. Me vale un carajo que le suene cursi a quien sea. Es la pura y llana realidad. Parafraseando a mi Tocayo el Grande: “Si no tengo amor, nada soy”. Es lo mismo. Nada tan triste y gris como una vida sin tener alguien a quién amar. Y las grandes culpables de que yo descubriera esto fueron mi hermana y mi tía. En su visita a París, a finales de agosto de este año, me volví a sentir amado por mi familia, un sentimiento que ya se me hacía lejano, no porque ellos no me quisieran, sino porque hace falta ese contacto físico. El chinear a mi hermana, después de tanto tiempo de no hacerlo ni sentirlo, fue como si alguien le diera un mazazo a mi corazón endurecido por las circunstancias y por la soledad. Se rompió totalmente. De pronto me dí cuenta de lo mucho que significa mi familia para mí, de la exagerada falta que me hacía y de lo básicos que son ellos para mí. Ese factor, más mis verdaderos y buenos amigos, que siempre estuvieron ahí apoyándome, que nunca me dejaron de lado a pesar del tiempo y la distancia, continuaron la faena (ni hace falta nombrarlos, ellos saben quiénes son). Y finalmente, otra pequeña razón que me reservo, pero que tal vez cuente algún día, terminó de hacer que el árbol de mi orgullo, que parecía firme, se derrumbara.

Iglesia de La Agonía, el único edificio que sí me abraza!
Como me dijo el amigo de una amiga tica parisina “los edificios no te abrazan”. Y por más “glamuroso” que sea vivir en París (como diría un ministro por ahí), por más Torre Eiffel iluminada, ella no te dice “bon soir”, ni los Champs Elysées adornados para Navidad, ni la pirámide del Louvre en noche de verano, ni los jardines de Versalles o de los Inválidos, ni la grandiosidad de Notre Dame o majestuosidad de la Basílica de Saint-Denis, lo cierto es que nada de eso compensa el calor de la hoguera que dio a luz la palabra “hogar”. Nada nuevo este descubrimiento. Lo viví en mi propia piel desde el primer “mercado de Navidad” en Estrasburgo, en diciembre del 2009. Todo muy bonito, muy festivo, pero sin familia, sin nadie con quién compartirlo, termina siendo vacío y hasta banal. Dios me permitió sentir la ausencia de mis seres queridos para valorarlos aún más. Ahora amo mejor, eso no me queda duda, los valoro más que antes y sabré darme mejor a ellos de lo que antes lo hacía. Y creo que comienzo a descubrir que si Dios me trajo a Francia solo para eso, pues bien habrá valido la pena el billete y el desgaste.
  1. Una situación “franco - crítica”
Se me hace muy claro que, ligado a lo anterior, diferente hubiera sido todo si una francesilla hubiera flechado mi corazón, pero esto nunca estuvo ni siquiera a punto de pasar. La soledad que viví aquí en Francia pasó también por el hecho de no tener nada que me atara. No voy a decir que no hice amigos, por supuesto que sí. Conocí gente MUY VALIOSA a quien ansiaré volver a ver, ya sea de visita en Costa Rica o de regreso en este país. Personas que me ayudaron, que confortaron e hicieron las veces de mi familia. Sin ellos jamás hubiera logrado permanecer aquí los tres años que estuve. Dios nunca me abandonó y utilizó instrumentos en Grenoble, Estrasburgo y París para darme fuerzas y seguir adelante. A ellos les agradezco en el alma... pero por motivos lógicos, jamás logran reemplazar a quienes en Costa Rica dejé.

El "ya no muy querido" Sarko
Todo eso, aunado a que en estos últimos meses compartí apartamento con una chavala no muy simpática y algo sucia, creó en mí una crisis interna que llegó al desaliento. Pero no solo eso, hay que sumar el hecho de que, si bien en Radio Francia Internacional me sentía muy bien y es para mí casi una familia, la situación laboral no está para nada segura. Mi misma jefa dijo “Pablo, si tienes una oportunidad clara en Costa Rica, mejor vete antes de que sea tarde”. Para los que hemos estado por este lado del Atlántico estos últimos meses no es sorpresa: la crisis está acabando poco a poco con la Europa que conocemos. Las medidas económicas de rigurosidad en el gasto están afectando el sistema solidario, la posibilidad de encontrar un empleo y por supuesto, el asegurarse un futuro promisorio. En la radio había seguridad de seguir colaborando hasta junio... después ni idea. En Francia ya el gobierno de Sarkozy anunciaba hace una semana la aplicación de estrategias de recorte presupuestario para evitar entrar dentro del poco honroso club de los países de la deuda y en Europa bueno... ya ustedes vieron de hasta adónde es capaz de llegar la amenaza de una recesión: dos primeros ministros fuera, de los cuales uno, Berlusconi, no había dimitido ni por escándalos pedofílicos ni por corrupción estatal.


