martes, 5 de julio de 2011

Mi máster: un título que forjó caracter

Catedral de Estrasburgo
de noche
Era el 30 de junio. La víspera del segundo aniversario de mi admisión al máster francés con el comenzó todo este camino. Esa tarde llegó la noticia que esperaba con ansias, aunque en un momento no muy agradable. Yo venía del hospital donde me confirmaron una tardía varicela, que se supone debería darle a uno cuando está carajillo. Mientras hablaba con mis papás vía skype, contándoles de lo que la doctora me había dicho, entró un correo de la secretaría de la Escuela de periodismo en Estrasburgo… “Résultats du 4ème semestre”. Detuve la conversación y la respiración. Abrí cuidadosamente el correo y el documento adjunto que tenía mis calificaciones. ¡Había ganado el master! Y auque me alegré, supe que el festejo lo tendría que dejar para más adelante, porque en ese momento debía ocuparme de mi prioridad número uno: mi salud.

Dios permite a veces circunstancias poco graciosas que a la larga terminan siendo una gran lección. Me tomó poco darme cuenta que el hecho de recibir esta noticia al mismo tiempo que me “rascaba” las vejigas (ampollas) con medias en las manos tenía mucho sentido: “nada mejor que una buena varicela para que este máster en periodismo de l'Université de Strasbourg no olvide que sigue tan mortal como siempre”. En otras palabras: “ahí está, pero que no se le suba mucho…”. Y de hecho así fue.

Yo frente al edificio de mi U.
Lo he tomado con humildad, sabiendo que el sueño por el que tanto luché no es un motivo para sentirme semi dios (hasta me río pensándolo). Se trata sí de una recompensa académica, un fruto de tantas noches de desesperación y frustración al frente de la computadora, redactando notas o resúmenes en francés. Ni qué decir de esas quedadas hasta tarde (máximo 10p.m.) en el segundo piso del edicio Escarpe, donde estaban mis aulas y estudios de grabación. Cuántas horas pegado a un buen poco de hojas de derecho o historia francesa, intentando descifrar temas que desconocía o viéndome “a palitos” con fotocopias de teoría sobre los tratados, normativas y funcionamientos del gran monstruo llamado “Unión Europea”. Mi hermana que estuvo conmigo casi al final de mi permanencia estudiantil en Estrasburgo puede dar fe de mis levantadas a las 4a.m. para salir a la universidad con los típicos -2°C que hay a esa hora en marzo.

Invierno desde la ventana del aparta.
La lista de sacrificios se extiende más si tomo en cuenta que, honestamente, no tuve el grupo de compañeros que hubiese querido. Aunque hubo muchos que no dudaron en tenderme su mano para ayudarme y solo unos cuantos a quienes puedo llamar verdaderos amigos, lo cierto es que el ambiente de mi generación no era ni el más sano ni el más agradable. No se me veía con la misma lupa y si de madurez se trata, tuve compañeros de clase con edades entre los 24 y 26 años que se verían perfectos con un uniforme celeste y azul en cualquier colegio de Costa Rica. La diferencia no se notaría.

Bandera de CR en mi ventana
Los fines de semana sin salir… porque no tenía con quién… en la soledad de mi apartamento, sintiéndome lejos de mis amigos y de mi familia. Tantos momentos de soledad: los almuerzos y las cenas, los resfríos, los papeles administrativos, los (no pocos) pleitos con las instituciones francesas, los fríos de invierno y ese manto blanco de nieve que deprime… también solo. Todo solo. Tanta soledad me hizo madurar, sacar fuerzas de donde creía que no tenía y demostrarle a Dios y a mí mismo que contaba con el valor para superar cualquier obstáculo, por duro o complicado que este fuera.

Este master que ahora disfruto fue una doble escuela: de periodismo y de vida. Aprendí a sentirme adulto, a ser dueño de mi destino, de mi libertad (saber dónde comenzaba y dónde terminaba), a sentirme independiente y a saber que nadie me iba a consentir ni a tener piedad, que no quedaba de otra: sería yo mismo quien se ocuparía de mí.

Árboles de la U en otoño.
Pero hubo también momentos de luz, como todos los que compartí con mis verdaderos amigos en Estrasburgo, a quienes les debo parte de mi maestría, porque sin su ayuda y sus bromas no hubiera sido posible llegar hasta el final. Aquellas idas al cine en las noches, las caminatas por el centro y los alrededores de la Catedral, las andadas en bici y las pizzas en el edificio de Mayore y Ermeline… momentos muy divertidos y hermosos que marcarán para siempre mi memoria.

El máster que me hizo conocer Islas Canarias en la última práctica profesional y el gran último viaje a China, del cual ya hablé en el último post. Con él tuve acceso a Radio Francia Internacional, lugar donde me gustaría trabajar el resto de mi carrera profesional, lo digo sin ningún tipo de tapujos. Un máster que dividió mi vida en dos y que solo me hizo ser mejor.

Mi cuarto. 3 piso,
edificio de atrás
Ese período de mi vida llegó a su final. Este título físico que aún no llega pero que vendrá dentro de unos meses se lo debo evidentemente y en primer puesto a Dios, quien fue mi Gran Acompañante invisible en cada instante, quien me sostuvo y no me dejó claudicar. Pero ingrato sería no sentar en primera fila a mis padres… este máster es de ellos, por todo el sacrificio que él implicó. Gracias papi y mami, los llevo siempre en mi corazón, de eso no les quepa duda. También hay que mencionar a mis hermanos, que siempre estuvieron ahí apoyándome, al resto de mi familia, de mis amigos… y a cada persona que en algún momento de silencio durante su oración se acordó de este mortal. Este título es gracias a todos ustedes.

