miércoles, 8 de enero de 2014

Mis “X” para el 2 de febrero

Aunque yo sé que decir por quién pienso votar el próximo 2 de febrero no variará nada el resultado, quiero compartir con ustedes el análisis que hasta la fecha he hecho de la oferta política que hay y de lo que puede venir con el futuro presidente de la República en los cuatro años que se nos avecinan...

Antes de escuchar cualquier crítica de “un periodista tiene que ser objetivo” (señores, noticia: la objetividad no existe) quiero aclarar que un periodista es tan ciudadano como cualquier otro, con derecho a expresarse libremente sobre lo que piensa, sin recibir presiones de ningún tipo y de ningún lado, llámense estas: medios, colegas, círculos políticos, empresariales o etc. Ya viene siendo hora de que este gremio se despierte y reclame su derecho a pensar.

La razón por la que aclaro esto, antes de entrar en materia, es muy simple: hay gente que cree (o que se lo cree) que los periodistas somos transmisores “objetivos”, 100% imparciales, sin tintes de ningún tipo, algo así como un cable inerte que transfiere datos de un lugar a otro. Los periodistas pensamos, preferimos a un candidato más que a otro y tenemos nuestro derecho a analizar (posiblemente lo hacemos más, fuera de micrófono, que la mayoría de profesionales).

Ahora bien, la profesionalidad a la hora de comunicar se demuestra cuando, en el momento de informar, el tratamiento es igualitario para todas las posturas y candidatos. No porque yo sea de centroizquierda voy a negarle el micrófono a Otto Guevara. O porque yo haya votado por el PAC trato con menos respeto a Johnny Araya. O bien, porque crea que el PUSC es un partido que debe desaparecer debido a sus horribles actos de corrupción, voy a tergiversar lo que dice Rodolfo Piza. La información debe ser lo más imparcial posible, lo contrario sería irrespetar al público que nos lee / escucha / ve, pues al final, es quien debe forjarse su propia opinión. Pero irse al otro extremo también sería irrespetar nuestro derecho a pensar, a opinar, a expresarnos y a valorar la información que procesamos todos los días.

Volviendo al tema del principio, mis “X” para las elecciones ya tienen su casilla elegida (a menos claro que pase algo dramático) y, sorprenda tal vez a algunos o no, no será para el mismo partido en ambas papeletas. De hecho, nunca lo ha sido. Me hace reír cuando alguna gente (sobre todo un par de ministros por ahí) en Twitter jura y perjura que yo soy “PAC” de hueso colorado. Sin duda les duele cuando uno es crítico con el PLN y con el peor gobierno que este país recuerde: el de Laura Chinchilla. Pero no. Si bien es cierto soy centroizquierda (nunca lo he negado y, al contrario, lo he dicho abiertamente) y el PAC es el partido con el que me siento más identificado, eso nunca ha limitado que lo critique, que me enoje con las estupideces que alguna gente ahí adentro ha hecho y que sienta que ha ido perdiendo el rumbo por el que fue creado. Hago mías las palabras que dijo alguna vez un tuitero del que no recuero su nombre de usuario: “el PAC es el partido que todos quisiéramos que fuera, pero que nunca ha sido”. No obstante, admito que, de lo que hay, es lo que se me hace más cercano.

Así que bueno, al mejor estilo de los medios internacionales de prestigio (¡oh comapración!) les confieso que la línea editorial de “A título personal” apoya al candidato del Partido Acción Ciudadana, Luis Guillermo Solís, para los comicios de febrero. ¿Por qué? Pues básicamente porque de toda la oferta actual, considero que es lo mejor que le podría pasar a este país. Don Luis Guillermo, un hombre austero incluso en su personalidad, que le ha costado “soltarse” para hablar, cero populista, de altos conocimientos en ciencias políticas y coyuntura internacional, ha sido honesto hasta donde me da la información; íntegro, comprometido con todo lo que ha desarrollado y fiel a sus convicciones éticas y morales. No en vano renunció a Liberación Nacional cuando vio que Óscar Arias impulsaba su reelección inconstitucional con la complicidad de quienes estaban en ese partido. Él, a diferencia de Ottón Solís, tiene un estilo mucho más de escucha, de negociación, lo cual no quiere decir que se traicione a sí mismo.

Ojalá los costarricenses se dieran el tiempo, como dicen sus anuncios, de conocerlo. Lamentablemente confieso que ese detalle hará que posiblemente pierda las elecciones. Yo nunca he votado para ganar, tengo muy claro que la política no es un partido de fútbol, por eso no me importa si gano o no en febrero, aunque evidentemente, creo que lo mejor para Costa Rica es que Solís triunfe. Si la Liga no volviera a quedar campeón en la vida, eso no me afectaría más que el hecho de celebrar una o dos noches al año. Pero si el país no se atreve a mejorar, eso sí me jode el entorno, las posibilidades de surgir, de transitar por mejores carreteras, de caminar más tranquilo sin miedo a ser asaltado, de tener un transporte público más ágil, un Estado que apueste por la investigación científica o por acelerar procesos para que las cosas avancen con un sentido de equidad, inclusión y transparencia.

El problema con Luis Guillermo es querer ser presidente de forma casi advenediza, sin avisar y sin darse a conocer más que en los círculos académicos del país. Y un presidente no se construye de la noche a la mañana. Los “outsiders” rara vez tienen éxito a menos que posean un don muy especial (como la oratoria de Obama en el 2008). En fin, repito, votaré por Solís no porque crea que vaya a ganar, sino porque necesito tener mi conciencia tranquila en los próximos cuatro años y porque concienzudamente creo que es la mejor opción entre lo que hay.

No votaré... porque...

No votaré por Johnny Araya porque... ¿en serio hace falta explicarlo? Porque estuvo 20 años al frente de la Municipalidad de San José y sigo viendo a la capital de este país como una de las ciudades más horribles del mundo, llena de contaminación, caos vial, indigencia, descuido, calles en mal estado, contaminación sónica y visual... en fin, una ciudad en la que no dan ganas entrar y de la que uno quiere salir. Eso quiere decir que este señor de planificación no sabe un comino y que si fracasó durante tanto tiempo como alcalde, no hay razones para pensar que va a tener éxito como presidente.

Porque don Johnny, a pesar de que ahora venga a decirnos que él simboliza la “renovación” del PLN, nunca fue capaz (ni le interesó, ni le servía) de criticar a los últimos dos gobiernos de turno, o al de José María Figueres, para realmente diferenciarse políticamente de quienes ahora critica por haber perdido el rumbo, y ahora más bien en su publicidad se dedica a rescatar los "logros" de los gobiernos verdiblancos.

Como si fuera poco, Araya tiene 10 causas pendientes en el Ministerio Público, porque no me genera confianza, porque mucho se ha dicho de un presunto lucrativo negocio que hay a expensas de cada adoquín puesto en los bulevares que él ha hecho construir en San José. Y para rematar, se niega a asistir al debate que organiza Transparencia Internacional... ¿será que no le sirve que le saquen en cara todos los desmadres que ha protagonizado su partido por presuntos actos de corrupción?

Araya es cómplice de la debacle y la falta de credibilidad que sufre el país desde hace años. La muy honorable gente que quedaba en el PLN con alguna capacidad de cambio ya se fue, porque se dio cuenta que ahí no hay nada qué hacer. Es una agrupación tomada por la derecha casi neoliberal, al punto que su propio presidente, Bernal Jiménez, lo reconoció tácitamente en una entrevista publicada en La Nación hace unos 3 años (desgraciadamente la googlié y la busqué en mis links y no encontré el artículo, pero lo recuerdo perfectamente).

Seguimos con Otto Guevara... y aunque para estas elecciones hubiera sido bueno para el Movimiento Libertario buscar otra figura, lo cierto es que el gamonal de esa agrupación no suelta el churuco y sigue presentándose como “el cambio”, cuando ya todos sabemos que él es “más de lo mismo”. Otto no solo lleva sobre sus hombros el pesado fardo de las cuentas fantasmas de la pasada campaña política en las que presuntamente se favoreció, sino que su discurso: sabido, cansón, predecible, incoherente y elitista, impide que uno le crea media palabra.

Su capacidad en el Movimiento Libertario para liderar quedó más que en tela de duda después de ver la bancada saliente en la Asamblea Legislativa: diputados que ya no lo apoyan y una fracción que se dividió y se volvió a dividir en diferentes ocasiones, la más visible de ellas en la elección del directorio del pasado 8 de mayo. Otto no es sino un figurín, que hace anuncios de campaña como si estuviera vendiendo combos de McDonalds o detergentes para amas de casa. Alguien que piensa que con el mismo “mae chingo” de hace 4 años podrá alcanzar resultados diferentes. En fin, para mí Otto es un cero a la izquierda y de los candidatos con posibilidades, lo peor que le podría pasar a este país es elegirlo a él.