En resumen, esto hizo que mi futuro a nivel profesional se vea más claro en Costa Rica que en Francia o en cualquier país de Europa. El que se vea más claro no quiere decir que sea mejor, eso es obvio. Pero también ya me cansé de la aventura, de jugar de mochilero de vida con mis casi 29 años. Ya es hora de poner la bola en el zacate y analizar bien el próximo pase a profundidad que haré... y por eso me devuelvo.
  1. La universidad... ¡no más!

El desgaste que me provocaron los horarios de trabajo y de universidad fue enorme. Rápidamente me dí cuenta que si no paraba, simplemente me iba a dar un derrame o algo por el estilo. Salir de la Maison de la Radio (la sede de RFI) a las 2 ó 2:30am, llegar al apartamento a las 3, bañarme y acostarme a las 3:30 y dormirme a las 4am para levantarme a las 6:45am y estar en la U a las 8am resultó no ser muy atractivo. Y no es que no me estuviera gustando lo que hacía en la universidad, ¡al contrario! Es súper interesante. Pero el problema es que después de prácticamente diez años de estar metido en aulas y hacer exámenes y exposiciones... eso termina siendo algo bastante monótono, a lo cual hay que agregarle la imposición francesa de su estructura mental para explicar un conocimiento (mejor conocido como plan detaillé, que quienes han tenido algún contacto con esta cultura conocerán), algo así como partir un tema en tres partes que a su vez es subdividida en otras tres partes. En resumen, todo un teorema que a mis casi tres décadas ya se me hace pesado de integrar. La universidad fue promisoria, sí, pero no lo suficientemente atractiva como para amarla y darme por completo a ella. Hice algunas lecturas mal hechas, un par de exposiciones y listo. Para terminarla de hacer, profesores que pasaban lista, tomaban nota de las llegadas tardías y peor aún, de las participaciones en clase... no, yo ya no estoy para esas vainas.

Lo que me hará falta


Algo de lo que estoy muy seguro es que, así como tuve “mal de familia”, “mal de Alajuela” y en ciertos momentos “mal de patria”, a mi regreso también tendré “mal de Francia”. Hay cosas que definitivamente voy a extrañar, empezando por el hecho de caminar solitario en las madrugadas, con la completa seguridad de que nada malo va a pasarme. La tranquilidad de no ser asaltado en Francia es una razón que pesó mucho en los puntos “para querer quedarme” y “para no querer volver”. Me hará mucha falta sacar mi computadora o celular en cualquier parte para trabajar, revisar correo o estudiar. Y estoy seguro, me dará cólera el no poder disfrutar del derecho de usar mis cosas, que con mi dinero ganado con mucho esfuerzo compré, solo por el temor de que a alguien más le gusten y se las quiera dejar o vender para conseguir droga.




Otra cosa que sin duda echaré de menos es el metro o los tranvías... los trenes en general. De adelanto se que tendré que comprarme un carrito no dentro de mucho tiempo, porque si no en Costa Rica será imposible moverme con tranquilidad y agilidad. En París u otras ciudades grandes francesas tener carro es un lujo para la gente que le gusta salir a lugares alejados; aquí perfectamente uno podría pasar la vida sin manejar, porque el transporte público es muy eficiente. Sinceramente, ¡qué pereza volver a pasar las presas de La Platina! (así, con mayúsculas, porque casi que es un personaje y una parodia de la realidad nacional). ¡Qué aburrido tener que “chuparme” el tráfico de San José, los pitos de gente que cree que su bocina va a resolver un embotellamiento! La basura en las calles por todo lado, la gente que no camina y más bien estorba en las aceras, el humo de los carros que hacen chorizos evidentes con Riteve... en fin, esas cosillas que tenemos y que nos hacen subdesarrollados todos los días.


De lo que sí me ha hecho falta: naturaleza y playa.
Y por último, pero no menos importante: ¡qué pereza enfrentarme con un país que no solo no avanza, sino que más bien retrocede! Más desigualdad, más pobres y pobreza, un gobierno perdido en un atolladero de lo que yo llamaría casi “un pleito de mafias”, una oposición que ni sabe para dónde va, alianzas quebradizas armadas al calor de una coyuntura política y un señor vicepresidente que ha hecho todo el “lobby” posible para que Costa Rica no admita a Palestina como Estado (siendo nosotros los primeros que lo hicimos y de lo poco que reconozco bien del Capitán anterior que decidió hundir el barco para quedar él en la punta, como el Titanic, aunque todo el resto se fuera al mar). ¡Qué pereza leer o ver los mismos medios de comunicación que me hacen avergonzarme de mi profesión, periódicos y noticiarios mercaderes de la noticia, que hacen con ella cualquier cosa menos ponerla al servicio de la ciudadanía, que se venden al mejor postor con tal de incrementar su pauta publicitaria! De hecho espero hacer periodismo de una forma decente, y si no puedo, prefiero mantener mi dignidad intacta y dedicarme a dar clases de francés o a vender copos en el Parque de los Mangos. Estoy harto del servilismo que hay que hacerle a algunas empresas de la comunicación, que consideran a sus periodistas como trabajadores de maquila: con una gran carga laboral y encima, mal pagados. Y el Colegio de Periodistas: si te vi, ni me acuerdo. Por eso no volví a pagar una sola cuota y ya de fijo estoy más que moroso y en la lista negra. De por sí, para lo que sirve, mejor me sigo quedando afuera...