Vista de las residencias de noche
Solo espero como profesional, donde me toque estar, ser consecuente no solo con mis capacidades académicas y prácticas, sino también con mis convicciones más profundas. Desempeñar un periodismo serio, necio en corroborar información, enfocándose siempre en defender al marginado y señalar lo injusto y podrido. Para eso estudié, para eso me jodí. Ahora ¡a trabajar!


Los dejo con esta cancioncita... que es casi como si su compositor, el argentino Daniel Poli, me la hubiera dedicado a mí. El título, "Sueños" lo resume todo. Tómense los 4 minutos que dura y oíganla... más si ustedes, como yo, tienen un anhelo por cumplir (¡y que ojalá lo tengan! porque vivir sin soñar es como no vivir). Soñar es fácil, hacerlo realidad es complicado. Este master que ahora celebro no es el final del camino, pero es un signo de lucha, dedicación, esfuerzo... Nada hay más gratificante que concluir con un hecho lo que para uno alguna vez fue un sueño.

viernes, 10 de junio de 2011

China o el dragón loco

 
Léase solo si se tiene buen estómago (y no estoy jodiendo).

Me da pena ver que han pasado 6 meses desde el resumen anual y que no he escrito nada… pero en parte es porque realmente no he tenido mucho tiempo para inspirarme… he estado realmente “tallado” por un año que ya de por sí se anunciaba duro. Terminar la U, la práctica en Canarias, un descansito merecido en Italia y la última práctica en China con la gente de mi máster acabó con mi musa. Pero de eso hablaremos con más calma la madrugada del 1° de enero del 2012. Por ahora mi vida es un desmadre, pero también ya habrá tiempo de hacer un comentario personalizado sobre el asunto.

 
El viaje a China fue, por experiencia de vida, algo que será inolvidable. No solo porque con eso terminé mi travesía por la maestría estrasburguesa en la que he estado inmiscuido los últimos dos años y medio, sino también porque ese lugar es realmente otro planeta… Me encantaría decir que fue una grata vivencia, pero la verdad es que no lo fue. No solo porque pasé más enfermo que sano (explicaciones no vienen al caso…) sino porque me parece el vivo ejemplo de un país que cuenta con todo el dinero que quiere pero que no sabe qué hacer con él.

No podía faltar en la China comunista un buen Mc Donald's
En China TODO está en construcción. Kunming, la ciudad donde estuve, es el mejor microcosmos para evidenciarlo. Aeropuertos, edificios, carreteras, ferrocarriles, centros comerciales, metros… todo haciéndose a un ritmo súper intenso en una ciudad catalogada “pequeña” y “del interior”, de “tan solo” 7,5 millones de habitantes. Se trata de una metrópolis habitada por gente que hace tan solo una o dos generaciones eran campesinos que recogían arroz o tabaco. Esto provoca un cambio de marcha bastante fuerte, casi forzado, que origina una mezcla bizarra entre la modernidad occidental y las costumbres que podríamos considerar como retrasos si las observamos con los ojos del oeste.

Por allá es normal que la gente “se saque los gargajos” como decimos en Costa Rica, o sea, que hurgue en las profundidades de su garganta y bote las flemas en cualquier lado y ante cualquier circunstancia, ya sea en el centro de la ciudad o en un restaurante fino. Ni qué decir de los servicios sanitarios públicos: un espacio abierto sin puertas donde los usuarios están separados por un pequeño muro. Ellos se agachan y cagan de forma que la mierda caiga en un canal común. La caca es llevada por una descarga de agua, aunque es bastante común que la gente tenga mala puntería. Solo imagínense el olor de todo eso mezclado en un pequeño cuarto que no supera los 30 metros cuadrados y donde la única ventilación es la puerta abierta. Las moscas son las más beneficiadas.

Campos de repollo en Tonghai, a dos horas de Kunming,
Para ser justos con la verdad no vi ni carne de perro ni de gato ni de rata… o al menos si la tuve en frente no sabía que era de esa procedencia (y mejor que siga siendo así), aunque un compañero que estuvo en un pueblo lejano a la ciudad sí trajo fotografías que evidenciaban que la carne de can compartía estantes con la de cerdo en la carnicería.

Los problemas de higiene no paran ahí. Encontrar jabón en un baño público es simplemente una utopía. Los servicios sanitarios en los restaurantes (que no tienen taza sino un huequito con un canal pequeño) generalmente son imposibles de utilizar y este servidor y sus compañeros debían esperar a llegar al hotel para hacer “sus cosas” con tranquilidad y un mínimo de limpieza.

Otro aspecto no menos chocante es el desorden de ese país. Yo, que pensé que no había nada peor que caminar por las aceras de San José y de San Salvador, vi que me había equivocado. Los chinos tienen ventas ambulantes en muchas calles y lo peor es que mucha gente se detiene a comprar, lo cual produce un embudo muchas veces saturado que impide la movilización. La solución entonces es tirarse a la calle… pero ojo, que los habitantes de Kunming son amantes de los scooters eléctricos. Y por un lado a Dios gracias que es así, porque casi todo el mundo tiene uno y esto evita una contaminación que podría ser de una escala lamentable, pero por otro lado, ¡oh peligro! Porque estas cosas no producen sonido y los chinos las manejan como si fueran bicicletas, al punto de que algunos las conducen sobre las aceras. Y pedir que circulen por la derecha o la izquierda significaría casi provocar una revolución: ellos pasan por donde haya campo, con sus pitazos como única advertencia para los pobres peatones de no meterse en su camino o exponerse a un buen atropello.

El sol poniéndose en Tonghai. De lo más lindo que ví.
Y el otro peligro en la calle son los carros y lo terrible del nivel de manejo de los choferes. Me tocó en el primer fin de semana venirme un poco “urgentemente” del lugar donde estábamos haciendo el reportaje (cierta necesidad digestiva ocasionada por el exceso de picante en la comida lo ocasionaba). Pero cuando entré al taxi no sabía si me preocupaba más eso o simplemente llegar con vida al cuarto. Al taxista simplemente se le ocurrió manejar contra vía y yo veía cercana la hora en que nos matábamos. En fin, toda una experiencia de conducción extrema.