Luego viene Villalta. Y aunque a José María le admiro su tesón y empuje de juventud, me parece alguien en el fondo sin pilares fuertes, sin coherencia ideológica (ya ahora recordó lo que la Doctrina Social de la Iglesia dice y lo promulga sin tapujos en los debates). Villalta puede tener el carisma en ciertos sectores, principalmente entre la juventud, pero no tiene nada más. Carece de madurez, de visión, de un equipo que lo acompañe y de un proyecto de país que justifique su presidencia.

Un posible gobierno del Frente Amplio tiene un serio problema: la incertidumbre de lo que se podría venir. Realmente no sabemos qué esperar de un partido que solo ha tenido un diputado por cuatrienio en Cuesta de Moras y ante posturas en las que se dice y se desdice (como el aborto generalizado para las mujeres). A Villalta lo dejó además muy mal parado la entrevista hecha por Alberto Padillaen CB24, donde demostró que le falta mucho colmillo ante cuestionamientos ideológicos y que realmente está en pañales. Tal vez en un futuro, cuando madure más y adquiera mayor experiencia, sea una opción, pero por ahora no lo es.

Continuando con Rodolfo Piza, aunque sé que es de derecha y que está indisolublemente vinculado con el PUSC, creo que es un hombre que piensa, meticuloso y que conoce lo que está hablando. Desgraciadamente su punto en contra es el socialcristianismo, el haber sido ungido por su partido como candidato bajo la bendición de los Calderón y los Rodríguez, que aunque escondidos, siguen teniendo poder y presencia en ese partido. Cualquier cosa que venga de rojo y azul, por buena que sea, no es opción por el simple hecho de que su partido le hizo demasiado mal a la democracia de este país y más aún al sistema de partidos políticos, en conjunto con la desfachatez del PLN. Los resabios del bipartidismo del Siglo XX deberían quedar fuera para siempre, pero la democracia es así, no lo que yo quiera o crea, sino lo que el tico promedio dice e insiste, y es ahí donde nos jodemos normalmente cada cuatro años.

Y luego viene el resto, candidatos en los que uno puede sentir cierta simpatía, pero que uno sabe que no podrán llegar ni a la vuelta de la esquina con sus partidos y apoyos, y que tampoco son muy conocidos, o bien, que por conocidos tampoco son opción (el caso de Justo Orozco es el más evidente). Así que, una vez más, ante lo que hay, me parece que mi voto para presidente será para la casilla rojiamarilla el 2 de febrero.

Ahora bien, sobre los diputados, tenemos casi el mismo problema de siempre: ni idea de quiénes son. Permítanme recordarles que mi domicilio electoral está en la Escuela Juan Rafael Meoño, en mi querido y amado barrio El Llano, en el centro de Alajuela (el mismo en el que nació y vivió uno de mis héroes históricos, Carlos Luis Fallas). Y como voto en esta provincia, el partido que ganará mi elección no será el PAC. La razón más fuerte está en que el primer lugar del PAC por Alajuela es un señor que ni siquiera es del cantón, del que me han hablado muy mal y que no me merece mi mayor atención.

Pensaba, en un inicio, dar mi voto para diputado al Frente Amplio, bajo el temor de que el PLN podría tener una mayoría inmensa en la Asamblea y que harían falta diputados que “jodieran” a un eventual gobierno de Johnny Araya a más no poder. Sin embargo, ya quedó claro que esto no será así y que el Congreso quedará nuevamente muy dividido con un Frente Amplio con muchos diputados. Siendo así, y ante la oferta que hay en Alajuela, me encontré con la agradable sorpresa de que el cantautor, historiador y no sé qué más, Dionisio Cabal, está como candidato a diputado por el partido Alianza Patriótica (o mejor dicho, lo que quedó del NO al TLC hace 7 años).

Don Dionisio tendrá mi voto para diputado porque es una persona con mucho conocimiento, que sabe bastante de lo que es el costarricense, su forma de ver la vida, su idiosincrasia y valores. De todos es al que mejor conozco, me parece una persona muy coherente, y aunque yo no participe necesariamente de todas sus posturas, sé que aportará algo que el plenario legislativo perdió hace rato: prestigio y señorío.

Los demás partidos, más o menos por las razones ya explicadas, no tendrán mi voto para diputados. No me voy a arriesgar a dar mi “sí” a una persona que no tengo idea de quién es y que no sé si me irá a representar bien o no y mucho menos a partidos desgastados o cuyos diputados han convertido la Asamblea Legislativa en una charanga y un circo, entre ellos, cierto legislador por Alajuela de Liberación Nacional.

Esas son mis dos X para el otro año. Solo espero que usted que me lee, se informe, analice, piense y luego de haber rumiado esa información, decida lo mejor para esta muy alicaída Costa Rica que ya se encuentra cerca de terminar en el precipicio si no hacemos algo porque mejore.

Feliz final de campaña.


miércoles, 1 de enero de 2014

2013: De las sombras a la esperanza


Un nuevo 1° de enero en la madrugada llega y antes de comenzar esta nueva edición de mi resumen anual de los últimos 12 meses, me puse a leer el comentario de hace un año para ver cómo había cambiado todo y qué había quedado parecido... y tengo que decir que aunque el 2013 que concluyó hace ya 3 horas no fue el mejor año de mi vida, sí sirvió para algo que anhelaba 365 días atrás: ponerme en marcha hacia algo que llene mi vida, aunque ese “algo” no esté ya concretado. De hecho falta camino. Pero ya avancé y eso es más que bueno.

Mucha esperanza me deja este 2013 aunque algunas cosas no dan para tirar las campanas al vuelo. En el plano nacional el saber que Johnny Araya no tiene tan adoquinado el camino hacia Zapote en mayo, sinceramente me da para creer que la política nacional puede tener un remezón, y que el costarricense, por una nueva ocasión, tiene la oportunidad de dar un golpe de timón, a ver si por fin dejamos esta modorra, estos 30 años de hacer NADA por salir del subdesarrollo y de la desigualdad creciente.

En este año que empieza tenemos el chance de poder cambiar las cosas. Ojalá la gente pobre, humilde y marginada, que ha sido tan manipulada por la clase política de este país, se dé cuenta que es hora de cambiar las cosas y que las falsas promesas de frases como “Sí Costa Rica” y “Adelante” no hicieron más que engañarnos y retroceder.

Si la Sele tiene un reto enorme en junio de este año con el Mundial para vencer a tres grandes, es hora de que el tico entienda que ante su nariz se presenta una responsabilidad de derrotar a sus tres grandes verdugos: la falta de criterio, la mediocridad y el engaño y reclamar lo que siempre ha sido suyo: el derecho de vivir dignamente. No digo que un próximo gobierno vaya a solucionar todos los problemas del país y a acabar con la pobreza (eso sabemos que es utópico), pero sí es hora de que este país comience a retomar la ruta al desarrollo si no quiere “centroamericanizarse” (con el perdón de los hermanos centroamericanos) y acabar como un país pobre, violento y con unos poquísimos que lo tienen todo y una enorme mayoría que no tiene absolutamente nada.

No me quiero extender mucho con el tema político porque pronto vendrá otro post preelectoral para hablar del tema. Solo espero y pido a Dios que nos dé MENTE para elegir lo que sea mejor. Ojo, no digo que la selección esté fácil pero sí que la misma debe ser hecha más con la cabeza que con otra cosa.

En lo internacional, la esperanza que dejó este 2013 para muchos tiene nombre y apellidos: se llama Jorge Mario Bergoglio, o mejor dicho, el papa Francisco. En medio de los tiempos más aciagos, cuando muchos católicos (quizá la mayoría) pensamos que esto iba para abajo, al papa Benedicto XVI lo ilumina el Espíritu Santo y, en un acto impresionante y tapabocas de humildad, decide dejar el puesto de líder de la Iglesia Católica para alguien con más fuerza, que pueda hacer el trabajo que él no pudo. Esto no puede pasar por algo desapercibido, porque si la llegada de Francisco ha sido un haz de luz para la Iglesia, esta misma inició con la iluminación del pontífice alemán que tanto critiqué aquí mismo en alguna ocasión. Lo de Joseph Ratzinger debe ser ensalzado y reconocido aún por sus detractores.

El papa Francisco ha sido, como suele ser costumbre en las cosas de Dios, algo demasiado bueno para ser creído. Hoy por hoy, cuando escucho su nombre en la liturgia de las misas, siento un orgullo indescriptible que se ve ensombrecido por el nombre del obispo de mi diócesis que lo sigue. Pero quedándonos con lo hecho con el primer Papa americano de la historia, su proceder significa esperanza, un reverdecer, una primavera católica que todos vemos y percibimos. Es más, Francisco nos deja mal al resto porque nos hace ver como un montón de inútiles mediocres con sus palabras y más aún con sus hechos.