Prometo volver y no perder mi libertad de expresión, algo que conseguí en Francia y que no volveré a dejar ir jamás. No voy a luchar por Costa Rica, porque ese país ha demostrado en repetidas ocasiones que no quiere que nadie luche por él, que es feliz hundiéndose (el campeón mundial en esa disciplina). Voy por mi alegría y la de los que me rodean, a sabiendas de que será imposible tener una satisfacción decente con el atraso que tenemos en tantos campos, pero principalmente, en nuestra actitud mediocre, individualista y “chiquitica”.


Tres inviernos, tres primaveras, tres veranos y tres otoños franceses después, me vuelvo a lo que dejé. Todo será diferente, porque todo habrá cambiado. Yo también. Pero sigo confiando en Dios, que hace posible lo que para uno es imposible o muy difícil. Él me saco de allá, Él me trajo acá y Él sabrá qué hacer conmigo a mi vuelta. Vuelvo master, vuelvo más experimentado, vuelvo más maduro... pero sobre todo, vuelvo más humano y es lo que más me alegra. Este fue posiblemente mi último post en Francia. ¡Mi gente: allá voy!  

sábado, 17 de septiembre de 2011

La llama de mi esperanza sigue flamante

Mucho me costó llegar hasta donde estoy para devolverme tan fácilmente. Con esa premisa juré hacer todo el esfuerzo posible porque mi sueño fuera aún posible. Dios me ayudó, obviamente, solo no puedo.

Hoy estoy feliz pero a la vez nostálgico. Feliz porque tengo dos años más para cumplir mi objetivo de ser periodista en Francia, tener un trabajo fijo aquí y hacer vida en este país. Pero tampoco me engaño: se bien que esto puede significar el definitivo adiós a una vida en Costa Rica y eso por supuesto que me afecta. Si ya estos dos años y 8 meses que tengo de estar fuera me golpean y hacen sentirme extraño ante los nuevos eventos que pasan en mi familia y entre mis amigos, solo imagínense lo que puede pasar tras 4 años y algunos meses... si no es que más.

Se que en estos próximos dos años pueden pasar muchas cosas: desde que encuentre finalmente el ansiado trabajo o incluso que una francesa o europea fleche mi corazón y termine casándome… (Ni está previsto siquiera, pero está dentro de la tómbola de las posibilidades de este soltero de 28 años).

Lo curioso e irónico es que la noticia me llegó la mañana del 15 de setiembre… como si Dios me quisiera decir que llegó la hora de la independencia también para mí (o al menos lo interpreté así). En los últimos días, para ser sincero, tuve la fuerte tentación de dejar esto hasta aquí. La reciente visita de mi hermana y mi tía se me juntó con el estreno de la película “El Regreso” en los cines ticos: su argumento y su crítica la relacioné mucho con lo que me pasa en este momento. Es imposible dejar de amar al país, por más mal que ande y por mucho tiempo que uno esté afuera. La razón es sencilla: ahí está tu sangre, la gente que te vio nacer y crecer, los amigos con los que compartiste tantas alegrías y una que otra lágrima. Las montañas que te protegieron, el mar que te relajó, los volcanes que te sorprendieron… y una historia de la que te sentís orgulloso, una historia, desgraciadamente, ya lejana.


Pero ¿cómo no podría estar contento? Se trata de una maestría en La Sorbonne Nouvelle, también conocida como Paris 3, en el Instituto de Altos Estudios para América Latina (IHEAL, por sus siglas en francés). ¡Seré, si Dios lo tiene a bien, politólogo especializado en Latinoamérica! Las ciencias políticas siempre fueron mi segunda opción después del periodismo. Y el haber estado trabajando este último año en Radio Francia Internacional me ha abierto mis perspectivas sobre la política latinoamericana. La radio, por sí sola, ha sido una escuela donde he podido aprender de primera mano sobre lo que pasa en Argentina, Chile, Perú, España, Ecuador, Venezuela, Colombia, Cuba y México (países de origen de mis compañeros de la radio). Además, el hacer reportajes de la actualidad en toda la región ha sido sin duda un gran aporte.