Como si fuera poco lo triste no acaba ahí. Los chinos siguen siendo censurados, como si fueran máquinas, no tienen posibilidad de analizar o pensar… el gobierno les enseña lo que tienen que saber y listo… Estando en una conferencia sobre medio ambiente con un profesor universitario relativamente abierto a la crítica, le pregunté por qué si China estaba tan preocupada por el ambiente, no había aprobado nunca el protocolo de Kyoto. La respuesta fue tan honesta como definitiva: el pobre tipo no conocía bien las políticas estatales de medio ambiente y prefería no dar una opinión sin conocerlas…
"Pablo" en Chino escrito por mi y con la ayuda de esos chinos

Pero pese a todo, China también me mostró sus luces. La gente en general nos trató bien, a pesar de las evidentes y casi inexpugnables dificultades comunicacionales. Especialmente el estudiante chino que estuvo con nosotros fue simplemente sensacional. En cuestión de pocos días lo sentimos más como un amigo que como un traductor. En general son personas sumamente amables, poseen una extraña costumbre de ofrecerle a uno un cigarro cada 10 minutos (yo, aunque no fumador, me vi en la obligación de aceptar el cigarro y guardarlo, argumentando que lo dejaría para después, para no darles un disgusto). A ellos les duele decirle a uno “no” y por eso no lo hacen. Siempre tratan de complacerlo a uno y principalmente los más humildes tratan de darle a uno lo que ellos no poseen. Esos no cambian bajo ninguna cultura, reflejan siempre la sencillez del ser humano, parte del amor de Dios en el corazón del hombre.

Ciudad típica en el nMostrar todoorte de China. Muy lindo.
La experiencia de hacer reportajes dependiendo siempre de un traductor chino-francés o chino-inglés fue enriquecedora. Conocer una cultura TAN diferente a lo que ya he visto, intentar acostumbrarme a un tipo de comida al cual no pude habituarme, sentirme incapaz de expresarme (incluso a nivel de lenguaje de señas, ellos tienen otras formas de decir las cosas) y lo que más me dolió, verme con posibilidades mínimas de comunicación con mi familia, con mis amigos y mi gente de twitter fue algo que dificultó más aún la travesía por el lejano oriente. En fin, China viene siendo como un poderoso dragón, con grandes garras, fuertes músculos, un gran hocico, afilados dientes… pero que no sabe cómo atacar y que termina tirando fuego por todos lados. Algo que va muy rápido… pero que no sabe dónde va.

viernes, 31 de diciembre de 2010

El GRAN 2010

“Mira que te mando, que seas valiente y que no tengas miedo. YO Yaveh TU SEÑOR estaré contigo DONDE QUIERA QUE VAYAS”. Jos 1,9

¡Qué gran 2010! ¡Qué intenso que es atreverse a vivir! En el cierre del año pasado, porque ya es pasado y hay que verlo en ese tiempo, cuando echaba una ojeada a lo que viví, solo cabían palabras de agradecimiento en mi alma, primero para Dios y luego para la vida, que al final terminan siendo sinónimos.

Este 2010 lo disfruté, lo sufrí, lo lloré, lo amé, lo sonreí. ¡Congojas, momentos de orgullo, de frustración, de incertidumbre, de soledad! Hacer un resumen es arriesgado, porque podría dejar cosas importantes por fuera. Sin embargo, sigo con esta tradición que cumple esta madrugada ya su sexta edición, en un momento que personalmente considero mágico y muy íntimo: el alba del primer día del año.

Estoy muy lejos del lugar donde escribí mi comentario del análisis 2009. Ya no es aquella salita pequeña y medio iluminada por la pequeña lamparita, con la computadora familiar en mi casa, que más que casa es mi hogar, en El Llano de Alajuela. Esta noche me encuentro también en un lugar muy pequeño, que ni siquiera es mío, pero no por eso me siento frustrado. Simplemente estoy donde siempre quise, aunque no necesariamente donde más me gustaría estar en este momento. Pero las circunstancias obligan a que así sea y si algo aprendí en este año que acaba de concluir es que a la vida no se le debe decir que no.

Y ustedes pensarán “¡este Pablo tuvo un año impecable!”. Y la verdad es que no fue así… y como es mejor terminar las cosas con lo positivo que lo negativo, comienzo repasando lo triste, oscuro y angustiante de lo que sucedió en el 2010.

Lágrimas y pruebas

Con mi abuela, Navidad 2007.
Como en el ajedrez, la vida me cantó “jaque” dos veces. Y las dos veces muy seguidas. Comenzando el año, mi abuela se cae en una madrugada y se quiebra la cadera. Mi madre me cuenta la noticia y es clara con los riesgos de la operación infranqueable: Doña Adilia posiblemente no resista la cirugía. Dios, ¡qué desesperación y cuántas lágrimas!. A pesar de que esa señora tiene ya casi 95 años, ella es tan vigorosa que uno no la ve de esa edad. Lloré y con ganas, de la impotencia, de la tristeza, pero también de la soledad. No era posible que abue muriera estando yo tan lejos, a pesar de que desde que me vine para estas tierras sabía muy bien que así podía pasar. Para no cansarlos mucho con el cuento, ella logró superar la cirugía (el primer milagro) y con esa energía que se tiene, consiguió sobrellevar, no sin pena, tres meses de recuperación en cama, luego en andadera y por último en bastón… y según mis últimos informes ya camina distancias cortas sin ayuda de nada. ¡A sus casi 95 años, esa señora es mi orgullo!