El Papa, sin mucho regaño y con más obras que otra cosa, nos enseña que la cosa aquí es hablando menos y haciendo más. Ya Benedicto XVI había dejado bien asentadas las bases de la teología moderna, ahora Dios dispuso que alguien que parece más un cura de pueblo que un líder religioso (en el sentido de su humildad) llegara a hablarle a la gente en el lenguaje que el ser humano actual entiende y le gusta... y más aún, ama, porque el pueblo católico necesita alguien sencillo para amar con sencillez.

Podría hablar mucho más sobre Francisco pero tampoco quiero que mi comentario anual se extienda demasiado en él. Solo les digo que cuando ese hombrecillo tímido salió por la ventana del balcón vaticano el 13 de marzo y pidió la bendición de la gente, cuando su nombre “Franciscus” resonó por los altoparlantes de la plaza de San Pedro, cuando salió sin adornos ni parafernalia, supe que todo había cambiado para siempre. Los católicos estamos en los albores de ver la mejor época de nuestra Iglesia en siglos, avanzamos curiosamente devolviéndonos a nuestras raíces, y creo que si hay un momento para tener esperanza en nuestra fe y su futuro, es ahora. ¡Viva el papa Francisco, viva la Iglesia y viva el Espíritu Santo que es al final quien no deja que esto se caiga!

Y el otro punto que justifica el título de este año es más personal: una persona que llega de improviso a finales de setiembre y, cuando yo pensaba que todo estaba perdido, que una eventual nueva salida del país era más que deseable para el 2014, cuando creía que en serio me quedaría abrazando la soledad de por vida por lo dañado que había quedado tras el paso de Francia y cierta experiencia adicional, ella irrumpe en mi vida y me hace una revolución que este 1° de enero a las 00:00 horas firmé como una nueva relación que espero llegue a excelente término. Se trata de una mujer que llegó no solo a “moverme el piso” sino también a poner mi vida en orden. Su fuerza, su decisión, su entusiasmo, su alegría, su espiritualidad, su energía y muchas cosas más que mejor no enumero para no parecer “meloso” fueron como un bálsamo para un momento en que mis fuerzas flaqueaban y mi desgano por quedarme aquí aumentaba. A ella gracias porque, sin proponérselo, pintó de colores nuevamente mis días y me da motivos para soñar un nuevo sueño.

Finalmente pero no menos importante para tener esperanza, en octubre se nos anuncia la llegada de un nuevo miembro (o más bien, nueva) a la familia: la ansiada sobrina, la primera, me hará tío en condición inédita, algo que sin duda me será una experiencia que alimentará mi propia humanidad. Si lo de cambiar pañales y “chinear” chiquitos nunca fue algo cercano, parece que ahora sí lo será. María Paula es una gran bendición de Dios para nuestra familia y desde ya con ansias esperamos tenerla con nosotros para amarla, presumiblemente en julio.

Ahora bien, todo eso no quiere decir que el 2013 fuera un lecho de rosas. Estoy sacando lo positivo porque el balance de este año que concluye es, a Dios gracias, favorable. Pero hubo y siguen habiendo momentos de monotonía, circunstancias en que sentí que me “venía abajo” y por gracia de Dios ahí estuvieron mi familia, mis amigos de verdad (tan pocos como valiosos) y una palabra de aliento dicha en el momento justo.

Profesionalmente este que termina fue un año de “permanencia” que espero que deje un poco ese estado de tranquilidad para darme algo que me apasione. No soy malagradecido y agradezco a Dios todos los santos días el tener un trabajo agradable y con un ambiente laboral que se lo desea más de una redacción de medios en este país, pero creo que yo puedo dar más y que estoy para más. Ese punto también puede ser visto desde la esperanza de que pronto me encontraré con lo que quiero hacer y que además sé que puedo hacer.

En lo demás, el 2013 deja retos a nivel de familia y de luchas que habrá que dar... nada raro para mí, que sin pleitos y dificultades a vencer no estoy contento. Un año que termina en el que se cumplió mi deseo de 12 meses atrás: estabilizarme, dejar un poco de lado el fantasma francés que, no voy a negar, sigue visitándome de vez en cuando para atacarme con nostalgia, aunque creo que desde noviembre encontré el antídoto para vencerlo.

Creo que el espíritu del fallecido Mandela, sin duda la muerte más dolorosa para el mundo que tuvimos en este año que terminó, debería impactarnos a todos por igual para tratar de ver si salvamos esta debacle: una lucha incansable contra lo que parece sentenciado, un reverdecer de humanidad y de creer que, pese a lo improbable y utópico, si realmente todos actuamos se pueden lograr grandes cambios. Desgraciadamente eso no depende de mí sino del resto y si ese resto no actúa, nada importante puede lograrse. De ahí mi pesimismo de siempre: no porque mejorar este país sea per sé imposible, sino porque aveces parece que la gente quiere seguir con su modorra y su mediocridad. Y a mí pocas cosas me sacan más de quicio que la gente que se cree bruta y se niega a sí misma un futuro mejor.

Costa Rica solo cambiará si esa mentalidad subdesarrollada del conformismo y el pobrecito desaparecen de nuestra esquema mental. Solo si, como Mandela, somos capaces de rebelarnos de nuestra acostumbrada falsa comodidad y nos atrevemos a ser y a exigir más. Por eso es que mi perspectiva ante el 2014, si bien es mesurada y hasta gris, también deja pie a que las cosas puedan cambiar. Porque si en el 2013 hubo tantos factores pequeños que dieron luz al mundo y a mi existencia, creo que algo parecido aunque en menor escala podría presentarse si todos nos negamos a que nos sigan viendo la cara de idiotas. Pero eso depende de mí, de usted y de la gente que usted tiene a su entorno.

Es hora de que los políticos de turno dejen de verle la cara al pueblo de tonto y que el propio pueblo, primer culpable de todas sus desgracias, golpee la mesa y haga saber que es hora de ser manejado con dignidad. Si y solo si los costarricenses nos decidimos a ser mejores, se logrará. De lo contrario, lo único que se conseguirá en este 2014 será agrandar la bomba de tiempo que venimos gestando todos como sociedad hace unas tres décadas.

Del año que empieza no espero demasiado, pero lo poco que espero lo anhelo con entusiasmo. Sé que podría no ser fácil (la salud de mi abuela de 98 años encabeza una de mis mayores preocupaciones, de hecho casi casi se nos va en agosto) y que sus complicaciones tendrá. Pero confío en que mis nuevos retos, las nuevas experiencias y los nuevos logros serán suficientes para tener un nuevo año mejor que sus dos antecesores.

Para concluir esta experiencia que creo que llega ya a su octavo año solo puedo pensar en que la vida esta hecha para vivirse, por redundante que esto suene. Que quien no sueña muerto está y que, como había dicho anteriormente, con base en sueños se construye la realidad deseada. Dios no desampara a nadie y menos aún a quien pone todas sus energías en lo que quiere. Es por ello que busco mejores 12 meses a partir de ahora. Quiero más novedad y menos modorra. Quiero nuevos retos y perfeccionar mi mente y espíritu. Ya tengo un proyecto nuevo en mi vida que me apasiona y que me hará luchar por él en el futuro cercano. Me gustaría lo mismo para la sociedad y el país, aunque ya eso escapa de mi poder.

A usted que tiene la paciencia de leer estas líneas, atrévase a ir más allá. No se trata de una mentalidad de autoayuda falsa y sosa, sino de decisiones a tomar, la más importante de ellas posiblemente el 2 de febrero que casi tenemos encima. En un mes decidiremos cómo nos gobernaremos en los próximos cuatro años. Tome su rato y medite su voto, sea crítico, sea analítico y motive a los otros a hacer lo mismo.

Saludos gente. Realmente les deseo un promisorio 2014. Que todo lo que suceda, aunque sea triste o “feo” sea para bien. Porque en esta vida hasta a los factores oscuros hay que saberles dar luz.

¡Feliz año nuevo!


Pablo.

sábado, 2 de noviembre de 2013

¿Quién dijo que la muerte no tiene solución?

Si hay un tema a lo largo de mi vida que me ha intrigado, provocado primero miedo, luego curiosidad y últimamente regocijo es el tema de la muerte. Y ¿qué mejor fecha que esta para hablar sobre ese fin que en realidad no es un fin, sino una mudanza? Le robo esta concepción a Facundo Cabral (a quien imagino en el cielo haciendo coplas y conciertos para el regocijo de todos) para tocar un tema que no es ni de realidad nacional ni personal, pero sí que me encanta y apasiona: la muerte.