Así que otra aventura estará apunto de empezar. El próximo reto será encontrar un trabajo que me permita estudiar y vivir al mismo tiempo, pero confío en que si Dios me abrió las puertas hasta donde estoy, como dice Su Palabra, Él será fiel en concluir en mí la obra que un día empezó. Si sigo es con Él y será hasta donde Él quiera. Por ahora, el reto sigue y no me detendré hasta que llegue a mi destino… o hasta que el camino me indique un retorno a casa.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Cuando la sensatez se manda… a la puta

Para analizar lo ocurrido este 14 de agosto durante la llamada “marcha de las putas”, como buen periodista que trato de ser, me fui a la fuente de la discordia: la homilía del obispo de Cartago, José Francisco Ulloa. Y antes de aclarar la manipulación hecha por La Nación de sus palabras, déjenme decirles que yo no soy ningún fan de Ulloa. Es más, para serles sincero, me parece el peor pastor de todos los que dirigen las diferentes diócesis de Costa Rica. De hecho, es evidente lo mucho que es cercano al partido en el gobierno (que lo llevó a ni siquiera dudar para nominar a Laura Chinchilla como “hija predilecta” de la Virgen de los Ángeles, algo que va contra toda teología católica y contra el ánimo político de neutralidad que se supone debería tener un obispo… además, como si la Virgen tuviera hijos más queridos que otros. Oh estupidez).

Ulloa no es ningún gurú y está lejísimos de ser el clérigo más inteligente del catolicismo tico. Pero en honor a la verdad, de su homilía (hacer clic para leerla completa) en ningún lado se desprende la frase tan publicada por La Nación, pidiendo recato a las mujeres para vestir, algo que en Twitter se podría “taguear” como #peladadelamarchadelasputas. Haciendo un simple Control + F y poniendo la palabra “recato” y luego otra búsqueda con la palabra “mujer” uno se da cuenta que solo existen dos párrafos en que hay una alusión al tema, los cuales copio y pego aquí. Este es el primero:

“Los apóstoles Pedro y Pablo, recomendaban a los cristianos la forma de vestir acorde a su fe: “Que el adorno de ustedes no consista en cosas externas: peinados rebuscados, joyas de oro, trajes elegantes; sino en lo íntimo y oculto: en la modestia y serenidad de un espíritu  incorruptible. Eso es lo que tiene valor a los ojos de Dios. Así se adornaban en otros tiempos las santas mujeres que esperaban en Dios”.(1Pe 3,3-5). “Asimismo que las mujeres se arreglen decentemente, se adornen con modestia y pudor, no con peinados rebuscados, con oro y perlas, con vestidos lujosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que se profesan religiosas” (1Tim 2, 9-10). Esta ha sido la tradición de la Iglesia. El vestido ha de expresar el pudor, la naturalidad, la sobriedad, el recato y la dignidad de los miembros de Cristo”.

Y sí que hay una mención a que las mujeres se vistan con “modestia y pudor”… pero ¡oh sorpresa! ¡No es Ulloa el autor! ¡Es San Pablo en su primera carta a Timoteo! O el periodista que redactó la nota estaba en otra cosa (posiblemente) o quería usar el morbo para darle al La Nación más ventas al día siguiente (todavía más posible aún) y manipuló la información. Si esta fue la frase que cayó tan mal a cierta parte del sector más liberal de nuestro país, entonces el pleito no es ni siquiera contra Ulloa, sino contra el propio San Pablo. Les hubiera propuesto entonces que en lugar de marchar hasta la Catedral y gritar consignas contra la Iglesia, mejor hubieran hecho una quema de las Cartas de San Pablo en el Parque Central, para mostrarle al apóstol cuánto desagrado les causa ese tipo de pensamientos con ya casi 2000 años de antigüedad… y así de paso se echan encima no solo a los católicos sino a toda la cristiandad (les aseguro que las sectas pentecostales fanáticas no hubieran sido tan benevolentes como mis compañeros de fe)

Ahora bien, Ulloa abajo complementa diciendo que “el vestido ha de expresar el pudor, la naturalidad, la sobriedad, EL RECATO (¡hasta que aparece la palabrita!) y la dignidad de los miembros de Cristo”. Perdonen ustedes pero… ¿dónde putas (¡ups!, perdón por el empleo tan poco digno de la palabra) se menciona a la mujer como blanco de ese comentario? Solo se hace alusión a “los miembros de Cristo”, o sea, la Iglesia en su conjunto. Y aunque reconozco que las mujeres son mayoría en el catolicismo practicante, también dentro del llamado se incluye a los hombres. Entonces, ¿por qué brincar, si el suelo está parejo?