Padre e hijo. Dicen que nos parecemos en todo,
incluso en el caracter. Creo que tienen razón. 2007.
Segundo jaque: fue un día por la tarde en Estrasburgo. Como intento hacerlo diariamente, llamo a casa para hablar con mis papás. Papi me cuenta que amaneció hinchado… y desde que lo dijo, un escalofrío recorrió mi cuerpo: “¿pero hinchado de qué? ¿Cómo?”. Nada bueno me decía eso. Los días y las semanas pasaron y él no se recuperaba. Y aunque no lo decían directamente, el tono de las explicaciones de mi madre y mis hermanos no presagiaba nada bueno. Solo Dios sabe lo que pasaba por mi mente, con qué angustia tenía que sobrellevar esos días, mezclados con mi maestría… Tener que seguir mi vida como si nada estuviera pasando, sabiendo que la cura no aparecía por ningún lado, buscando desesperadamente en cada conversación con él una luz que no se veía. Mi corazón se estremecía. No era posible, simplemente no podía pasar, no tan pronto. Seguí con detalle cada examen, cada respuesta a medicamentos, cada tratamiento… hasta que finalmente, bajo la gracia de Dios, un día empieza a deshincharse, luego como de dos meses que a mí se me hicieron dos años. Y sigue mejorando hasta que al día de hoy se encuentra casi totalmente recuperado (quedó más bien más flaco).

Ambas circunstancias, aunque terminaron de acuerdo con lo que yo quería, me sirvieron de sobre aviso: si mi máximo sueño en Francia se concreta, situaciones como estas y muchas otras más podrían llegar en cualquier momento.

El otro gran momento triste pero de mucha moraleja llegó en setiembre: mi amigo de juventud, Andrés Leandro, perece mientras surfeaba. A Andrés, allá en el cielo, le agradezco hoy que me enseñara a observar las cosas en perspectiva. Ese loco me recordó que la vida hay que vivirla mientras se pueda, porque nunca estamos muy jóvenes para morir. Dios lo llamó a sus 26 años por razones que aún no logro entender, pero sí queda claro que su ausencia, aunque dolorosa, fue muy aleccionadora. Fue antier, la madrugada del 30 de diciembre, cuando una conversación con la taxista que me traía del trabajo me resultó simpáticamente coincidente con la enseñanza de Andrés: el día que vivimos hay que aprovecharlo, porque la vida es una y ahora, el mañana no está garantizado y el pasado, como dije al inicio, ya pasó.

Otras cosillas menos importantes te hacen pasar malos ratos, como que casi me vengo sin licencia de conducir de Costa Rica en enero (hay que hacer algo con ese sistema burocráTICO), aunque igual, al final la bendita tarjeta no me ha servido de mayor cosa. La triste y melancólica despedida de mi familia, esta tercera vez muy en serio, la madrugada del 25 de enero. Nada como oír a mi madre levantándome entre sollozos para que me bañara y me fuera al aeropuerto, y aún así haciéndolo con todo su amor porque sabía que era por mi bien y felicidad. Escuchar a mi mamá llorando siempre me ha roto el corazón, pero esa mañana confieso que lo destrozó.

Mi grupo de Pastoral. Retiro ¿2005?
Las decenas de momentos de soledad en mi apartamento, extrañando recuerdos que llegaban a mi mente evocando minutos de risa y compañía de mi familia y amigos en Costa Rica, aplacados de forma muy oportuna por mis amigos de twitter, a quienes siento ya tan próximos como los reales. Las congojas entre llaves perdidas, entrevistas de ubicación para mi especialidad… cosas que se veían insuperables pero que hoy son solo cicatrices. Y que no por duras son desagradables. Dios me ha enseñado a disfrutar incluso de los momentos amargos, porque son sin duda la mejor lección para crecer. Los últimos instantes duros del año fueron el reto de vivir mi primera Navidad lejos de mi familia, el tener que obligarme a bloquear todos los hermosos recuerdos de las navidades vividas en familia. Y sí, aunque dolió ni me morí ni la pasé tan mal. Ya estaba preparado y hace un año sabía que esto sucedería así.

Razones para sonreír

Gus y Yorle, la víspera de la boda.
Pero bueno, pasemos la página de esas cosillas que aún hoy, escribiéndolas, me han hecho lagrimear. ¡Vamos a lo feliz! Y en eso el 2010 tampoco escatimó. Lo primero llegó muy pronto. Mi hermano se casó con una excelente chavala el 9 de enero. Personalmente lo viví en tres actos, como en el teatro: el primero, cuando comenzaron su noviazgo antes de venirme a Francia. El segundo, su compromiso en agosto del 2009, cuando andaba por allá arreglando papeles y el tercero, su boda. Dicen que acaban de terminar a una casa muy bonita de la cual todavía no tengo fotos (sirva de pedrada…). ¡Y quién quita un quite, el cuarto acto será para conocer a mi sobrino! Sería genial, aunque si no pasa, no hay prisa.

El otro momento de gran felicidad fue mi período de práctica primaveral en Radio Francia Internacional. Dios, ¡cómo me sentía cuando caminé sobre la alfombra de la recepción, esa última semana de marzo! El miedo se me quitó al tercer día, cuando mi jefe me dice a quemarropa que le gusta mi trabajo y que no habría problemas para hacerme venir a trabajar en el verano. Esas tres semanas descubrí que existe un lugar agradable, ameno y simpático dónde hacer periodismo (antes lo dudaba). La alegría de ese momento estaba matizada con la preocupación por la salud de mi abuela y mi papá, ya contada arriba. Mis compañeros de RFI en Español han significado desde entonces para mí una especie de segunda familia y me recuerdan lo mejor que tenemos los latinos: una personalidad acogedora, un espíritu abierto y un calor de gentes que es extraño en los europeos. No niego que cuando me siento solo y algo triste en Estrasburgo, les doy una llamada rápida y eso me sirve para levantarme el ánimo.