La muerte, señoras y señores, se puede ver de dos formas: sin Dios, es decir, engañándose y creyendo que cuando cerremos los ojos por última vez todo acabará y uniremos nuestra materia inerte a la del resto del universo... o bien, como la fe cristiana lo ha señalado desde hace unos 1970 años (o más si juntamos las creencias judías): un paso, una pascua hacia la definitiva y final vida, que será la que nos espera al otro lado.

Entender la muerte sin Dios debe ser desesperante... el solo imaginar morir y que todo se acaba me estremece porque, después de todo, no tendría ningún sentido ni trascendencia nuestra existencia. En cambio, la muerte con Dios no solo tiene sentido sino que forma parte de su creación, haciéndola hermosa, necesaria y enriquecedora.

“La hermana muerte” la apodó san Francisco. Claro que hay que llamarla con cariño. Porque al final su misión es solo una: recordarnos que somos imperfectos y necesitados, frágiles y finitos. Pero a la vez, darnos ese pasaporte hacia la vida que nunca acaba.

Ahora bien, el momento en que nuestra alma se separe de nuestro cuerpo también nos impone (a los que creemos) hacernos un balance de cómo anda la cosa por acá. Teológicamente debemos tener claro que no se trata de “portarnos bien para ir al cielo” (error que durante mucho tiempo la Iglesia se encargó de difundir). Por mejor que nos “portemos” jamás seremos dignos de merecer tan grande dicha. Es obvio que la resurrección es un regalo dado por Dios que nadie jamás podría “comprar” con buenas obras. Lo que sí es necesario es vivir en concordancia con la voluntad de Dios, o más simplemente, vivir amando. Pero ese es un tema que quedará para otro día.

La muerte es sinónimo de vida, de libertad, de plenitud... de dicha. Si en mi encuentro personal con Cristo que describí en mi último post dije que había sentido la alegría más grande de mi vida, asumo que el cielo es un millón de veces eso. Porque mis amigos: sí hay un más allá. Y no solo me respalda mi fe, aunque sí me basta. Existen miles de testimonios de gente (algunos de ellos conocidos) que han tenido una experiencia cercana a ese paso: el alma que se despega del cuerpo, la percepción de verlo todo “desde arriba” e incluso, de ver otro lugar después de eso: un tunel, un campo verde, conversar con personas que partieron antes y la percepción de tener que regresar “a terminar algo”. Incluso, muchos de ellos describen lo que había a su alrededor a pesar de no tener signos vitales, y obviamente, la capacidad de percibir con sus sentidos.

Algunos dicen que las experiencias cercanas a la muerte es el “último respiro” de las neuronas antes que todo se apague. Pues ¡qué capacidad del cerebro! Ir más allá de la percepción normal para describir cosas e imágenes que son narradas como “más reales que lo que vemos en nuestra realidad”, con lujo de detalles, sin que ya en el cuerpo nada funcione.

El mito del fin con la muerte es eso: un mito. Perdone usted si cree o no cree, pero ese asunto es tan real como la ley de la gravedad. ¿Que no está científicamente “probado” pese a las investigaciones neurológicas que concluyen cosas que no se explican? Claro. Resulta difícil hacer un “estudio” desde el otro lado. Pero en fin, creamos o no, hay una gran verdad: ese momento nos llegará a todos e imagino que, desde el otro lado, más de uno me dirá “tenías razón”.

Pienso en el momento de mi muerte todos los días. ¿Que estoy loco? No. Simplemente se trata de recordar cómo estoy actuando a diario para que ese instante no me tome del todo desprevenido. La pregunta que nos harán del otro lado será: ¿cuánto amaste? Y de eso dependerá el que realmente queramos estar en ese lugar tan lindo y especial... o que estemos lejos del mismo, para siempre.
No me creo santo (estoy lejísimos de ese estado) pero sí creo que si la muerte me sorprendiera hoy pasaría “raspando” para ver a ese Ser que me pensó y amó tanto, desde el inicio hasta el fin de mi vida en esta tierra. Dios sabe que si he actuado mal en el fondo no es porque lo odie a Él o a mi prójimo, sino porque en el fondo estoy en búsqueda de mi felicidad, de una forma no correcta tal vez, pero en ningún caso mal intencionada. Y si el asunto funciona como decía San Pedro: “un poco de amor cubre multitud de faltas” entonces creo que con eso y con la misericordia de Dios, llegaré a la meta de la que tanto habló Pablo el grande.

Claro, eso me hace cuestionarme qué pasará con quienes dedicaron su vida terrena a hacerle el mal a los demás: a robar, a la deshonestidad, a acumular poder y riqueza en detrimento de quienes no tienen nada (el evangelio del rico y el pobre Lázaro), a quienes maltrataron, abusaron, torturaron y mataron. A quienes fomentaron el hambre, las guerras, las enfermedades (por no luchar contra ellas). En fin, a todos los que se dedicaron a odiar en lugar de amar. Pronóstico reservado, aunque sí, aún para ellos hay misericordia si se da un arrepentimiento seguido de la conversión.

Entrada a la cripta donde reposa el cuerpo incorrupto de (san)
Padre Pío. Como pueden ver el lugar es completamente dorado
lo cual simboliza la resurrección en lugar de tonos oscuros.
Es por eso que en este post quería dejar un mensaje póstumo para cuando a me toque abordar ese tren que me llevará a un destino final y definitivo:

“Quiero decirles que sin duda, donde estoy ahora estoy mejor que donde estuve. Que viví la vida con amor, con emoción, con pasión (a veces quizá con demasiada) y con temor y amor a Dios. Quiero que sepan que los llevaré a todos en mis oraciones, y que aunque sé que mi falta les duele, el consuelo de saber que estamos unidos por medio de un único y mismo Dios debería bastar para reconforarlos. Que la comunión de los santos en la cual creemos no son simples palabras, sino que así funciona la eternidad. Y que, por sobre todas las cosas, el amor nunca terminará. Por lo tanto sean valientes y sigan viviendo que aunque no físicamente, yo también los acompañaré junto con el Señor hasta el fin de sus días.


Sonrían, porque a pesar de la tristeza que pueda embargarles mi falta, en mi vida terrena siempre traté de hacer sonreír a la gente. Creo que lo mejor que podemos hacer, mientras tenemos tiempo, es dar felicidad. La sonrisa es la muestra inequívoca de un corazón que tiene amor, y sin amor la vida se vuelve vacía, porque al final, el amor fue nuestro comienzo y será nuestro destino”.

Termino con una canción de Martín Valverde que creo que engloba todo este tema y la cual invito a ustedes a escucharla. Se llama: "No se han ido del todo" y creo que es muy apropiada para concluir este comentario.

Saludos. Pablo.



jueves, 22 de agosto de 2013

Esta es mi fe; 15 años de Dios en mi vida

Voy a contarles una historia, LA historia, MI historia. Quizá no lo hice antes porque no quería estropearla, porque no tenía aún la madurez para pasarla en palabras. Es la razón que justifica el motivo que me hace creer, esperar y amar. La explicación de estar tan agradecido con Dios, que como dice el salmo: “Me sacó de la fosa fatal”. Esta, señoras y señores, es la narración de un camino lleno de piedras, de un valle que casi llega a ser de muerte, de un abrazo, lágrimas y una conversación que lo cambiaron todo... Esta es la historia de mi Encuentro Personal con Cristo (EPC).

Antes de entrar en materia quiero hacer una aclaración. Lo que usted leerá (si se atreve) a continuación no es ni dogma de la Iglesia, ni ha sido comprobado por científicos, ni tampoco ha sido estudiado por psicólogos, psiquiatras o físicos cuánticos. Se trata siemplemente de mi relato, de algo que viví y que, 15 años después (la mitad de mi edad actual) quiero compartírselos. Aquí no se trata de buscar una explicación (ya desistí de encontrarla), se trata, simplemente, de dar a conocer la razón por la que me siento tan agradecido con Dios, con quien tengo razones de sobra para amarlo y sentirme amado, aunque aveces la vida no “me la ponga” tan fácil.

Comenzando por el principio, acepto que provengo de dos familias muy católicas, y más allá de ir a misa los domingos, muy practicantes de la esencia del cristianismo: mis tías Mora de Turrialba, tan dedicadas a Dios como les es posible, me regalaron varios de los conocimientos que tengo desde niño sobre la fe. Los Vargas, por su parte, con la alegría que les caracteriza, me mostraron un Dios que no tiene por qué ser aburrido. Sin embargo, y como ya verán, faltaba algo: la experiencia del amor más grande que uno pueda imaginarse.