Ah bueno, cierto, falta el segundo párrafo donde se hace mención al polémico tema. Voy ahí…

Hoy se está apreciando mucho el valor de la castidad y se busca como promover el pudor en medio de un mundo afeado por el erotismo  y la pornografía  que está enfermando y ensuciando muchas mentes y dejando vacíos a muchos corazones del verdadero y auténtico amor. Podemos afirmar que cuando falta el pudor en una persona, se deshumaniza, porque pierde su intimidad y su individualidad personal y tiene el riesgo de ser tratada como una cosa, es el caso de la publicidad, sobre todo cuando se refiere a la mujer. Se ha de tener muy claro que la persona no es sólo sexo, ella es persona integral y el sexo le pertenece como un don, que tiene que manejarlo en la dimensión del amor, de la fidelidad y de la fecundidad. En este sentido, la virtud de la castidad y su salvaguarda el pudor no es un “NO” a los placeres y a la alegría de la vida, sino el gran “SI” al amor como comunicación profunda entre las personas, que exige  tiempo y respeto para disfrutar el amor que hace felices a las personas, según el plan de Dios como nos lo enseña  la Virgen María, Madre del amor hermoso”.

“La pérdida de pudor deshumaniza la persona”… y la única mención que hace Ulloa de la mujer esta vez es cuando se refiere al trato que le da la publicidad (y yo agregaría a los medios audiovisuales), que en muchas ocasiones la considera como un objeto de venta… Entonces bien, vamos a ver la contradicción: ¿no son las mismas feministas a ultranza las primeras que reclaman cuando existe una mujer semi desnuda que presenta un producto o un programa? ¿No son ellas las que pegan el grito al cielo por considerar a la mujer como una atractiva y barata forma de que las empresas obtienen ganancias? Perdónenme pero a mí esto sí me parece una seria incongruencia. Por un lado se rasgan las vestiduras hasta por los concursos de belleza y por otro lado atacan el que la Iglesia critique el uso de la mujer como objeto sexual. Entonces ¿en qué quedamos? ¿A quién defienden los participantes en la marcha de las putas? Y lo pregunto así, con este enfoque, porque es la única parte en toda la homilía en que Ulloa hace una relación entre mujer y pudor.

Claro, la respuesta cae por sí sola: de toda la gente que gritó improperios e insultó la fe de muchos católicos practicantes el domingo, estoy casi seguro que ninguno se detuvo a leer con cuidado la homilía y. mucho menos los imagino escuchándola en vivo… no creo que el anticatolicismo costarricense sea tan sagaz como para sentarse a ver la misa completa del 2 de Agosto y estar atentos al momento en que la Iglesia mete las patas … esa tarea se la dejan a la prensa sensacionalista, que después también vende con escándalos, exageraciones y la falta de profesionalismo de sus periodistas… pero bueno, a esto los medios nacionales nos tienen más que acostumbrados y en especial ese periódico que queda en Llorente. Y de hecho, tanta fue la influencia de esa nota de La Nación para la marcha, que en el propio comunicado de prensa de quienes la organizaban, difundido esta vez en la revista “Paquidermo”, tiene el link de la homilía de Ulloa hacia la mencionada noticia y nunca hacia su texto original. Lo que más gracia hace es que este tipo de grupos son los que pasan criticando a La Nación en otros temas por manipuladora, “facista”, controladora del poder hegemónico y falseadora de la verdad… pero parece que aquella frase “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” aquí encaja muy bien y que si de ataques a la Iglesia se trata, entonces La Nación pasa a ser un documento legitimadísimo.

Ahora, lo que a uno le da tristeza de Ulloa es haber centrado tanto su homilía en el tema del pudor, habiendo tantos problemas serios qué tocar en el ámbito nacional y sabiendo que es el 2 de agosto el día por excelencia en que la Iglesia puede lanzar un mensaje, una posición fuerte a las autoridades políticas nacionales… digo, me parece que la inseguridad ciudadana, la creciente corrupción, la ineficiencia estatal (yo que él hasta una crítica de la platina hubiera hecho), la pérdida en la lucha contra el narcotráfico… en fin, tantos temas que urgen y que fueron ninguneados… pero bueno, quienes conocemos a los obispos sabemos que de Ulloa no se puede esperar mucho.

La marcha…

Una vez aclarado lo ocurrido el lunes 2 de agosto, vamos a analizar la marcha del domingo 14. Exacerbado por una desinformación anteriormente comprobada, un grupo de costarricenses (hombres y mujeres) decide que la Iglesia no es quién para decirle a las mujeres en general cómo vestirse (hasta ahí yo, desinformadamente, hubiera estado de acuerdo).