Este servidor en la sala de redacción de RFI, en París.
El verano llegó y con él, la Copa del Mundo y la posibilidad que me dio también mi jefe en RFI de hacerme cargo casi completamente solo del especial del mundial. Fue una responsabilidad enorme, pero que me enorgullezco de haber cumplido con éxito. Tanto así que se me permitió a mi vuelta a la universidad ser corresponsal en Estrasburgo (aunque no se produzca mayor cosa) y venir a trabajar unos cuantos días para el final del año. Las expectativas que tenía hace 12 meses con RFI no solo se cumplieron, sino que fueron más allá de lo que yo esperaba.

Un regalo de la vida en este 2010 fue la posibilidad de viajar. Empecé en Costa Rica, después un pequeño viaje en Frankfurt, Alemania para terminar enero. Una paseadita en Holanda donde mi ahora gran amigo Adolfo Chávez en mayo. El final del verano hice el tour que tanto había querido: ¡Italia y sus maravillas!: ¡Venecia, Boloña, Florencia, Pisa, Nápoles, Pompeya, Roma y El Vaticano; la historia, el arte, la religión, la cultura, la comida y las italianas! En esto, el momento espiritual más impactante del año: estar en la capilla del Quo Vadis, donde la tradición dice que Jesús se apareció a Pedro cuando huía de Roma y de Nerón. Estar frente a las huellas que se dice son del Maestro me recordó que Él me invita a caminar, a seguirlo… aunque honestamente no he estado a la altura de lo que Él espera de mí. Vivir mi fe aquí, como lo dije en el último post, no es tarea fácil.

Otro punto alto y nada despereciable son mis amigos del master en el CUEJ - Universidad de Estrasburgo. Ellos representan a quienes por cosas de la vida no están a mi lado ahora. Los quiero montones porque son mi soporte. No son muchos, pero en todo caso, nunca en ningún lado fueron muchos. A ellos les agradezco ser mi medicina contra la soledad y mi aliento en momentos de decaimiento.

Iglesia en las afueras de Bruselas, Bélgica.
Diciembre 2010.
Y el año terminó hacia el alza: un cambalache me permitió cubrir el Consejo Europeo en Bruselas, Bélgica. Sin siquiera buscarlo, terminé estando al frente de los jefes de gobierno de Europa, es decir, Sarkozy, Merkel, Cameron, Zapatero, Berlusconi… Profesionalmente fue una experiencia única, y espero que no sea irrepetible.

Finalmente pero no menos importante, otro aspecto muy positivo fue mi salud. Salvo alguno que otro resfrío, como el que tengo en los momentos en que tecleo estas frases, mi cuerpo se ha comportado a la altura y más allá. Otra bendición de Dios.



¡Vení, no te tengo miedo!

Y ahora, llegó el 2011. Perfectamente esto podría ameritar otro post, pero no quiero quebrar los dos comentarios, porque de una forma u otra, esta madrugada de enero une ambos pensamientos. Me encuentro haciendo lo que era mi máximo sueño: ser periodista en Francia, a un semestre de tener mi maestría en periodismo con especialidad en radio… y sin embargo, nada está seguro. Aunque no lo dije al principio, una de las cosas que pensaba cuando iniciaba este comentario es: ¿Y dónde escribiré el del otro año, el 1° de enero del 2012? La verdad, ni idea. No se si me podré quedar en Francia, o incluso en Europa, o el rumbo tomará mi vida a partir de setiembre de este año, cuando se me vence mi título de estadía de la Universidad de Estrasburgo.

Te esperé 2011… Dios sabe que quería que llegaras, porque ya estoy algo exhausto de no establecer mi vida. Sea lo que pase en los próximos días, sé que es para bien porque Dios está conmigo. Si debo volver a Costa Rica, el escenario que menos gracia me hace, aún en ese caso, estoy seguro que Dios sabrá guiarme como lo ha hecho siempre, aunque está claro que dejaré mi sangre por permanecer de este lado del mundo haciendo periodismo como a mí me gusta y disfrutando de una calidad de vida que se, jamás podré tener estando en mi país.

Mis próximos años se definirán en lo que pase de aquí al próximo 31 de diciembre. Pero no temo. Al contrario, ya era hora. Mientras eso pasa, otros retos secundarios que no dejan de estresarme se aproximan: hacer mi memoria de maestría y el reportaje de largo formato de 20 minutos para el cual todavía no tengo tema, ver la forma de intensificar mi fe, que ha sufrido los embates de una Iglesia europea que me arroja continuamente a la soledad.

Entrada de luz a medio día en el Panteón. 
Roma. Agosto 2010
Pero el principal reto será el de disfrutar de la vida como lo he hecho hasta ahora, sabiendo que no será un lecho de rosas sino un desafío cada mañana. Cuando me vine a Francia me cuestionaba por qué me gustaba complicarme la vida. Este año que terminó encontré la respuesta: porque si no existen los problemas, no hay retos, y si no hay retos, no se crece. Y para mí, crecer es una adicción. Dentro de mí tengo muy claro que no soy el mismo Pablo que dejó Costa Rica hace ya casi dos años, ni siquiera el mismo que escribió el comentario del 2009 hace un año. He madurado, ahora se lo que quiero (¿será por eso que me está costando montones enamorarme?), me valgo 100% por mí mismo, tengo heridas de guerra, he enfrentado situaciones límite, pero nunca me he rendido, cualquier cosa menos echarme para atrás.

Sí gente, este año que termina lo viví. Fue una excelente escuela. No le temo al futuro pese a lo que pueda traer. Al final, la vida se trata de vivirla. Y a eso voy.

P.D: los dejo con otro video de Martín Valverde. La canción se llama "Mi Soledad" y creo que ejemplifica muy bien lo que quiero, lo que busco y lo que lucho. Gracias de nuevo a Martín por poner en una canción lo que mi corazón siente.


domingo, 7 de noviembre de 2010

¡Católico!, a pesar de todo...