“Curiosamente” desde pequeño fui víctima en varios momentos de mi vida que estuvieron llenos de burlas y discriminaciones... eso que ahora llaman muy gringamente “bullying”. Para ser exactos, mi infancia fue particularmente triste en primer, cuarto, quinto y sexto grado. Mis compañeros, posiblemente sin proponérselo conscientemente, hacían mofa de mi gordura (era una bolita con patas en aquel tiempo) y de mi tal vez excesiva blancura de piel (eso nunca se me quitó ni se me va a quitar...). Por lo tanto apodos iban y venían, incluso canciones de mofa y otras cosas que un niño en pleno desarrollo no agradece para su autoestima. Esto, tengo que aclarar, lo digo porque definitivamente me marcó negativamente en mi amor propio y abrió una herida que se hizo más y más grande con el pasar del tiempo.

Importante destacar aquí que cuando estaba pequeño ODIABA ir a misa en Turrialba, donde viví hasta mis 13 años. Realmente me daba una pereza inigualable, motivada además por lo aburridos que eran los padres y sus homilías. Tanto así, que llegué a detestar los domingos solo por el hecho de tener que estar en misa de 6, con el “combo” de “ir a hacer” que rezaba el rosario donde mi familia paterna. Para mí era lo más cercano a la obligación de vivir la fe de una forma monótona que en lugar de acercarme, más bien me alejaba. Tal vez lo único que me gustaba era la Semana Santa, por su teatro más que por lo que celebraba.

Cuando mi familia decidió mudarse de Turrialba para Alajuela (donde dejé mi ombligo), un 29 de diciembre del 96, yo acababa de tener por fin un grupo agradable (el de sétimo del cole) y aunque me dolió dejar a mis amigos, supuse que el cambio de ciudad también serviría para dejar atrás todos aquellos malos recuerdos. Error. Solo empeorarían...

Llegando a Alajuela e ingresando a octavo, entré con un grupo de compañeros, que, digamos, no hacían mucha gala de ser muy maduros (bueno, qué se le puede pedir a un grupo de mocosos de 14 años...). El ser nuevo no jugó a mi favor y más bien empecé a sentirme “apartado” por mucha gente de mi sección. Tenía un par de compas y listo. Las burlas volvieron, tal vez por envidias académicas, como ocurrió en la escuela y eso dolía y más aún en plena adolescencia.

Llegó el año 98 y quiso “el destino” que me cambiaran de sección. Al principio pensé en quedarme en el antiguo grupo, pero “algo” me motivó a ver qué pasaba con compañeros nuevos. La nueva sección se veía mucho más unida que la que acababa de dejar y prometía ser lo que andaba buscando.

Al mismo tiempo y como dicta la costumbre católica, empecé mis catequesis de Confirmación en La Agonía de Alajuela, esa iglesia que hasta ese momento admiraba por dos cosas básicas: su belleza de arquitectura y que los curas lograban que no me durmiera en misa. Una vez adentro, una de mis compañeritas de Confirmación me cautivó... me enamoró y me hizo suspirar. Nunca supe si era correspondido o no, lo cierto del caso es que ella, sin saberlo, jugaría un papel también muy importante. Ah, y también estaba mi catequista, una tal Martha Rojas, una señora muy buena pero que era capaz de aburrirme rápidamente en las clases... luego verán la sorpresa que ella me dió.

Volvemos al colegio. Mis compañeros, que prometían ser amistosos, desde el principio no lo fueron. Recuerdo que una vez me dijeron, sin que yo entendiera los motivos, que era muy “rajón” (y nunca me dieron ejemplos para justificarlo). Entonces, me uní al grupo de los “pintillas” quienes me recibieron con los brazos abiertos... aunque fuera para ser su bufón.

Rápidamente, mi nuevo grupo de “compas” me demostraron que me querían más para que les hiciera favores como dejarlos copiar mis exámenes o tareas, que por un interés de amistad sincero. Igual no tenía mucha opción: era o estar con ellos o estar solo. Y como estar solo cuando tenés 15 años y vas al “cole” es casi una maldición social, tomé encima los riesgos y maltratos y decidí irme por la primera opción. Yo les servía de motivo de risa, de burla. Quizá porque siempre fui muy inocente, porque en serio siempre pretendí, simplemente, llevarme bien con la gente y porque, en el fondo, me creía todas sus burlas y ofensas. Las heridas las arrastraba desde pequeño y ahí simplemente se agrandaron.

Así viví los primeros seis meses de aquel año. Mi única ilusión real era la chiquilla de los sábados en la tarde. Ella era quien me ponía contento, ilusionado... el resto iba cada vez peor. Lo “mejor” era que me daba razones como para creer, tal vez más en mi mente que en los hechos, que sí había algún tipo de correspondencia o al menos de interés. Nunca lo supe y moriré sin saberlo.

Por ahí como de julio, se hizo en mi colegio algo que ya era como tradición: la venta de globos de colores con una tarjetita de dedicatoria. Me explico: el rojo era de amor, el rosado para alguien que a uno le gustaba, el blanco de amistad... y el negro de odio. Siempre me preguntaba quién sería capaz de regalar una bomba negra a otra persona. Me parecía cruel. Pues bien, un buen día estando en clase de español llegó una muchacha a repartir los globos... habían un par de rojos, un poco de rosados y... uno negro. Se repartieron todos y el negro quedó para el final. “Pablo Mora” dijo ella... el que faltaba era para mí... una bomba negra para mí. Cuando ví la tarjeta para ver quién me lo mandaba, decía “de sus compañeros de sección”. Me negaba a creer que en serio fueran capaces todos de algo así. Pero tuve que pasar por la humillación de recogerlo en frente de todos. Cuando me senté en el pupitre de nuevo uno de los de mi pandilla me dijo “mae no haga caso, son un montón de idiotas”, aunque él mismo me hacía sentir a mí como un idiota.

En las siguientes semanas empecé a alejarme de todo el mundo. Empecé a deprimirme. Había hecho desde antes muchos esfuerzos por ser aceptado, al punto de adelgazar dejando de desayunar y quedar todo “jalado”, pero nada funcionaba. La tristeza se me notaba porque mis papás se comenzaron a preocupar. Y en todo esto ¿Dios? Ocupado con otros asuntos, gracias. La única figura celestial que sentía medio cercana era la Virgen, tal vez por su figura materna, pero nada más.

Realmente me sentía solo, muy solo. La soledad nunca me ha incomodado y más bien ha solido ser buena compañera para reflexionar, pero ese sentimiento que tenía por esas fechas era soledad mezclada con pésima autoestima, sumada a rechazo social... a sentirme una mierda y menos que eso.

Una mañana recuerdo que llegué al colegio y el mae que era “más cercano” a mí me dio una broma que yo no agradecí y eso me costó un fuerte golpe en el hombro. El dolor del golpe fue nada a la par de la tristeza que me produjo. Fue como sentir que nisiquiera la persona que se decía “mi mejor amigo”, a quien tanto le había explicado materia o estudiado junto a él, me apreciaba, nisiquiera por eso...

Llegó el 15 de agosto, un sábado. Y aquí, gente, es cuando todo empieza. Ese Día de la Madre mi mamá me trató de convencer, sin éxito y hasta el cansancio, de ir a la tradicional fiesta familiar. Una tía llegó después y tampoco lo logró. Yo estaba demasiado triste, demasiado sin esperanza y sin razón de vivir como para hacer la pantomima al frente de toda mi familia de que todo estaba bien. Recuerdo perfectamente estar en el patio de la casa, intentando hacer unos problemas de mate, cuando mis ojos se llenaron de lágrimas. Lloré desconsoladamente sobre el libro. Me sentía mal, como nunca de mal, triste, vacío, en un hueco sin luz ni salida, lejos de cualquier tipo de cariño a pesar de que mi familia se preocupaba, pero eso no me bastaba. Lloraba y lloraba porque en serio me sentía tonto, feo, incapaz de merecer cualquier tipo de reconociento de amor.

Cuando paré un poco de llorar, fui al baño de mis papás a secarme las lágrimas. De camino, en la mesita de noche estaba un cuadro de un “Señor confío en Tí” con un Jesús que siempre ve a los ojos. Yo, al mirarlo, sentí la cólera más grande que nunca sentí... y empecé a insultarlo (luego me daría cuenta que estaba haciendo también la oración más sincera que nunca hice). Le dije cosas “suavecitas” como “Vos sos una mierda, su amor no existe, si realmente existiera yo no estaría así. Usted es un engaño, una falacia, una mentira, usted realmente no existe y su amor tampoco!!! Todo lo que me han dicho siempre sobre usted, su amor y su bondad es pura basura”... en fin, todo lo que mi tristeza y mi ira podían inspirarme. Seguí, me senté sobre la tapa de la taza del inodoro y otra vez volví a llorar amargamente. En ese momento me acordé que sabía perfectamente dónde estaban las pastillas en mi casa. Sí, en ese momento pensé en que lo mejor sería suicidarme y acabar con todo de una vez por todas. Pero “algo” pasó, tal vez el miedo, pero en todo caso Dios, que me desmotivó a ir a buscarlas. Siempre he logrado lo que me propongo con todas mis ganas y si hubiera procedido estoy seguro que hubiera conseguido una buena intoxicación que tal vez me hubiera llevado a la muerte.