Se organiza una marcha en defensa de la mujer. ¡Qué bien! No es posible que en Costa Rica los femicidios sigan ocurriendo y que las leyes sigan tan débiles como para dejarlos pasar, que en las familias, escuelas y colegios a los niños y jóvenes no se les enseñe a proteger y respetar un “NO” de las chiquillas, que existan tantos hogares jefeados por una mujer que fue abandonada por un tipo cobarde que, muy macho, la dejó embarazada y salió corriendo lejos de su responsabilidad. Que no es admisible que en Costa Rica un hombre gane más que una mujer solo por su género o que existan mayores posibilidades de crecimiento profesional para el grupo masculino que el femenino… en fin, tantas razones nobles y urgentes para protestar públicamente, para que la mujer deje de ser víctima de una sociedad machista e insensible a sus problemas… pero ¡ah no! Más importante hacer berrinche por una frase que nunca se dijo sobre algo tan poco importante como la vestimenta de la mujer, si lo comparamos con los temas que vengo de mencionar.

Ese fue el primer error de la marcha. Desaprovechar una convocatoria protestando por un tema realmente intrascendente. Más valía entonces hacer una convocatoria anticatólica para demostrar cuánto odio tienen los extremistas – feministas contra el catolicismo. Era mejor idea entonar cantos inquisidores (literalmente), haciendo un llamado a quemar a la Iglesia, mofándose de la fe de cientos de miles de romeros que van cada 1 de agosto hasta la Basílica de los Ángeles. Era más constructivo hacer felaciones públicas, salir con las tetas al aire mordiendo un rosario, llamar una vez más pedófilos a todos los curas, una horrible e injusta generalización, porque la mayoría de sacerdotes son gente de bien, trabajadora, humilde y entregada por una causa muy justa, independientemente del credo que uno profese. Y aunque existan casos innegables y dolorosos de curas pedófilos, los cuáles la Iglesia debe corregir con todo el peso de su canon romano, los curas que han abusado niños están lejos de ser siquiera un número significativo, tomando en cuenta a la totalidad. En resumen, era más urgente mostrar todo el odio que presentar causas de verdadera agresión contra la mujer. Una muestra de lo que un grupo extremista es capaz de hacer, si se le deja.

Aún si Ulloa hubiese dicho que las mujeres costarricenses “deben vestir con recato”, eso no hubiera justificado jamás los insultos, las burlas, las malacrianzas y la falta de respeto que ese grupo de fanáticos y alborotadores tuvieron esa mañana de domingo frente a la Catedral Metropolitana. La tolerancia que tanto reclaman de la Iglesia les quedó corta, muy corta, tanto o más como sus enaguas putescas.

Ahora, otra pregunta ya refiriéndose a las implicadas en la vida real, las que trabajan vendiendo su cuerpo para mantener a su familia, la mayoría de ellas, supongo, empujadas por una necesidad y un entorno que las lleva a tomar la decisión de trabajar como prostitutas. Yo me preguntaba ese día: ¿cuántos asistentes a la marcha conversarían alguna vez con una verdadera puta sobre su estilo de vida? ¿Cuántos se preocuparon por sus problemas, por saber por qué llegaron ahí, si se sienten satisfechas y realizadas con su trabajo? ¿Cuántos se preocuparán por su salud, por los abusos económicos, sociales y hasta sexuales que, casi sin duda, sufren día a día? Es muy fácil buscar una excusa para llamar la atención de la prensa (más si es domingo), sirviéndose además de una franquicia (sluts) para hacer algo diferente y sentirse muy rebeldes, pero qué difícil confrontar una realidad de la que se sirven para “rebelarse” y atacar sin razón.

Finalmente, ¿y qué si Ulloa hubiese dicho lo que se publicó? ¿No era un mensaje dirigido en una misa al pueblo católico costarricense? Quienes no son católicos (católicas, en este caso), no tenían por qué sentirse aludidas. Digo, yo no voy a indignarme porque el musulmán que dirige el culto de la mezquita diga que en Francia todos los que no ayunan durante el Ramadán son unos malditos impuros. Él puede decir lo que quiera, a mi me vale. Yo NO SOY MUSULMÁN. Así como me importa poco si soy pecador para los mormones por tomar café (de por sí, solo le entro al capuchino), si los hindúes creen que reencarnaré en cucaracha por comer carne de vaca o si no llegaré al máximo estado de iluminación budista por no ser vegetariano. Si yo no pertenezco al grupo al cual lanza X mensaje, por qué me voy a ofender. Y en cuanto a las mujeres católicas, si realmente lo son, sabrán que A MISA no se va con “culifaldas” ni con escotes pronunciados, o con pantalones a medio culo y gorras en el caso de los hombres; así como a la playa tampoco se llega con esmoquin y vestido de gala. Cada sitio tiene sus ciertas normas sociales y en el caso de la religión (de cualquier religión) si uno va a ingresar a su lugar de culto debe acatar las reglas que éste tiene para sí. Y si a uno no le gusta, pues me parece que mejor no va, para no amargarse la vida y no faltarle el respeto a los demás que consideran una vestimenta pudorosa como indispensable.