Con la música de Martín Valverde de fondo, de su disco Pablo Íntimo, me nació escribir este comentario en esta tarde gris de domingo. Las canciones de Martín, costarricense, el cantante de música católica más conocido en el mundo de habla hispana, me inspiran casi desde el mismo momento en que tuve la experiencia personal más impactante de mi vida: un encuentro personal con Cristo, en el lejano pero presente 22 de agosto de 1998.

La historia de mi tocayo, el apóstol, y la mía tiene sus puntos parecidos, aunque evidentemente en cuestiones de fe él me lleva millones de kilómetros de distancia. A los dos nos gusta escribir, a los dos nos gusta comunicar, debatir… los dos tenemos un carácter del carajo (no nos complicamos para decir lo que pensamos) y a los dos nos encanta viajar. Dice un autor teólogo cuyo nombre no retengo que si Pablo hubiera nacido en nuestros tiempos, sería también periodista (siempre que pienso en ello me entra un sano orgullo vocacional).

Ambos dejamos nuestras respectivas tierras buscando una misión. Pablo cruzando el Mediterráneo, yo el Atlántico. Y ambos sufrimos los problemas de vivir nuestra fe en un continente ajeno al nuestro, con una clara tendencia al hedonismo (búsqueda del placer por el placer), con principios humanos y morales en decadencia, dominados por un imperio (romano en su tiempo, capitalismo en el mío) en el cual el poder del tener prima sobre el ser.

A mi tocayo y a mí nos tocó difícil, aunque claro está, a mí solo en el barrio de Neuhof, al sur de Estrasburgo, me han sacado tirándome piedras, pero no por causa del Evangelio, desgraciadamente (al que le interese, le cuento la historia por aparte).

¡Soy católico, apostólico y humano! La gran diferencia entre Pablo y yo es que él sí tenía valor y sí confiaba en el Señor… para mí todavía eso es tarea pendiente. Se me dificulta mucho vivir la fe en medio de un continente cuyo cristianismo se basa únicamente en el nombre y en la historia… y en las bellas catedrales y basílicas construidas para su culto. Europa no es más un continente cristiano, por más que El Vaticano diga lo contrario. Aquí la gente joven, en su gran mayoría, se declara agnóstica o atea. Poco margen hay para juzgar: su “descristianización” no es sino responsabilidad de la misma Iglesia, que desde hace mucho tiempo se dedicó a condenar, juzgar, quemar brujas y herejes en lugar de “anunciar el Evangelio de nuevo”, como solía decir el santo y genio de la congregación redentorista, san Clemente Hofbauer.

Pero qué difícil intentar evangelizar en un continente cuya Iglesia se ha decidido a dormir, y en el peor de los casos, a des-evangelizar. Ir a misa aquí realmente es una prueba para uno como creyente: hace falta fe para creer que Cristo está realmente presente entre el frío de esa gente, de los curas, del templo, de los cantos y de las homilías, que el 99% son leídas de cabo a rabo.

Iglesia y antiguo Panteón romano
Cómo me cuesta vivir mi fe con la cabeza en alto, cuando la mayoría de curas europeos (y algunos incluso en América Latina) toman este asunto como una tarea de domingo. Aquí en Francia, la Iglesia se resignó hace mucho tiempo a desaparecer. Cual enfermo en estado terminal, se dedica simplemente a hacer lo básico para sobrevivir. No existe el entusiasmo en sus celebraciones ni en sus actividades, mientras que los fieles (a quienes no me atrevo a llamar comunidad, porque está claro que eso aquí no existe salvo en cerrados y a veces clasistas grupos) tampoco se esfuerzan por sacar adelante la tarea, olvidándose de aquello de “laicos comprometidos”.

Muy a menudo me pregunto qué habría hecho San Pablo en nuestro tiempo y en el continente donde desarrolló su obra. Creo que el Espíritu Santo sigue en su Iglesia tan presente como en sus inicios, pero la jerarquía lo tiene encerrado en una jaula de oro, sin posibilidades de salir. El súper apóstol, en cambio, lo externaba en cada una de sus cartas y prédicas. Me siento entre la espada y la pared, amenazado por ataques disfrazados de derechos humanos, pero bloqueado por una Iglesia que no se mueve.

¡Qué fregado predicar un Reino de Dios que se acerca a los pobres cuando la Iglesia francesa (y europea en general) tiene siglos de estar en medio de un adulterio con el poder y el dinero, olvidándose de Quién es esposa! Triste decirle a la gente aquí que Dios es amor, cuando los discursos y documentos se basan la mayor parte del tiempo en condenas, prohibiciones y caras arrugadas. Así es imposible transmitir la caridad que nos viene de Dios, de la cual está empapado el Evangelio, especialmente en lo que concierne al perdón, al llamado al arrepentimiento en el amor.

Como si no fuera poco, mi Iglesia se ha apresurado mucho en atacar temas tan frágiles como las uniones homosexuales. Y aunque yo no comparta esa forma de vida, tampoco me atrevo a juzgarla porque creo que aún hay mucho sin saber, sin discutir. Resulta especialmente difícil debatir cuando no se conoce al otro. Igual, creo que en este tema específico la Iglesia no ha dicho su última palabra. Habrá que esperar a que pase el tiempo y que sea la misma Iglesia la que se abra al diálogo, a integrar a la comunidad homosexual tal como lo dice el catecismo, con atención delicada y especial.

Buen ejemplo de fanatismo anticatólico
Y también me cansa el anticatolicismo que veo en la calle, en la prensa y hasta en Twitter. El irrespeto ante la fe (MI FE) lo considero también una falta grave de tolerancia tanto como cuando sucede a la inversa y fanáticos religiosos ofenden a quienes no viven su vida de acuerdo a los lineamientos del Vaticano. El fanatismo y la intolerancia es lo peor que le puede pasar a cualquier grupo humano.