Todo lo que recuerdo después es muy oscuro. Al final terminé yendo a la fiesta del Día de la Madre, todo para ir a llorar y para terminar de entristecer más a mi familia, y preocuparla. Pasó ese día...

Esa semana fui oficialmente ateo. Fui al colegio estrictamente a oir las clases y las únicas veces que hablaba era para hacer preguntas a los profesores. Pasaba solo en los recreos, alejados de todos y de todo. No quería saber nada de nadie más. Volvía a mi casa, casi no comía y cuando llegaba me encerraba en el cuarto sin tener tampoco contacto con mis papás o hermanos. Como ven, diagnóstico: depresión severa. Si mal no recuerdo esa misma semana habían exámenes. Ya se imaginarán cómo fui a hacerlos...

Por fin llegó el viernes 21 de agosto... que fue lo más parecido al inicio de mi Triduo Pascual personal y tuvo connotación de Viernes Santo. El día en que nos íbamos para un dichoso retiro que era requisito para confirmarse. ¡Qué remedio! Al menos saldría un rato de aquella realidad tan horrible. Para ese momento mi única esperanza, lo único que le daba sentido a seguir viviendo era la chiquilla que tanto me gustaba de la Confirmación y la esperanza de que, tal vez, podría lograr algo con ella en ese fin de semana. Cuando llegué del cole al bus que nos llevaría al antiguo Colegio Saint Claire (ahora U Católica, en Moravia), le pedí a mi “compa” más cercano de la confirma que se sentara a la par mía pero que cuando la viera “a ella” se fuera. Así lo hizo, solo que “ella” se sentó justo atrás... con otro compañero que tenía como 5 años más que yo y que hasta ese momento me caía bastante mal.

Lo que pasó en el viaje desde La Agonía hasta el lugar del retiro fue lo más parecido a una broma macabra. El chofer se perdió en el camino y la tarde se hizo noche. Y desde los asientos detrás de mí se empezaron a oir risitas y sonidos de besos... sobraba decir que yo me sentía verdaderamente mal, ya sin ganas de nada, solo de llorar y de terminar esto cuanto antes. Al llegar al Saint Claire yo solo quería que se acabara “esa estupidez” llamada retiro y que pudiera devolverme a mi casa, ahora sí, a matarme. Estaba clarísimo que oficialmente mi existencia no tenía razón de ser. Me sentía engañado por mí mismo, humillado por mi propia estupidez y en el fondo de un pozo muy profundo del que ya no iba a poder salir más.

Recuerdo que ese viernes nos recibieron con un montón de globos rojos pegados en las paredes y cada uno tenía una cita bíblica para nosotros y que, redactando estas líneas, me acabo de dar cuenta que perdí... pero decía algo así como que “Yo te tengo en mis manos”. Ni le puse atención, no estaba para “panderetadas” y lo guardé en la bolsa del pantalón. Terminó ese trágico día y vendría EL 22 de agosto.

Era sábado en la mañana. Llamé a mi casa (cosa en teoría prohibida) para hacerle saber a mi mamá cuánto quería salir de ahí. A la pobre aquello por supuesto que la desanimó, porque estaba haciendo mucha oración por mí como para darse cuenta que no estaba funcionando. Por otra parte, no era nada lindo ver a la chiquilla que tanto me había hecho suspirar, para arriba y para abajo con su nuevo amiguito. Y aunque yo trataba de aparentar que estaba bien, pues por dentro iba la procesión.

El retiro (para los que ya han estado en uno) era kerigmático y hecho por la Renovación Carismática, de la cual no sabía nada hasta ese momento. Hay una secuencia temática que sigue, algo así como el pecado, el perdón, la reconciliación, el amor de Dios etc. En la tarde, un padre, para mí un santo, llamado Rodrigo y redentorista de mi parroquia, fue a darnos una charla del perdón, bonita sí, pero para mí hasta ahí. Cuando me dí cuenta, otra de mis compañeras de grupo de Confirmación estaba llorando sobre mi hombro. Alguna cosa para motivarla le habré dicho en ese momento (sí, el diablo vendiendo escapularios) y como que "le llegó". Me abrazó y me agradeció por hacerle entender que ella era más que el problema por el que estaba pasando. Eso me sorprendió porque fue como descubrir que yo todavía servía para algo. En fin... una pausa en la caída.

Y cayó el atardecer de ese 22 de agosto de 1998. Recuerdo que en las charlas solo estaba callado, ni prestando atención a lo que decían quienes estaban encargados de los temas. En ese momento un señor de colochos, flaco y alto, estaba hablando de la reconciliación. Empezó a lo que los carismáticos llaman “hablar en lenguas” (en lo cual personalmente creo aunque también pienso que algunos lo payasean al punto de quitarle su verdadera profundidad). En medio de todo, él nos invitó a que nos diéramos un abrazo de paz, como se hace en las misas. Así lo hicimos mis compañeros y yo, que estábamos sentados en la misma banca. En eso, una compañera tuvo la feliz idea de decir “ey vamos a darle la paz a doña Martha (la catequista)”.

Fuimos, doña Martha estaba atrás del gran salón. Serían como las 6 de la tarde. Para mi sorpresa, las primeras compañeras que daban el abrazo de paz a doña Martha hablaban con ella y lloraban como desconsoladas. Eso me pareció MUY raro aunque supuse que algún problema tendrían y que ella les decía algo para consolarlas....

En fin, llegó mi turno. Y lo que pasó se los cuento tal y como lo recuerdo. Yo nada más dije: "La paz doña Mar..." y no pude terminar. Doña Martha me abrazó y me dijo “Pablito, Dios te ama, a Él no le importa que seas flaco, blanco, con el pelo hecho un desastre, no le importa lo que otros hayan dicho, eres valioso para Él”. Al mismo tiempo que ella me decía todo eso, yo empecé a llorar mucho, tanto como jamás lo había hecho... pero lo raro es que no era un llanto de tristeza, sino de alegría. Y a la vez, sentía como un amor (EL AMOR) que me llenaba el alma. Y en medio de la felicidad incomparable que sentía, de aquél éxtasis, yo no entendía un carajo qué ocurría. Era como si me hubieran dado un shock pero de amor, de cariño, de comprensión, ese abrazo que tanto había buscado. Cuánto tiempo duró aquello, sería mentirles si les digo. Para mí fue como de varios minutos aunque posiblemente solo tardó unos segundos. En ese momento también se me vino a la mente el cuadro del “Señor confío en Tí” con el que me había peleado exactamente una semana atrás... y aún seguía sin comprender.

Cuando por fin solté a doña Martha mi mente solo daba tumbos. Me pregunté a mí mismo cómo era posible que esa señora, esa catequista, que me aburría sábado a sábado, por buena gente que fuera supiera todas esas cosas de mí, conociera todos mis complejos y mi falta de autoestima, cosas que ni mis papás sabían. Y ¿qué era aquél sentimiento de alegría y amor que percibía? No entendía. Y justo en ese momento sentí una voz no física que me dijo en mi alma “Pablo, el que te habló no fue Martha... fui YO”. No les miento, juro que ese YO lo ví en mayúsculas, negrita y subrayado. ¡No podía creer que fuera el mismo Dios el que había hecho todo eso! ¡Dios me había respondido! Y ahí volví a llorar, de nuevo de la alegría. No tuve chance de sentirme indigno No me dejó pedirle perdón por lo dicho. Simplemente me dio su amor.

Fue entonces cuando me hizo entender muchas cosas: por qué la gente lo alababa o lo adoraba, que era por agradecimiento a Su amor. Sacó de mí muchas tonteras que la Nueva Era me había metido en la cabeza (estuve muy interesado en ese tema al empezar mi adolescencia) y en fin, me seguía hablando al corazón, diciéndome lo importante que yo era y que de ahora en adelante todo sería diferente. Todo eso pasaba mientras la charla continuaba, pero yo solo recuerdo estar viendo el piso, sentado en la banca, sin decir nada y todavía lagrimeando. Había tenido un Encuentro Personal con Cristo.

Varias cosas me sorprendieron instantáneamente: primero, que Dios SIEMPRE estuvo ahí. Segundo, que NUNCA me abandonó. Tercero, que Dios está mucho más cerca y dispuesto de lo que uno cree, que es cuestión de llamarlo y Él responde (cosa que desgraciadamente tiendo a olvidar). Además me dejó perplejo lo misericordioso que es, que está ahí, simplemente, esperando para amarnos y perdonarnos sin darnos tiempo.