En conclusión, protestar por protestar es muy fácil. Y por insensata que a este servidor le parezca una protesta, yo tengo claro que en una sociedad democrática TODOS (Iglesia incluida) tenemos TODO el derecho de expresar nuestras opiniones sobre cualquier tema. A nadie se le puede ni se le debe callar. De hecho, para estos temas, siempre hago mía la famosa frase del más conocido filósofo francés: François Marie Arouet (o para hacerlo más simple, Voltaire…) “No estoy acuerdo con su opinión, pero daría mi vida por su derecho a expresarla”. Pero eso sí, me dan asco los fanatismos, vengan de donde vengan (sí, incluso de la misma Iglesia Católica) y si tengo algún repudio a ultranza es contra los extremistas de todo ámbito, a quienes metería en una cápsula espacial y los mandaría en una misión de la NASA para saber si de verdad el centro del sol es de hidrógeno y helio…

En resumen, el odio no lleva a ningún lado… o sí, solo a la violencia. No imagino lo que una marcha así hubiera provocado en un país musulmán (además de muertos). Como djo @ohlademocracia en twitter: “Iglesia Católica = blanco fácil”. Es muy cierto. Nada tan “cool” como irle a alegar a la iglesia su machismo (que no niego que tenga) y su atraso (que también adolece). Pero me gustaría ver ese tipo de marchas y con más ahínco frente a Casa Presidencial o la Asamblea Legislativa por temas mucho más importantes. Me agradaría que esas que se dicen feministas impulsaran campañas contra todos los productos que usan una mujer semidesnuda para atraer ventas o que se pronuncien sobre la desprotección de las prostitutas… pero creo que eso es demasiado complicado para ellas.

La próxima, estimados participantes de la marcha, más cerebro y menos bilis. Que en esta vida para atacar al enemigo (que es evidente que para ustedes es la Iglesia Católica) hay que tener sangre fría y un poco de neuronas… José María Villalta, del Frente Amplio, puede darles algunos consejos de su reciente experiencia denunciando a Arias… 

Por último y tal como me gusta hacerlo, los dejo con una excelente canción de Martín Valverde (sorry la majadería, soy fan de las canciones del mae... ¿y qué?). "Fuiste hecha mujer". Me parece una oda a la mujer desde el Evangelio. Después de todo, ¿qué sería de la Iglesia sin las mujeres? Hace rato hubiera desaparecido.


martes, 5 de julio de 2011

Mi máster: un título que forjó caracter

Catedral de Estrasburgo
de noche
Era el 30 de junio. La víspera del segundo aniversario de mi admisión al máster francés con el comenzó todo este camino. Esa tarde llegó la noticia que esperaba con ansias, aunque en un momento no muy agradable. Yo venía del hospital donde me confirmaron una tardía varicela, que se supone debería darle a uno cuando está carajillo. Mientras hablaba con mis papás vía skype, contándoles de lo que la doctora me había dicho, entró un correo de la secretaría de la Escuela de periodismo en Estrasburgo… “Résultats du 4ème semestre”. Detuve la conversación y la respiración. Abrí cuidadosamente el correo y el documento adjunto que tenía mis calificaciones. ¡Había ganado el master! Y auque me alegré, supe que el festejo lo tendría que dejar para más adelante, porque en ese momento debía ocuparme de mi prioridad número uno: mi salud.

Dios permite a veces circunstancias poco graciosas que a la larga terminan siendo una gran lección. Me tomó poco darme cuenta que el hecho de recibir esta noticia al mismo tiempo que me “rascaba” las vejigas (ampollas) con medias en las manos tenía mucho sentido: “nada mejor que una buena varicela para que este máster en periodismo de l'Université de Strasbourg no olvide que sigue tan mortal como siempre”. En otras palabras: “ahí está, pero que no se le suba mucho…”. Y de hecho así fue.

Yo frente al edificio de mi U.
Lo he tomado con humildad, sabiendo que el sueño por el que tanto luché no es un motivo para sentirme semi dios (hasta me río pensándolo). Se trata sí de una recompensa académica, un fruto de tantas noches de desesperación y frustración al frente de la computadora, redactando notas o resúmenes en francés. Ni qué decir de esas quedadas hasta tarde (máximo 10p.m.) en el segundo piso del edicio Escarpe, donde estaban mis aulas y estudios de grabación. Cuántas horas pegado a un buen poco de hojas de derecho o historia francesa, intentando descifrar temas que desconocía o viéndome “a palitos” con fotocopias de teoría sobre los tratados, normativas y funcionamientos del gran monstruo llamado “Unión Europea”. Mi hermana que estuvo conmigo casi al final de mi permanencia estudiantil en Estrasburgo puede dar fe de mis levantadas a las 4a.m. para salir a la universidad con los típicos -2°C que hay a esa hora en marzo.