Hay temas de temas y realidades diferentes. Estoy casi en un 100% de acuerdo con la Iglesia en su postura contra el aborto. La defensa de la vida y del más indefenso ser en el mundo, el feto, debe primar sobre la irresponsabilidad y/o la falta de cuidado de algunos. Sobre la eutanasia no puedo decir lo mismo, porque creo que cuando una persona sufre y está ya desahuciada, ella debería tener el derecho a decidir no sufrir más (aunque considero que el contrapeso que hace la Iglesia es necesario para que esto no termine siendo una industria de la muerte).

Volviendo a temas internos eclesiales, si bien la simpatía de Juan XXIII, la elocuencia de Pablo IV, la sonrisa de Juan Pablo I y el carisma de Juan Pablo II ayudaron mucho a que la Iglesia se mantuviera a flote en la segunda mitad del Siglo XXI, creo que Benedicto XVI rompe con esa seguidilla. Y aunque nadie le quita lo sabio que es, en el fondo lo siento un teólogo que escribe para teólogos, no un pastor que guía un pueblo.

Mis pies junto a los del maestro, según la tradición. Quo Vadis
Mi visita a El Vaticano y sus lujosos museos, no produjo en mí ninguna emoción positiva desde el punto de vista religioso, en agosto pasado ¿Será por eso que me movió el piso mi inolvidable permanencia en la humildísima capillita del Quo Vadis en la Vía Apia, donde dice la tradición que Cristo se apareció a Pedro cuando salía huyendo de Nerón? El lugar por donde pasaron Pedro y Pablo no goza de gloriosas excentricidades, más de las huellas que según cuenta la tradición, son las mismas que Cristo grabó en el marmol, al momento de la aparición. ESO sí me impactó.

Basílica del Quo Vadis, Vía Apia.
Mi Iglesia, la Iglesia en la que todavía creo no es aquella de los lujosos altares, los impresionantes cuadros y los cálices de oro. El catolicismo que guardo en mi corazón es el de tanta gente humilde, hormigas de parroquia, que con su labor infatigable y desinteresada guardan el calor a lo interno del Espíritu. Es a esa Iglesia a la que le creo.

Mi teoría es que mi Iglesia necesita volver a ser aquella de las catacumbas. La Iglesia necesita ser de nuevo perseguida, pero no por persecutora, sino por defender a quien en la caridad es más débil. ¡Cómo me gustaría ver una Iglesia tomando la cabeza en la lucha por la defensa de la naturaleza, contra las impunidades y las injusticias, contra los derechos humanos básicos, contra la corrupción en los gobiernos! (y no formando parte de ella, como tristemente ha sido el caso en Costa Rica y muchas partes del mundo).

Cristo bendiciendo al mundo. El Vaticano
Mi fe sigue ahí, tan presente como el Dios que me puso a soñar hace tanto tiempo y que me trajo donde estoy. Seguiré en mi fe y en mi Iglesia a pesar de las piedras. Ruego al Señor, eso sí, que mi Iglesia no se aleje de mí. Que me dé más razones para sentirme orgulloso de ella, tantas como me las da aún hoy Monseñor Romero, la Madre Teresa, Monseñor Gerardi (de Guatemala), San Francisco de Asís, y aquél hombre del Siglo I que tuvo que pasar una ceguera para ver la luz: Pablo.





sábado, 23 de octubre de 2010

Los costarricenses: un pueblo en decadencia

Pensaba que mi próximo post antes de Navidad tendría párrafos cargados de incógnitas personales, pero en vista de lo que sucede en mi país, del que cada día me avergüenzo más y me enorgullezco menos, preferí guardarlo para noviembre y hacer un breve comentario de lo que sucede allá, del otro lado del charco.

Me gusta escribir de estas cosas porque forma parte de mi derecho al berreo, aunque se que mi blog no cambiará jamás la realidad social costarricense. En fin, es una forma de desahogo a larga distancia de lo que veo, capto y oigo por medios de comunicación alternativos (dígase principalmente Twitter) y lo poco que leo en los tradicionales.

En los últimos años me he convertido en alguien cada vez más realista y cada vez menos optimista. Repetidas han sido mis discusiones en torno a este tema, principalmente con mi “compa” tico en Europa, Adolfo Chaves, y con dos viejos amigos: el padre Álvaro Sáenz y Pablo Zúñiga.

Yo me desperté de mi sueño de una Costa Rica justa y equitativa la noche del 7 de octubre del 2007. El globo se me terminó de estallar luego de las últimas elecciones presidenciales. Ante un pueblo acrítico, reacio a pensar, a analizar, no se puede hacer mucho. La situación por la que atraviesa el país en este momento es producto de la gran mayoría de ciudadanos que se dedicaron a vivir los goces de su Europa imaginaria y dejaron de lado las prioridades y la preocupación por el otro. En el fondo, muy en el fondo, es nuestro propio egoísmo (sí, yo también me incluyo, evidentemente) el que tiene al país como está.


Si no ando tan perdido, hay una autopista que prometía ser la joya de la corona de la administración pasada, la cual, con tal de darle gusto al niño malcriado que nos gobernaba, fue inaugurada antes de tiempo. Pésimos mecanismos de supervisión y una empresa inescrupulosa demuestran, una vez más, que lo privado está muy lejos de ser eficiente (el sueño de muchos neoliberales) y mucho menos, honesto.