Cuando pasó ese rato tocó ir a la cena. Había perdido el equilibrio y no podía caminar sin la ayuda de mis compañeros. No tengo motivos para exagerar esto, así ocurrió. Me da risa acordarme de verme enrollar los macarrones. La mano me temblaba. Pero no me importaba, porque una alegría, una felicidad, un amor que no se apagaba había llegado y se quedaría ahí por muchas semanas más.

Lo que terminó de pasar esa noche ya va más en lo anecdótico. Hubo una oración llamada “de sanación” en la que doña Martha (ahora pasada a ser una especie de Mujer Maravilla) decía “El Señor está curando a fulanita de tal de una herida porque su mamá quiso abortarla de bebé” y la chavala que estaba detrás mío rompía a llorar y a gritar. O si no, “Dios está curando de la drogadicción a fulanito de tal” y por allá alguien también sacaba el violín. Esa noche me dí cuenta de las cosas enormes que Dios puede hacer cuando el ser humano le abre el corazón. Y ¿cómo no? Yo era el vivo ejemplo.

Aquella noche fue LA fiesta. Dimos “serenata” a nuestras compañeras, corríamos sin camisa por todo el Saint Claire, nos reíamos y para mí era evidente que yo no era el único que había tenido una experiencia espiritual única. Ya para mí no era problema exhibir mi blancura o flacura... daba igual, Dios me amaba. Y desde entonces, ese pasó a ser mi mejor antídoto para hacerme inmune a las burlas, chotas o críticas.

El domingo fue un día full Espíritu Santo, lo cual además coincidía con el año 98, dedicado a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Recuerdo que la mañana de ese día, de ese 23 de agosto, nos levantaron temprano y nos mandaron a hacer oración en el bosque que tenía el Saint Claire. La mañana de aquél día había comenzado y el sol que había, rodeado de una espesa neblina, me decía que ya mi vida no sería igual, que todo había cambiado, que todo era nuevo. Yo feliz de tener mi nuevo Amigo, el que nunca me iba a fallar ni a dejar.

Ese domingo fue más que bueno, fue excelente. Era mi Pascua personal, con Vigilia de Resurrección incluida. Reí, jugué, gocé, saqué el jugo de las charlas como nunca, me sentía nuevo, diferente, especial. Cantábamos en el bus de vuelta a Alajuela y creo que todos estábamos en la misma sintonía. El “pandereta” que tanto había criticado antes ahora era yo. Y al llegar a mi hermosa Agonía puedo decirles que nunca vi ese templo tan lindo. aunque estoy seguro que solo tenía unos cuantos arreglos florales, pero para mí era como si hubieran gastado una millonada en arreglarla, porque se veía preciosa. Con solo entrar, otra vez las lágrimas de alegría. Después mi mamá me contó que, al verme llorar a la entrada de la misa de recibimiento, ella se asustó mucho porque pensó que el retiro “no había funcionado”. Mi tío, que estaba a la par de ella, le dijo “no se asuste, a ese mae Alguien le pegó un mazazo”. Y así había sido.

Nunca le puse ni le saqué tanto provecho a una misa como a ESA misa. La homilía del padre simplemente era fenomenal y todo, todo para mí tenía un nuevo sentido y razón de ser. Es muy diferente cuando uno va a misa entendiendo en su corazón lo maravilloso que es Dios y el significado tan genial de cada una de sus partes. Sobra decir que al llegar a mi casa le conté todo a mi familia. No sé si me creyeron o no, pero estaban muy contentos de verme de nuevo contento.

Al día siguiente supongo que mis compañeros de sección estaban asustados o extrañados de ver al Pablo que llegaba. Feliz, sonriente, seguro de sí mismo, ya sin importarle lo que pensaran o no. Había una verdad que nadie me iba a arrebatar: Dios me amaba así como yo era, y por otra parte, no necesitaba de la aprobación de nadie más que de Él. Si el que creó el cielo y la tierra me chineaba tanto, ¿por qué me iba a preocupar de lo que los otros creyeran de mí? Solo recuerdo que dos compañeras, que sí estaban en esto, me regalaron una frase de San Pablo que desde entonces tomé como escudo y camino “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”. Ejemplificaba demasiado bien lo que estaba viviendo.

No les miento cuando digo que aquella alegría en mi corazón me duró como mes y medio. Me levantaba y ahí estaba, me acostaba y ahí seguía. Tan “serio” fue el asunto que tuve que pedirle a Dios que !me dejara en paz” un rato con su alegría porque si no, no iba a poder estudiar para los exámenes de noveno año. Pero eso sí, que volviera luego. Cumplió a medias.

Par de meses después me acordé que no había visto cuál fue el día exacto de mi Encuentro Personal con Cristo. Revisando los papeles que me escribieron mis compañeros de Confirmación me dí cuenta que fue el 22 de agosto. Y cuando quise saber a qué “santo” tenía que agradecerle su intercesión ese día, la respuesta fue tan obvia como sorprendente: el 22 de agosto es día de María Reina. Era obvio que la Madre, a quien tanto había recurrido sintiéndome lejos, había hecho “su trabajo” para acercarme a Jesús, como en las bodas de Canaan.

Y cuando aquella "contentera" pasó, que yo tenía muy claro que iba a pasar, todo lo que quedó en mí fue un “esto no puede quedarse aquí” y comenzó el largo camino de seguir a Cristo, de luchar la batalla y correr la carrera de San Pablo. Aprendí que mis amigos más amigos los haría en la parroquia, porque ellos también vivieron algo parecido a lo que yo viví. Son mis compañeros de batalla, y aunque muchos de ellos no estén ya ahí, estoy seguro que la espina seguirá metida.

Fui catequista al año siguiente, porque me urgía que la gente tuviera la misma oportunidad de conocer el amor de Dios como yo la tuve. Luego, para el año 2000 empecé con la Pastoral Juvenil y viví intensamente mis años de adolescencia y juventud, en una fiesta diferente a la que muchos escogen, pero siendo simplemente feliz.

Para terminar este relato, el más largo que he escrito para mi blog, quiero simplemente hacerles saber un par de cosas: número uno, que me encantaría que la gente supiera que “Dios te ama” es más que una frase pandereta escrita en un bus viejo. Que Él está ahí, solo esperando a que abramos el corazón. Que si nos pasan cosas negativas no es porque a Dios no le importemos, sino porque tienen una razón de ser en medio de nuestra vida. Que el amor de Dios no es una teoría, no es un curso que se pueda llevar y pasar, es una experiencia de un ser vivo, que nos depasa y nos rebasa, y que sin embargo, es mucho más simple de lo que podríamos imaginar.

Es por eso que no creo en la gente que ve al cristianismo como una religión de gente perfecta o correcta, restringida solo aquellos llamados “justos”. Tampoco creo en la exclusión porque tengo claro que Dios no excluye, Él se limita a amarnos a todos por igual, porque todos somos Sus Hijos. No conozco otro Dios que no sea ese, y si no lo conozco es porque no existe otro Dios que no sea el Amor mismo.

Lamento si todo esto les ha parecido muy “cursi”, pero la dualidad Dios = Amor es así. Dicen los filósofos que las verdades absolutas no existen, pero yo les puedo garantizar que el amor de Dios es una verdad que está ahí. Lo podés cuestionar, podés dudar de Él, podés incluso negarlo... que su amor para vos permanece. Es un amor loco, totalmente diferente al amor humano, porque no espera nada, no es egoísta ni busca su propio beneficio, como decia de nuevo mi Tocayo el grande en la primera carta a los Corintios.

Si Dios esperara a que diéramos el primer paso para amarnos estaríamos seriamente perdidos. Dios ama porque, como dice Martín Valverde, le da la gana amar. Y si a todo esto le buscás explicación, pues vas a perder el tiempo, porque tratar de entender el amor de Dios es tratar de entender a Dios mismo, lo cual es humanamente imposible y tal vez lo logremos cuando lo tengamos frente a frente, luego de esta vida física.

Si lo has vivido, me entenderás. Si no lo has vivido pero creés, el simple “secreto” es abrir el corazón. Si no creés en nada pero llegaste hasta aquí leyendo, felicidades, ¡qué aguante! Y da igual, ojalá te haya servido para reflexionar.

Esta es mi fe, una fe que me invita a no quedarme nada más en lo espiritual. Tengo muy claro que Dios quiere justicia aquí en la tierra, que quiere una Iglesia renovada, “pobre para los pobres” como diría el amadísimo papa Francisco. Una Iglesia que predique con el ejemplo y luego con la palabra, que sea misericordiosa, como espejo del Dios que dice servir. La construcción del Reino de Dios es mi tarea y eso pasa por la ardua labor de evangelizar a con un Dios cercano, simple, que escucha y que es capaz de perdonar la peor estupidez que hayamos cometido.