Invierno desde la ventana del aparta.
La lista de sacrificios se extiende más si tomo en cuenta que, honestamente, no tuve el grupo de compañeros que hubiese querido. Aunque hubo muchos que no dudaron en tenderme su mano para ayudarme y solo unos cuantos a quienes puedo llamar verdaderos amigos, lo cierto es que el ambiente de mi generación no era ni el más sano ni el más agradable. No se me veía con la misma lupa y si de madurez se trata, tuve compañeros de clase con edades entre los 24 y 26 años que se verían perfectos con un uniforme celeste y azul en cualquier colegio de Costa Rica. La diferencia no se notaría.

Bandera de CR en mi ventana
Los fines de semana sin salir… porque no tenía con quién… en la soledad de mi apartamento, sintiéndome lejos de mis amigos y de mi familia. Tantos momentos de soledad: los almuerzos y las cenas, los resfríos, los papeles administrativos, los (no pocos) pleitos con las instituciones francesas, los fríos de invierno y ese manto blanco de nieve que deprime… también solo. Todo solo. Tanta soledad me hizo madurar, sacar fuerzas de donde creía que no tenía y demostrarle a Dios y a mí mismo que contaba con el valor para superar cualquier obstáculo, por duro o complicado que este fuera.

Este master que ahora disfruto fue una doble escuela: de periodismo y de vida. Aprendí a sentirme adulto, a ser dueño de mi destino, de mi libertad (saber dónde comenzaba y dónde terminaba), a sentirme independiente y a saber que nadie me iba a consentir ni a tener piedad, que no quedaba de otra: sería yo mismo quien se ocuparía de mí.

Árboles de la U en otoño.
Pero hubo también momentos de luz, como todos los que compartí con mis verdaderos amigos en Estrasburgo, a quienes les debo parte de mi maestría, porque sin su ayuda y sus bromas no hubiera sido posible llegar hasta el final. Aquellas idas al cine en las noches, las caminatas por el centro y los alrededores de la Catedral, las andadas en bici y las pizzas en el edificio de Mayore y Ermeline… momentos muy divertidos y hermosos que marcarán para siempre mi memoria.

El máster que me hizo conocer Islas Canarias en la última práctica profesional y el gran último viaje a China, del cual ya hablé en el último post. Con él tuve acceso a Radio Francia Internacional, lugar donde me gustaría trabajar el resto de mi carrera profesional, lo digo sin ningún tipo de tapujos. Un máster que dividió mi vida en dos y que solo me hizo ser mejor.

Mi cuarto. 3 piso,
edificio de atrás
Ese período de mi vida llegó a su final. Este título físico que aún no llega pero que vendrá dentro de unos meses se lo debo evidentemente y en primer puesto a Dios, quien fue mi Gran Acompañante invisible en cada instante, quien me sostuvo y no me dejó claudicar. Pero ingrato sería no sentar en primera fila a mis padres… este máster es de ellos, por todo el sacrificio que él implicó. Gracias papi y mami, los llevo siempre en mi corazón, de eso no les quepa duda. También hay que mencionar a mis hermanos, que siempre estuvieron ahí apoyándome, al resto de mi familia, de mis amigos… y a cada persona que en algún momento de silencio durante su oración se acordó de este mortal. Este título es gracias a todos ustedes.

Vista de las residencias de noche
Solo espero como profesional, donde me toque estar, ser consecuente no solo con mis capacidades académicas y prácticas, sino también con mis convicciones más profundas. Desempeñar un periodismo serio, necio en corroborar información, enfocándose siempre en defender al marginado y señalar lo injusto y podrido. Para eso estudié, para eso me jodí. Ahora ¡a trabajar!


Los dejo con esta cancioncita... que es casi como si su compositor, el argentino Daniel Poli, me la hubiera dedicado a mí. El título, "Sueños" lo resume todo. Tómense los 4 minutos que dura y oíganla... más si ustedes, como yo, tienen un anhelo por cumplir (¡y que ojalá lo tengan! porque vivir sin soñar es como no vivir). Soñar es fácil, hacerlo realidad es complicado. Este master que ahora celebro no es el final del camino, pero es un signo de lucha, dedicación, esfuerzo... Nada hay más gratificante que concluir con un hecho lo que para uno alguna vez fue un sueño.