Además del desfalco y el cinismo manejado por la administración de los “hermanos fantásticos” en el tema de la carretera a Caldera, se encuentra presente la apatía (¿incapacidad?) de la actual administración. La actual mujer dirigente de nuestro país me ha hecho perder la fe en ella muy rápido. La honestidad directa de Chinchilla sigue sin motivo alguno para ser puesta en duda, pero su firmeza, que ya de por sí estaba muy tambaleada, parece resquebrajarse cada vez más. ¿Por qué yo tengo que darle largas a un carpintero que me hizo una silla fea, que se balancea, sin soportes firmes? Si mi silla no es lo que yo pedí, lo lógico es que no se la pague, o que le dé el dinero hasta tanto no la termine con la calidad que uno esperaría. No entiendo cómo si en cosas tan banales generalmente la exigencia y la lógica prevalecen, cuando se trata del dinero de millones de costarricenses, las cosas no parecen ser tan obvias.


Y hablando del bien del país, ¿qué es lo que más importa? ¿La opinión del pueblo, el desarrollo sostenible o aguantarle el chorizo a algunos pocos? Lo que pasa con Crucitas simplemente no tiene nombre. Es una vergüenza que ofende el orgullo nacional, que se tilda de pacífico y sostenible, comparable a la lista de países que apoyaban a los gringos en su invasión a Irak, obra de Abelito. A mí aquí en Europa me da pena (y mucha) cuando un europeo empieza a hablarme de Costa Rica y me dice que si es cierto que somos “la Suiza de América”, el país conservacionista, la cuna de la biodiversidad, etc. Con gran dolor tengo que contarles que a nuestros gobernantes les importa cada vez menos esos temas, que el único verde que les interesa es el que tiñe los miles de dólares que caen en sus bolsillos a cambio de destrucción, subdesarrollo y unos cuantos empleos mal pagados.

Cierto que las lluvias que cayeron este año en el país no son culpa del PLN, pero sí lo es el dar un adecuado mantenimiento al estado de carreteras, puentes e infraestructura en general. Para eso han estado ya casi 5 años en el poder y ninguna mejora se ve pero sí muchos serios embrollos.


De la violencia social ni hablar. Ya se sabía. Con el TLC y las políticas que priorizan los intereses de unos pocos a los de las grandes mayorías, era obvio que iban a aumentar la desigualdad y la delincuencia que le muerde los pasos. Que Costa Rica no espere una reducción de los asaltos y asesinatos con aviones gringos, buques de guerra, gloriosas incursiones policiales en los barrios de mala muerte o requisas sorpresas a civiles que no tienen nada que ver en el enredo. El problema se solucionará cuando el poder gobierne para todos por igual.


Tampoco esperemos un cambio mientras la educación siga enseñando a nuestros niños y jóvenes a memorizar en lugar de analizar y criticar, cuando nuestros medios de comunicación recetan a diario basura y manipulación, con la complacencia de algunos de mis colegas que tristemente cambiaron su vocación de servicio social por el de un cómodo puesto de trabajo donde nada ni nadie los molesta.


En resumen: Costa Rica NO va a cambiar. Costa Rica NO va a mejorar. Es crudo decirlo así, pero para mí eso está clarísimo. La democracia más estable de América Latina lo seguirá siendo en el papel, aunque el poder esté muy concentradito y en manos de bestias salvajes, capaces de callar conciencias a punta de dinero o presiones, y cuidado si no, de balas (san Parmenio, ora pro nobis).


Me duele decirlo pero veo una Costa Rica cada vez más parecida a sus pobres y herrumbradas hermanas centroamericanas. Y lo peor es que el tico no acaba de despertarse de esa modorra, porque como ya lo he repetido en innumerables ocasiones, sigue con su birrita, su mejenga del domingo, viendo intrusos aficionados al voyeurismo o gente bailando.


Y al final, para tapar el sol con un dedo, lo único que faltaba: una buena cortina de humo, al estilo de los Alemán y los Ortega, pero esta vez a la inversa. Ante la incapacidad de sanear los males internos, mejor distraer la opinión pública con una invasión a la gloriosa soberanía nacional (Sarkozy y los rom, versión tica). El xenofobismo, del cual el costarricense se siente tremendamente orgulloso, es una excelente salida ante tanta metida de pata e incompetencia. Yo jamás pensé que nuestros políticos fueran a caer tan, pero tan bajo. Ni Arias lo hizo durante la campaña del referéndum. Pero evidentemente me equivoqué.


Así que mi egoísmo me lleva a decir: sálvese quien pueda. Y sí, es horrible. Y sí, es asqueroso, pedante, pretencioso e inhumano. Pero yo no quiero vivir en un país así y tengo todo el derecho del mundo a buscar un futuro mejor para mí y para los que amo. Por eso, todas las circunstancias anteriormente analizadas no hacen más que motivarme a quedarme en el país donde vivo, porque aunque también tiene muchos problemas sociales y la cosa se pone cada vez peor, es una nación donde la voz del sindicalista, serio y consciente, se impone, donde buena parte de la prensa sigue siendo contestataria y sigue demostrando que la responsabilidad social y los negocios pueden ir de la mano. Claro, estamos hablando de una nación cuya educación la lleva a formar gente que critica, analiza y piensa (bueno, no todos la verdad, pero sí buena parte). 


En suma, yo también tengo derecho a un mejor porvenir. Y si de algo me alegro es que mi futuro título universitario en Estrasburgo, Dios mediante, no se lo debo a ningún político tercermundista ni a ningún partido oportunista. Se lo debo a mi familia, la cual amo y por quien me rindo por completo desde acá para un día retribuirles todo lo que me han dado.


Si alguien me demuestra que mi falta de fe en el país no tiene fundamentos, que lo haga con hechos. Si algún héroe logra cambiar la mentalidad del costarricense, cosa que para mí es utópica, contará con mi apoyo y puede ser, mi presencia a su lado. Pero ya yo no sueño con ser el Juanito Mora del Siglo XXI. Ya eso pasó. Un pueblo que no quiere mejorar no merece gente que luche por él.


P.D: un video de los compas de laerre.tv alusivo a varios temas que vengo de exponer. Pura vida!