15 años ya desde aquel 22 de agosto y contando. Y aunque el recuerdo se va haciendo más y más viejo, sigue ahí tan vigente como para alimentar mi vida y mis ilusiones. Dios me puso a soñar, me llevó a Francia, me trajo de allá y no tengo muy claro qué pretende hacer con mi vida. Solo sé que estoy en sus manos y que no puedo pensar en un lugar mejor para mí.

Para no perder la costumbre, les dejo la canción que mejor relata cómo es ese momento del EPC. El cantante es Daniel Poli y la pieza se llama "Cuando uno se encuentra con Dios". Qué nombre tan apropiado ¿no?




viernes, 28 de junio de 2013

¡Doña Laura, por favor, no me demande!

La verdad es que no tenía pensado volver a escribir nada sobre este desgobierno hasta mayo del otro año, porque la verdad, les confieso, qué pereza llover sobre mojado... Y aunque mi blog es un excelente medio para hacer catarsis, lo cierto es que ya este gobierno “agüeva” y creo que no soy el único costarricense que lo piensa. Pero el tema de vigilar las redes sociales para cuidar que a Laura nadie le diga nada feo, pues se ganó una breve reflexión...

A sabiendas de que este post podría bien ser el primero por el que resulte objeto este servidor y periodista de una demanda por injurias, calumnias y difamación, debido a que sin duda lo leerá y analizará el abogado (o Big Brother) de las redes sociales e internet que vigila que nadie hable feillo de la presidenta en redes sociales e Internet, me soltaré a decir una serie de situaciones insulsas a juicio mío (para decirlo bonito digámosle “anomalías” y tal vez la plata que tenga que pagar será menor) que el gobierno de la presidenta Laura Chinchilla Miranda (pa' que quede claro de cuál “Laura” hablo) ha tenido en su relación con el pueblo.

Esta semana la presidenta ha hecho gala de cómo se debe tratar al pueblo (inserten ustedes el sarcasmo): primero se ningunea una marcha, luego se dice que llegaron cuatro gatos. Después, para distraer la atención de la opinión pública, se demanda a un ciudadano por supuestas injurias que deberán ser dirimidas de cuán falsas son en una sala de juicio. Finalmente, se amenaza al pueblo de no decir nada que pueda lesionar la imagen de la “presi” (como si ella no hiciera bien ese trabajo solita) porque si no, o va uno para el “tabo” o le “apean” una buena cantidad de “harina”.

Supongo que el abogado presidencial (el que bretea para doña Laura a título personal, ojo) ya tendrá una buena lista de personas a quién sacarle plata. Empezando por Yaco y su “ofensiva” canción de “La Mordaza”, siguiendo por ese “insoportable” de Hernán Jiménez que ha hecho millones de colones a costa de las burlas y chistes contra la pobrecita de “la presi” en sus stand up comedy (ambos videos los pongo abajo del post), sin olvidar claro al “irreverente” de Edgar Espinoza y su columna sobre la sospechosa relación entre el“Hada Laurina” y René Castro... y ya después la lista puede seguir con todos los que en algún momento hemos “basureado” la imagen de quien equivocadamente el pueblo eligió para llevar las riendas de este alicaído país en febrero del 2010.

Ahora bien, la pregunta que todos nos hacemos. Para ser agresor de la presidenta ¿bastará con referirse a ella como “Lau”, “Laurita”, “Doña Laura”, “Laura”, “Laura Chinchilla”, “Laura Chinchilla Miranda”? ¿O habrá que ser más específicos y poner “Laura Chinchilla Miranda, la presidenta de Costa Rica 2010 – 2014”? Digo porque en derecho para ser culpable hay que demostrarlo y sostener que solo por que uno se “puteó” contra “X” Laura y decir que esa ofensa era contra la que gobierna puede ser bien jodido para el abogado de la mandataria.

Y ni qué decir, como leí por ahí en otro post: ¿cómo comprobará Laura que el que escribió la “injuria” fue uno? ¿Le dirán en el juicio (inserte voz de película) “estuvo usted el día 28 de junio, al ser las 11:25 de la mañana, escribiendo en su computadora, celular, tablet o cualquier otro medio digital, cosas “malas” de la primera servidora de la República”? Digo, porque probar que fue Fulanito de Tal quien escribió tal cosa debe ser más complicado que recuperar los millones que se robaron los del Banco Anglo...

Y para hacerlo más dantesco para nosotros los mortales de a pie: ¿de dónde empieza y a dónde termina una injuria? ¿Basta con decir que Laura es una mala presidenta o hace falta madrearla para ganarse el “derecho” de ser llevado a una sala de juicio? (Dichosamente, eso sí puedo rajar, no acostumbro a decir insultos contra la gente en redes sociales, así que por ese lado estoy “salvado”).

Ya poniéndonos más serios... “me encanta” la forma tan creativa que usa el gobierno más impopularde América (según el índice Mitofsky), el que menos escucha a supueblo en el continente (de acuerdo con el Barómetro de las Américas, que por cierto coordinan la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo y la Universidad de Vanderbilt) y el que cerrará como el más impopular en la historia de las encuestas de Costa Rica (como lo indican todos los sondeos que se hacen en este país) para “acercarse” y “dialogar” con el pueblo y de ahí sacar una mejor popularidad. Demandar a la gente para que no diga nada ofensivo de la presidenta es como acabar con el hambre en el mundo matando a los pobres que la sufren.

En resumen, se acabó la Ley Mordaza... pero ahora viene esta decisión que parece algo así como lo que la CIA hacía con los gringos (y con el resto de la humanidad) en Internet, solo que no necesitamos de un Snowden tico para conocerlo. La misma Laura lo reveló solita. ¡Tan buena ella!

Yo no entiendo qué clase de materia gris tendrán los asesores presidenciales, o incluso la misma presidenta, para no darse cuenta de que ya la cancha está lo suficientemente embarrialada como para ganarse más el odio popular. Si yo estuviera dentro de las cuatro paredes de Zapote y tuviera la “misión imposible” de mejorar la imagen de este gobierno, creo que me limitaría a decirle a la presidenta: “vea doña Laura, mejor bajémonos el perfil y evitemos que salga otro chorizo para que su imagen pase lo más desapercibida posible”. Ah pero no, todo lo contrario, este gobierno parece estar empecinado en llevarse el récord del más odiado por el pueblo tal vez desde la dictadura de los Tinoco... o desde el último gobernador español en León, Nicaragua, allá por 1820.

En serio: ¿Qué pretende doña Laura amenazándonos? ¿No será mejor, simplemente, que cumpla aunque sea al final con su lema de campaña y por alguna vez como presidenta sea “firme y honesta” y haga la de las vacas, pero al revés? La falta de raciocinio y de sentido común que hay entre quienes nos gobiernan parece ser TAN grande que ya ni se preocupan por dejar una buena imagen en los gobernados.

El divorcio existente entre la opinión pública y la presidenta no da más. Este será posiblemente el gobierno que ha tenido más manifestaciones sociales en su contra, desde que el Estado de La Nación hace esa medición, me decía ayer Steffan Gómez, investigador de ese estudio, en el programa Somos SuPueblo de Radio María Internacional que este servidor tiene todos los jueves de 5 a 6 p.m. Al gobierno simplemente no le da la gana oir. Se pasa los argumentos de sus adversores ustedes ya saben por dónde y así ha creado el mayor rechazo que este país recuerde de un presidente (porque a Abelito, aunque ralito como presidente, en el fondo nos hacía gracia a todos con sus salidas de “abuelo”... ¿cierto o no?).

Gobernar este país no debe ser fácil, me decía Steffan. Cierto, no lo dudo. Pero además si uno se echa encima al pueblo con su falta de transparencia, de firmeza y de inoperancia (por no hablar del montón de casos de corrupción que la presidenta “no sabía” y que se gestaron al rededor de ella), pues no dudo que la tarea deba ser imposible.

No señor abogado, por favor no me demande. Dígale a doña Laura que aquí hay un ciudadano que no hace más que reclamarle a la presidenta que haga bien su trabajo y que no pierda tiempo, como chiquilla chineada de escuela, “agarrándose de las mechas” contra los compañeritos que “no le caen bien”. Sería más productivo para todos que ella se dedique a hacer su trabajo, sin distraerse en buscar a quién “se apea”.

Para terminar, lástima que la mayoría de la gente (al menos católica) no sabe lo que dice la Doctrina Social de la Iglesia en el número 406 que copio a continuación: “La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”. En todo caso, ya nos agarró tarde para hacer lo último.

Sin más qué decir, creo que, en el fondo, la presidenta y yo estamos de acuerdo con algo: ojalá que el jueves 8 de mayo del 2014 llegue YA. Aunque, sospecho tristemente, que no será para otra cosa que para repetir, cuatro años más, la misma historia.

Les dejo los videos de Hernán Jiménez y de Yaco, que son de mis favoritos: